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Benedicto XVI y el diálogo entre política y religión

por 7 octubre 2011

Ante la exigencia de muchos de que la religión desaparezca del espacio público, Benedicto XVI los llama a no temer al diálogo con la religión en la búsqueda de lo bueno y justo para el hombre y la humanidad.

Fuertes críticas por la prensa, amenazas de un grupo de diputados con boicotear el discurso. Cerca de 10 mil personas a las afueras del recinto con carteles que decían “Papa non grata”, “Papa Go Home”.

En ese contexto, Benedicto XVI iniciaba su discurso ante la cámara baja del parlamento alemán (Bundestag), el pasado 22 de septiembre.

Un año antes, el 17 de septiembre de 2010, el mismo Benedicto XVI, antes de iniciar su discurso frente a políticos ingleses en Westminster Hall, podía leer en el periódico “The Guardian” una declaración pública de intelectuales británicos que pedían no realizarle homenajes de Estado.

¿Qué dijo el Papa que podía generar tanta hostilidad? Tanto en Londres como en Berlín, Benedicto XVI dijo más o menos lo mismo: Cómo buscar “el lugar apropiado de las creencias religiosas en el proceso político”.

Ante la exigencia de muchos de que la religión desaparezca del espacio público, Benedicto XVI los llama a no temer al diálogo con la religión en la búsqueda de lo bueno y justo para el hombre y la humanidad.

Señalaba Benedicto XVI que cada generación tiene distintos desafíos y debe saber discernir lo que es capaz de imponer a los ciudadanos y lo que no, y preguntarse una y otra vez cuál es el criterio para determinar el bien y el mal en la cosa pública.

Un primer criterio surge del llamado “consenso social”, es decir, el argumento de la mayoría. El Papa señala que éste es sin duda un criterio útil en muchos aspectos, pero  no es un criterio suficiente para temas que digan relación con la dignidad del hombre y la humanidad. Recordando, en el propio Bundestag, que  fue la lógica de la mayoría (entre otras causas) la que permitió los horrores que vivió Alemania bajo la dictadura nazi.

En esos instantes a las afueras del Bundestag, en la Postdamer Platz, un manifestante disfrazado del Papa iba de la mano con otro disfrazado de Hitler, ante la risa y los insultos de la multitud.

Se preguntaba Benedicto XVI, ¿dónde se encuentra la fundamentación ética de las deliberaciones políticas? ¿Cómo podemos reconocer lo que es justo? ¿Cómo podemos distinguir entre el derecho verdadero y el derecho aparente?

Benedicto XVI es claro en señalar que no es el rol de la religión el entregar dichas normas y aún menos el de dar soluciones concretas. El rol de la religión -había señalado un año atrás en Westminster Hall- “consiste más bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos”.

Así, el Sumo Pontífice recalcaba la necesidad de una influencia recíproca entre razón y religión. La primera sin la segunda amenaza con atentar la dignidad del hombre; la segunda sin la primera, amenaza con convertirse en intolerante y sectaria.

Es, por tanto, “siempre necesario un diálogo continuo y profundo” entre razón y religión, por lo que esta última -señalaba- no puede quedar relegada al ámbito privado, sino que tiene un legítimo papel en la vida pública.

En este contexto, y a pesar de la ausencia de más de 100 diputados en el Bundestag por considerar que la presencia del Papa en el Congreso atentaba contra la neutralidad religiosa del Estado, Benedicto XVI -en un hecho que desconcertó a varios- elogió al movimiento ecologista (la mayoría de los diputados del Partido Verde no asistió al discurso).

Señaló el Papa que los ecologistas ven en la naturaleza algo más que simple funcionalidad. Los ecologistas le reconocen a la naturaleza una dignidad por sí misma.

El Papa elogia tal postura, pero agrega que “existe también la ecología del hombre. También el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo arbitrariamente”.

La construcción de una sociedad sin referencias éticas -agregó el Papa- es como construir un edificio sin ventanas. Sus arquitectos no dejan entrar la luz del mundo, de la realidad que tiene un mensaje que darnos.

¿Realidad objetiva o sólo consenso social? Benedicto XVI, en las dos alocuciones a las que nos hemos referido, desafía a los políticos a conversar con la religión, para responder esta interrogante, para que ellos, a través de su propia razón y sin dogmas de por medio, se aboquen con honestidad intelectual al descubrimiento de esa realidad humana objetiva, que determina, en definitiva, lo que el hombre es y, por tanto, los límites del poder político.

En otras palabras, ante la exigencia de muchos de que la religión desaparezca del espacio público, Benedicto XVI los llama a no temer al diálogo con la religión en la búsqueda de lo bueno y justo para el hombre y la humanidad.

Sin duda un claro mensaje de que no existe política propiamente humana, negando la realidad espiritual del ser humano y que tampoco la religión puede aspirar a influir en la vida social sin las herramientas de la razón.

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