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Incómoda justicia

por 19 octubre 2011

Las fundaciones que trabajamos con adultos mayores en pobreza, hemos advertido el escenario insostenible y precario que viven más de medio millón de personas de la tercera edad en Chile. Ellos están excluidos del desarrollo, viven abandonados, no tienen redes de apoyo y sus pensiones no son suficientes para pagar ni siquiera sus necesidades básicas de alimentación, vivienda y transporte.

La justicia genera incomodidad, sobre todo cuando no sólo queremos pregonarla, sino que practicarla. Ella nos pone en el horizonte del deber, de la responsabilidad, de lo que corresponde. Nos habla de condiciones -aún cuando sean mínimas- iguales para todos. En ella se concreta la humanidad, como una expresión única que no permite distinciones, diferencias ni discriminaciones.

"La justicia es una virtud que no es popular. El medio más seguro para incurrir en el disgusto de los hombres es recordarles sus obligaciones con la justicia", nos interpelaba el Padre Hurtado hace más de 50 años. Apelar, en cambio, a la solidaridad, a la bondad o a la caridad, resulta más fácil, amigable y adecuado.

Las fundaciones que trabajamos con adultos mayores en pobreza, hemos advertido el escenario insostenible y precario que viven más de medio millón de personas de la tercera edad en Chile. Ellos están excluidos del desarrollo, viven abandonados, no tienen redes de apoyo y sus pensiones no son suficientes para pagar ni siquiera sus necesidades básicas de alimentación, vivienda y transporte.

En los últimos días, las fundaciones que trabajamos con adultos mayores en pobreza, hemos advertido el escenario insostenible y precario que viven más de medio millón de personas de la tercera edad en Chile. Ellos están excluidos del desarrollo, viven abandonados, no tienen redes de apoyo y sus pensiones no son suficientes para pagar ni siquiera sus necesidades básicas de alimentación, vivienda y transporte. Por ende, la vejez se transforma en una mayor pobreza para ellos y sus familias.

En este contexto, es pertinente preguntarse si lo que hay de fondo se resuelve sólo apelando a la solidaridad o requiere también de un mínimo de justicia. ¿Podemos como país seguir tolerando esta cruda realidad que se agravará en los próximos años, con el mayor envejecimiento de la población?

Hoy las organizaciones sociales nos hacemos cargo de financiar un 70% de los costos de atención de 6.700 adultos mayores en residencias de larga estadía. La brecha es enorme, porque son 66.000 mil las personas de la tercera edad que presentan dependencia moderada o severa que requieren apoyo con urgencia.

Las instituciones de beneficencia necesitamos apoyo en la labor de acoger con dignidad a los adultos mayores. En esta línea, el Estado tiene un rol relevante, pero no es el único responsable, la sociedad civil indudablemente que puede y debe seguir contribuyendo a superar la pobreza y la exclusión en nuestro país. Como Fundación, apelamos a la solidaridad de todos los chilenos, pero sobre todo a su sentido de justicia, ése valor nos debe mover como nación para resolver un problema que es de todos. Como decía San Alberto Hurtado: “Muchas obras de caridad puede ostentar nuestra sociedad, pero todo ese inmenso esfuerzo de generosidad, muy de alabar, no logra reparar los estragos de la injusticia. La injusticia causa enormemente más males que los que puede reparar la caridad”.

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