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¿Qué le pasa a la Concertación? Tres respuestas

por 14 octubre 2011

Para salir de los males, en la vida personal y en la vida política hay que partir de la realidad, como sugerí en una entrada anterior. La evasión no sirve. Por ello, a mi juicio, la Concertación debe hacer el siguiente camino.

1. La Concertación no debe renegar de su historia. Cualquiera que estudie la historia de Chile en sus 200 años, se dará cuenta que no ha habido una coalición política que haya estado al mando del Estado, con las características peculiares que tuvo la Concertación. A ella le correspondió la tarea de transitar desde una dictadura (la más larga, cruel y refundacional que haya vivido el país) hacia una democracia política madura, cuya mayor demostración de aquello haya sido, precisamente, que la alternancia en el poder se produjo, por voluntad popular, con la mayor legitimidad y sin ningún atisbo de alteración institucional, con aquellos que habían sido sus adversarios y que le habían dado sustento civil al régimen de facto. ¿Qué más se le puede pedir a una democracia política que tu adversario ocupe tu lugar sin violencia y respetando las reglas del juego? Esa es obra de la Concertación que estaba al mando del Estado. Y en todos los planos, si uno es objetivo, el país logró avances significativos en su desarrollo. El país que la Concertación recibió el año 1990 no es el mismo del 2011.

Sin embargo, se ha producido, al interior de la coalición, una discusión esquizofrénica, de disociación de ideas del porqué no hicimos esto y del porqué no hicimos esto otro; que pudimos avanzar en esto y no lo hicimos, y no lo hicimos por esto y por aquello. Y han surgido cantidades de generales después de la batalla, dando sus recetas (atrasadas) de que hubiera sido mejor haber ido por allá que por acá. Todo esto no tiene ningún sentido y no arregla nada. Lo pasado hecho está y no tiene vuelta. Lo demás es esquizofrenia.

¿Cuál es el punto? ¿Cómo podría yo renegar de mi vida? La vida humana no es perfecta. ¿O acaso la Concertación pretendía estar fuera de las reglas de la vida clavando la rueda de la historia para siempre, siendo la coalición perfecta, exenta de los errores tan propios de los seres humanos?

La Concertación, al igual que cualquier otra organización humana, estaba expuesta a los aciertos y a los errores. Y por cierto, el balance general es altamente positivo, pero hubo un conjunto de cosas que no hicimos porque no pudimos, o no tuvimos la visión, o no quisimos, o no tuvimos acuerdo, o no tuvimos los votos, o la sociedad no había llegado al grado de madurez necesario, o la forma de gobernar, sobre todo en los últimos tramos, no fue la correcta. Pero, sumando y restando, nos quedamos en la Concertación (y no nos fuimos) hasta el día de las elecciones, cuando el resultado tenía todavía una cuota de incertidumbre, porque estábamos convencidos de la justicia de nuestra causa. ¿Cómo fue que la derrota nos convirtió en generales después de la batalla?

Por ello, si queremos tener una relación sana entre nosotros, lo primero que tenemos que hacer es no renegar de nuestra historia y entender que la vida de las sociedades es un proceso inacabado de continuo cambio y que cuando culminas una tarea surgen otras, en una dinámica permanente. En los 20 años de la historia de Chile que nos tocó gobernar lo importante es que cumplimos con el “aquí y el ahora” de acuerdo a las circunstancias históricas que nos tocó vivir. El año 2011 lo estamos viviendo “aquí y ahora” y no como supuestamente lo veremos o lo verán el 2031. Cada día tiene su propio afán y cada generación sus propios desafíos. Eso no implica para nada que no debamos tener objetivos estratégicos pensando en el futuro, pero serán otros, “in tempore opportuno”, los que juzgarán nuestra tarea. Eso de pensar de “porqué no lo hice” es demasiado tarde y si lo previste y tampoco lo hiciste, tampoco te sirve. Las sociedades están llenas de esas interrogantes del por qué las cosas no se hicieron antes. Estados Unidos proclamó su Constitución Política en 1787 estableciendo la libertad e igualdad de todos los seres humanos en el nuevo Estado que nacía, y paradojalmente su sociedad estaba llena de esclavos. Recién el año 1865, guerra civil mediante, se abolió la esclavitud. ¿Por qué no se hizo antes?

