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¿Qué cambiar?

por 25 septiembre, 2011

Chile, requiere urgente un gran cambio, una gran transformación, los políticos de gobierno y oposición con distintas responsabilidades, deben estar a la altura. La desigualdad y la injusticia, no pueden seguir más.
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El malestar instalado desde hace un tiempo en la ciudadanía se va expresando cada vez con más intensidad a fuerza de movilizaciones sociales, que son la expresión de un sistema político, social y económico que está en una profunda crisis y de no mediar un cambio importante y estructural del sistema en general, a corto o mediano plazo puede sobrevenir una explosión social que aniquile incluso las bases del sistema democrático y con ello se devenga un populismo que termine por destruir lo que quede de las estructuras institucionales existentes en el país.

Por tanto, en la hora presente cuando se demanda un cambio, la pregunta es; ¿qué cambiar?, la respuesta a esta pregunta puede ser infinita; un sistema de educación de calidad y sin lucro, un nuevo sistema de representación política que termine con el binominal, un código del trabajo, la renacionalización del cobre y por qué no una descentralización efectiva; en fin una serie de demandas ciudadanas que dan cuenta que algo no huele bien en Chile.

Ahora bien, si finalmente la elite y la clase política coincidieran y consensuaran una transformación estructural, debieran apuntar a una respuesta integral, la que tendría que dirigirse al corazón del problema central de Chile; la desigualdad y la inequidad.

Chile, requiere urgente un gran cambio, una gran transformación, los políticos de gobierno y oposición con distintas responsabilidades, deben estar a la altura. La desigualdad y la injusticia, no pueden seguir más.

Nadie, puede dudar que Chile ha avanzado política, económica y socialmente los últimos años, creo que sin dogmas ello está fuera de discusión, no obstante lo anterior, se pudo avanzar mucho más si las voluntades de todos los sectores políticos se lo hubieran propuesto seriamente.

El problema fundamental que arrastra Chile, dice relación con lo mal que está repartida la torta de la riqueza. La mala distribución se ve reflejada en el coeficiente Gini que tiene nuestro país, que es de 0.5, lo que indica que nuestra nación posee la desigualdad más alta entre los países de la OCDE (en segundo lugar está México con un coeficiente de Gini de 0.48, siendo el promedio de la OCDE 0.31).

La inequidad representada por la injusticia social está expresada en todas partes, desde el centralismo exacerbado, pasando por niveles de educación brutalmente dispares, hasta la cohabitación de ghettos sociales en las ciudades. En los últimos años hemos sumado una serie de escándalos y arbitrariedades fuera de la ley que demuestran que a los poderosos no les pasa nada, la colusión de las farmacias, empresarios de la construcción inescrupulosos cuyas construcciones no resistieron el 27F, empresarios mineros que trabajan bajo los mínimos estándares de seguridad, tiendas del retail que abusan de los clientes más vulnerables socialmente, en fin la lista podría ser interminable, pero dan cuenta de los abusos de grandes corporaciones económicas por sobre los sectores vulnerables que bombardeados comunicacionalmente se vuelven en ovejas de un rebaño del consumismo. Pero estas ovejas hoy se están levantando, ya no les gusta esto como está y comienzan a exigir un nuevo trato.

Si se observa el índice de Gini, se podrá ver que los países mejor ubicados, tienen una característica común, la mayoría se rige por la economía social de mercado y posee un fuerte y eficiente Estado de bienestar, ¿por qué ir contra eso? El actual modelo de desarrollo a la chilena, está superado, necesitamos con urgencia una nueva forma de entendernos social, económica y políticamente; esto sin más rodeos se llama economía social de mercado y Estado de bienestar y políticamente se debe interpretar con un sistema parlamentario o a lo menos semipresidencial (a la francesa), un sistema donde corramos con las mismas zapatillas y no algunos lleven pies descalzos (no queremos repetir la experiencia de Abebe Bikila de las Olimpiadas de Roma en 1960).

No debemos olvidar que el sistema económico, social y político tuvo su génesis en un régimen de facto, en la dictadura de Pinochet, y por tanto carece de toda legitimidad, se podrá señalar que éste ha tenido algunos cambios, pero en su naturaleza sigue siendo un sistema que carece de la esencia del reconocimiento del soberano.

Chile, requiere urgente un gran cambio, una gran transformación, los políticos de gobierno y oposición con distintas responsabilidades, deben estar a la altura. La desigualdad y la injusticia, no pueden seguir más. Tal vez como alguien señaló por ahí, se requiere refundar Chile, no sería tan ingenuo, pero sí a lo que podemos aspirar legítimamente es a refundar un nuevo sistema social, el actual ha sido vencido, por su original esencia, la inequidad y desigualdad.

De lograr este consenso, vale la pena y la fuerza de las movilizaciones, las de ayer y las de hoy, para que se le pregunte a al pueblo chileno, si quiere una patria más justa, como hoy se escucha en las calles de Chile. El momento es ahora.

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