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¿Está seguro de que quiere educación gratuita?

por 5 octubre 2011

Cuando se habla de la productividad, se pone en números la capacidad que tiene cada chileno de producir riqueza; y si esa productividad es baja (como de hecho lo es), estamos mal. No parece justo que usted le pida al Estado de Chile los estándares que tienen Alemania o Finlandia, si el chileno promedio no trabaja como el ciudadano medio de esos países.

Quizá sería bueno -o al menos útil- que usted supiera bien lo que pide cuando dice que quiere educación universitaria gratuita. Me temo que si lo supiera, no sería tan entusiasta…

Usted piensa -hasta donde alcanzo a entender- que lo justo es que todos los chilenos hagamos una vaca (algo así como un fondo solidario) para educar a nuestros hijos. La gran pregunta, la pregunta cliché, es de dónde sale esa plata. Porque si hoy la mayoría de las familias no alcanza a pagar de modo directo la educación de los hijos, es bien complicado que haciendo un fondo común se logre recaudar lo necesario. Cuando a uno no le alcanza para algo, aunar fuerzas puede ser útil pero el adicional que se consigue con el esfuerzo común no alcanza a ser milagroso.

Mi perspicacia me induce a pensar que a mi objeción, usted dirá que el blanco de Impuestos Internos deben ser las grandes empresas, ¡los ricos! Y aunque comprenda esa tendencia suya, hay que tener presente que el equilibrio es complicado. Si usted le hace pagar a ese gremio mucho más de lo que paga hoy, esa carga impositiva se puede transformar en un desincentivo para generar riqueza y las cosas pueden quedar peor de lo que están.

Cuando se habla de la productividad, se pone en números la capacidad que tiene cada chileno de producir riqueza; y si esa productividad es baja (como de hecho lo es), estamos mal. No parece justo que usted le pida al Estado de Chile los estándares que tienen Alemania o Finlandia, si el chileno promedio no trabaja como el ciudadano medio de esos países.

No es que yo quiera proteger a los empresarios; o mejor, no es que quiera protegerlos por la razón que usted imagina. Solo hago un esfuerzo pedagógico para que usted entienda algo simple ¿Qué pasaría si usted asume el costo humano y el riesgo económico que tiene emprender, para ganar lo mismo que si pone su plata en un depósito a plazo? Me temo que se sentiría desmotivado. Quizá me equivoque y usted sea un filántropo de esos que yo no he tenido el gusto de conocer, pero suponer que abundan tipos como usted puede ser poco realista.

¿Qué quiero decir con esto? Que a fin de cuentas, lo que se puede obtener de la recaudación de todos los chilenos es lo que da la medida de la calidad de la educación que tenemos. En otras palabras y dicho de forma conciliadora: tenemos la educación que nos merecemos.

Yo sé que es duro, pero es la verdad. El estado de bienestar (educación universitaria gratuita incluida) es un sueño. Un sueño que para hacerse realidad exige hacer cambios radicales que afectan algo más sensible aún que los impuestos: a nosotros mismos.

Para empezar, obliga a cambiar nuestra cultura del trabajo. Cuando se habla de la productividad, se pone en números la capacidad que tiene cada chileno de producir riqueza; y si esa productividad es baja (como de hecho lo es), estamos mal. No parece justo que usted le pida al Estado de Chile los estándares que tienen Alemania o Finlandia, si el chileno promedio no trabaja como el ciudadano medio de esos países.

Usted no se ilusione, entonces, con la idea de que podrá haber cambios sociales si usted no se allana a empezar por sí mismo. Y no se queje si los políticos no se lo han hecho ver; mal que mal necesitan de su voto y llamarlo flojo puede no ser una buena manera de conseguirlo.

Sepa también usted que la utopía del Estado de bienestar requiere de la promoción de virtudes ¿cómo llamarlas?... ¡conservadoras! Cumplir con la palabra, pensar la vida en función de la de otros, son disposiciones necesarias para llevar a la práctica esa ilusión. Con una manga de individualistas (que es lo que somos) imposible sacar adelante un proyecto como ése.

Tenga presente también que para que el Estado de bienestar sea viable, usted tiene que ponerse a tener hijos. No es agradable decirlo, pero en 30 o 40 años más usted y yo seremos un lastre. Estaremos medio enfermos y produciendo poco ¿Quién va a solventar toda esa mochila, si los perlas ni siquiera fuimos capaces de reponernos? Y aunque los hayamos tenido ¿Quién sabe si no serán a su vez una manga de inútiles que creció bajo el amparo de la certeza de que tendrán, sin esfuerzo, todo lo que necesitan?

¿Usted quiere educación gratuita? Yo también y quizá más que usted (recuerde que tengo 9 hijos), pero olvídese de la gratuidad si hablamos de educación universitaria. Olvídelo porque no está el horno para bollos y lo peor, porque esos pobres que usted imagina quedaron fuera de carrera muchos, pero muchos años antes de entrar a la universidad.

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