2. Debemos aceptar nuestra derrota. La legitimidad del resultado debe traer serenidad a nuestras conductas. Si creemos en la democracia, como estoy cierto, entonces debemos saber que el pueblo es el soberano y debemos  acatar su veredicto, no solo en el sentido jurídico, sino en el más profundo sentido político. Nada sacamos con haber entrado a un camino de recriminaciones mutuas sobre las causas de la derrota, echándole la culpa al empedrado. Eso no tiene sentido. Simplemente, el pueblo chileno nos juzgó y estimo necesario, después de 20 años, hacer un cambio en la conducción del Estado. Y su decisión fue entregarle esta conducción a otro grupo social encarnado en la Coalición que hasta entonces había estado en la oposición. Nosotros no tenemos que pedirles cuentas al pueblo. Este tomó una decisión y sus razones tendría. Y esa decisión no se discute, simplemente se acata.

Otra cosa es que nosotros, responsablemente, hubiéramos iniciado un proceso de reflexión acerca de los motivos que tuvo en vista el pueblo de Chile para habernos quitado la conducción del Estado. Tal proceso no se hizo hasta el día de hoy, y en vez de ello cada uno y cada cual salió, cual general después de la batalla, no a buscar las causas sino a buscar a los culpables de tal derrota, con una falta total de rigurosidad, disciplina y respeto entre nosotros, añadiendo con ello, al agravio de la derrota las inseguridades en nuestras convicciones, lo que ha agravado la falta y que el pueblo, con su sabiduría, percibe y castiga negándonos su respaldo y explicitándonos su rechazo.

Es difícil y quizás hasta constituiría un error que, a estas alturas, entráramos a un proceso de esa naturaleza. Creo que el momento ya pasó. Al reiniciar nuestro camino, será el tiempo oportuno para ver si aprendimos  de nuestros errores.

Simplemente seamos humildes en la derrota y reconozcámoslo; aceptemos lo que el pueblo determinó.
Y ahora, con serenidad leamos el presente, pensando en el futuro y tomemos decisiones.

3. Hagamos una lectura correcta del presente. Durante la dictadura, la oposición de ese entonces hizo una lectura adecuada del momento político y del camino a seguir. Primero hizo una apuesta correcta de participar en el plebiscito del 1988 y en seguida entendió que el quid del asunto era el valor de la libertad, de la paz y de la estabilidad traducida en la recuperación de la Democracia.

Hoy día la sociedad chilena cambió. ¿Cuál es nuestra lectura de ello? Bueno, esta es la prueba de si nuestra coalición (que cumplió una etapa) está en condiciones de iniciar otra nueva, acorde con la nueva realidad, los nuevos requerimientos, la maduración de la sociedad, los cambios sociales y culturales; y a partir de esa lectura común ser capaces de presentar al pueblo de Chile un proyecto estratégico común.

Por lo tanto. la primera tarea es determinar qué lectura tenemos del presente. ¿Qué pide el Chile de hoy?

Yo creo que la gente quiere un cambio del modelo. No está demandando, a mi juicio, un cambio del sistema capitalista. No he visto a nadie cuestionar la propiedad privada, la libre empresa, la seguridad jurídica, el sistema de mercado que son la esencia de este sistema. Lo que si demanda es un cambio del tipo o modelo de sistema capitalista que se implantó en Chile en los últimos 30 años.

O sea, hay un cuestionamiento al modelo neoliberal del sistema capitalista, en cuanto esta ideología explica todos los problemas de la sociedad en base al individualismo, al mercado y a un Estado mínimo. Por ello que los únicos bienes públicos son la Defensa Nacional y la Seguridad Pública. Todo lo demás va al mercado y se privatiza. Ello explica, hoy día, los conflictos y cuestionamientos al modelo de educación, de salud y de previsión entre otros y explica los movimientos contra los abusos, contra las injusticias y las demandas por la igualdad en los frutos de desarrollo. O sea se pide una sociedad más justa e igualitaria.

Y, por otra parte, hay un cuestionamiento al sistema político, en cuanto éste carece de la apertura necesaria para hacerlo representativo del conjunto de la sociedad y por ende cada vez más las decisiones colectivas obligatorias tienden a perder legitimidad, sobre todo entre las nuevas generaciones.

En resumen, hoy día la gente reclama un cambio del modelo de desarrollo que hemos construido en estos últimos 30 años.

¿Comparte la Concertación esta lectura? ¿Está la Concertación en condiciones de responder a este desafío? ¿Está la Concertación en condiciones de concordar una respuesta común a la pregunta “qué hacer” frente a esta realidad y además de responder “cómo hacerlo”?

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl
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