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La República de Poncio Pilatos

por 21 octubre 2011

El PS tiene razones para cuestionar la conducta de Estévez como presidente de la UC así como la tiene el PPD para preguntarse por la gestión de Fernández a la cabeza del proyecto HidroAysén. Es cierto que ambas de desarrollan en el ámbito privado, pero la repercusión pública de ambas está fuera de discusión. Un partido que no toma cartas en el asunto, avala con su silencio. Como lo hace la UDI, que ya va necesitando una piscina para lavar tantas manos.

Si el lema nacional dependiera de las actitudes más recurrentes de un pueblo, el escudo patrio chileno debería decir “Yo me lavo las manos”. Los actores políticos y sociales llevan un buen tiempo entrenándonos en el deporte nacional de echarle la culpa al vecino, de mirar para el lado, de hacerse los huevones. No recuerdo la última vez que escuché algún dirigente pronunciando la frase “yo me hago responsable”.

Esta semana los líderes del movimiento estudiantil señalaron que los encapuchados violentistas no tenían nada que ver con ellos. Sin duda es positivo que levanten la voz y hagan las distinciones pertinentes. De esa manera evitan caer en el juego del Gobierno que espera que la opinión pública finalmente no diferencie entre causa legítima y barricada absurda.

El PS tiene razones para cuestionar la conducta de Estévez como presidente de la UC así como la tiene el PPD para preguntarse por la gestión de Fernández a la cabeza del proyecto HidroAysén. Es cierto que ambas de desarrollan en el ámbito privado, pero la repercusión pública de ambas está fuera de discusión. Un partido que no toma cartas en el asunto, avala con su silencio. Como lo hace la UDI, que ya va necesitando una piscina para lavar tantas manos.

En el fondo, lo que los estudiantes hicieron fue reconocer que son incapaces de autorregularse. Aceptaron no tener el control. Aceptaron que la convocatoria a la marcha pacífica y la explosión delictual son fenómenos correlativos. Pero sin hacerse cargo de lo último. Para eso está Carabineros, dicen. Paradójica tautología: luego culpan a Carabineros por el origen de la violencia.

Desde Nueva York, la ex Presidenta Bachelet se saca todos balazos respecto de la crisis de la educación. Ella no tuvo ninguna culpa. Otros fueron los responsables. Lamentable actitud, viniendo de quien sufriera en carne propia el lavado de manos de su antecesor Ricardo Lagos, quien señaló que el problema del Transantiago no había estado en el diseño sino en la implementación. Como Pedro Fernández, todos en la Concertación entonando el “Yo No Fui”.

En la UDI el síntoma Poncio Pilato alcanza dimensiones dramáticas. Uno de sus alcaldes preferidos cierra la matrícula escolar para los alumnos que provengan de otras comunas, vulnerando medio a medio el principio “popular” que dice promover el gremialismo. Otro alcalde de la misma tienda se juega a brazo partido para perpetuar la segregación capitalina, impidiendo el acceso de hinchas del verdadero club “popular” de Chile. Uno de sus diputados forcejea con una secretaria de la Cámara, con resultados lamentables: la secretaria pierde la criatura que cargaba en su vientre. El diputado, como Camila y Michelle, se saca los pillos. Peor aún, dice que no murió una guagua sino un embrión. Pero sigue representando al partido que dice defender la vida desde la concepción. No hay tirón de orejas, no hay amonestación. Nadie se hace cargo, nadie asume una responsabilidad.

Por lo anterior es destacable que el PS y el PPD pase a Tribunal Supremo a sus militantes Jaime Estévez y Daniel Fernández, respectivamente. Entiendo que mi posición puede resultar curiosa: los liberales no nos sentimos cómodos en instituciones rígidas y militarizadas. Pero la chacota tiene un límite. Si un partido político es una agregación de convicciones y no un club de amigos, entonces es esperable que tome medidas cuando uno de sus miembros parece atentar contra el corazón de dichas convicciones. El PS tiene razones para cuestionar la conducta de Estévez como presidente de la UC así como la tiene el PPD para preguntarse por la gestión de Fernández a la cabeza del proyecto HidroAysén. Es cierto que ambas de desarrollan en el ámbito privado, pero la repercusión pública de ambas está fuera de discusión. Un partido que no toma cartas en el asunto, avala con su silencio. Como lo hace la UDI, que ya va necesitando una piscina para lavar tantas manos.

Pero no nos extrañemos tanto. Heredamos la cultura Poncio Pilatos de una derecha que nunca fue capaz de hacer un mea culpa institucional por las violaciones a los derechos humanos ocurridas en la dictadura que apoyó, y de una izquierda que profitando del romanticismo de sus íconos nunca fue sólida para decir “la cagamos”. Lo triste es que parece que la “savia nueva”, la generación que estábamos esperando para cambiar los códigos de la política chilena, viene formateada con el mismo chip: lista y presurosa para no asumir ninguna responsabilidad.

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