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Ella baila sola…

por 16 octubre 2011

Hasta parece que el viejo peronismo de los 50’, un modelo cuasi fascista, ha quedado relegado frente a este proceso de evangelización política planteada por fanáticos que entienden a la perfección el egoísmo racional: mostrarse haciendo el bien para quedar bien y sobrevivir.

A días de las elecciones nacionales en la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, baila sola….

Mientras la oposición mira la forma y no el fondo, ya que es muy difícil hablar del fondo ante tanta sensibilidad a movimientos bruscos en términos de economía y sociedad, sólo atina a un discurso superficial sostenido en “hacer las cosas bien”, ó simplemente rogar por votos que no le permitan al futuro gobierno una peligrosa hegemonía en todos los poderes.

Con este escenario, con éstos contrincantes dispersos, confundidos y enfrentados, las certezas acerca de un triunfo aplastante en primera vuelta le hacen vivir a CFK una dulce primavera.

CFK ajustó la cosmética de un modelo necesario hace 8 años, pero que sin duda exige un replanteo novedoso que desde la perspectiva de la lógica política, sólo ella podría encararlo si desea trascender y no quedar en la historia de la manera en que quedó, por ejemplo, el segundo y nefasto gobierno de Menem.

Hasta parece que el viejo peronismo de los 50’, un modelo cuasi fascista, ha quedado relegado frente a este proceso de evangelización política planteada por fanáticos que entienden a la perfección el egoísmo racional: mostrarse haciendo el bien para quedar bien y sobrevivir.

Es posible que eso suceda. Hoy, una clase media aburguesada y pseudo intelectual adhiere a un proyecto que le devolvió la “plata dulce”, el viaje a Miami, el auto importado y la pizza con champán, pero todo dentro de un marco “progre” sostenido en un discurso revolucionario que surge del living de una casa en un barrio privado.

Es a partir de una nueva clase K, que la propuesta de progresismo se ha tornado entre elitista y prepotente. Se es K, ó se es un enemigo del modelo y por ende, alguien a despreciar.

Hasta parece que el viejo peronismo de los 50’, un modelo cuasi fascista, ha quedado relegado frente a este proceso de evangelización política planteada por fanáticos que entienden a la perfección el egoísmo racional: mostrarse haciendo el bien para quedar bien y sobrevivir.

CFK  tiene aún la posibilidad de transformar el rumbo, para evitar el síndrome de autoestima desmesurada que lleve irremediablemente a repetir una vez más lecciones no aprendidas del pasado. Menem viajó a 240 km/h con su Ferrari y todo se le perdonaba en tanto se vivía la ilusión de un dólar igual a un peso.

Hoy, la clase media supone viajar al paraíso con CFK sosteniéndola aún despreciando su estilo, pero activando su propio mundo de fantasía. No le hablen a esa clase media arribista que pronto serán las doce de la noche y la carroza se convertirá en un zapallo…No lo quiere escuchar.

CFK tiene más espacio a su favor con el mundo hambriento de soja que puede mantener un delicado pero insuficiente equilibrio. Tendrá entonces que sincerar aquellas cuestiones que caerán por su propio peso, como el alineamiento internacional, el ajuste de las estadísticas, una mejor evaluación del discurso agresivo y pendenciero de algunos de sus allegados, y el esclarecimiento de cómo resolver requerimientos sociales sostenidos a pura dádiva.

Tiene la oportunidad y el aval para transformar. De ella depende abandonar el setentismo e ingresar por fin a la nueva era dónde la legitimidad política, el bienestar social y la libertad deben ir de la mano. Juntos, a la par…

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