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Por la boca muere el pez (a propósito de la compulsión mediática de algunos políticos)

por 24 septiembre, 2011

¿Qué lleva a un animal político como Zalaquett, en menos de 24 horas, a practicar un intento de suicidio mediático? ¿Será que su compulsión mediática se agudiza por las movilizaciones, traicionando su propia figuración pública?
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Las jornadas de movilizaciones no solo traen con ellas el color del carnaval ciudadano, la okupación del espacio público y el germen de una revolución simbólica. También visibilizan la compulsión mediática de algunas de nuestras figuras públicas, aportando lo sabroso de una serie de opiniones, declaraciones e intercambios entre personas que encarnan posiciones sociales diferentes y en desigual condición frente al juicio público.

La política es una de las actividades en las que sus declaraciones están frente al ojo del observador de manera más inquisitiva. Hemos sido testigos en los últimos dos años de una serie de casos dignos de destacar en nuestra política, como olvidar el reguleque de la ex –directora de Junji, el marepoto en nuestras costas del Presidente o la reciente invención de Michelle Piñera por una ministra. Dicho tipo de errores no son propios de este gobierno, sino que ocurren bastante seguido en la política y más allá de ella. Sin embargo, es necesario distinguir entre aquellos casos que son errores de otras declaraciones que no pueden reducirse a meras equivocaciones involuntarias. Declaraciones cuyos alcances nos permitirían hablar  de verdaderos intentos de “suicidios mediáticos”, que no requieren de la acción de otros para adquirir una connotación adversa y no de “asesinatos mediáticos de la imagen pública”, como se hizo tiempo atrás.

El caso del sr. Pablo Zalaquett, Alcalde de Santiago, es ejemplar. En menos de 24 horas, el Alcalde expresó tres opiniones en medios distintos, sobre la jornada de movilización nacional del 30 de Junio pasado, que requieren de nuestra atención.

¿Qué lleva a un animal político como Zalaquett, en menos de 24 horas, a practicar un intento de suicidio mediático? ¿Será que su compulsión mediática se agudiza por las movilizaciones, traicionando su propia figuración pública?

El jueves 30 declaró, en una radio nacional a tempranas horas de la mañana , que “el ministro Lavín ha hecho en un año y medio mucho más que en 20 años de Concertación”. Opinión más que cuestionable y que no soporta la prueba de la blancura. Más tarde, posterior a la marcha del jueves que convocó a más de cien mil personas, apoyó en un periódico nacional las declaraciones del ministerio del interior, respecto a que las movilizaciones ciudadanas fomentan la delincuencia. Otra vez, opinión que no soporta ningún cuestionamiento o solicitud de sus respectivas pruebas. Por último, avanzada la tarde, formuló a varios medios nacionales una exigencia al gobierno francamente retrograda: “Exijo públicamente que se prohíba marchar por la Alameda”. Más allá de lo sensata que puede parecer para algunos/as la exigencia, no se condice con los logros democráticos de los últimos años, menos en un marco en que la autoridad no entrega otras alternativas. El mismo Alcalde, semana tras,  rechazó el uso del parque O’Higgins para realizar actividades ciudadanas.

¿Por qué estas declaraciones del Alcalde son tan relevantes? Por la simple razón de que el sr. Zalaquett, siguiendo a Max Weber, es un político profesional: vive de y para la política. No solo eso; como lo ha demostrado a lo largo de los últimos 10 años, es simultáneamente un destacado animal político. Entonces, ¿qué lleva a un animal político como Zalaquett, en menos de 24 horas, a practicar un intento de suicidio mediático? ¿Será que su compulsión mediática se agudiza por las movilizaciones, traicionando su propia figuración pública? ¿Estará perdiendo su olfato político? ¿O es tamaño animal político que en base a su “sentido político”, puede sacar ventajas político-electorales de declaraciones triviales y qué al parecer no podrían jugarle a su favor?

Si yo fuera un animal (no alcanzo a político, por cierto), creo que en esta columna sería un gato. Tantas preguntas demuestran una curiosidad que bien podría matarme, mediáticamente, si así los/as lectores estiman adecuado.  Y el Alcalde, ¿qué tipo de animal político sería?

Deberemos esperar los próximos comicios electorales para responder y descubrir si el sr. Alcalde es un gallo de pelea, que a pesar del fragor de la batalla y de lo exigente del contrincante sale al final victorioso. O bien, es un fino pura sangre que llega primero a la meta mirando hacia atrás a sus competidores/as. O quizás la soberbia liebre que enfrenta a las lentas tortugas creyendo que conseguirá una victoria fácil, pero termina mordiendo el polvo de la derrota.

Aunque no sabemos que animal político es, ni cuál es la suerte política que lo acompañará a futuro, de todos modos y a manera de precaución, le recordamos:  ¡Por la boca murió el pez!

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