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Movilización estudiantil: ¿hacia nuevos espacios de conciencia?

por 23 octubre 2011

Una manifestación de personas, de seres humanos informados, conectados, dialogantes y organizados conscientes de las inequidades y distorsiones que ha ido generando una cultura basada en el dinero y el mercado como valores centrales del vivir. Sus formas de acción son casi pedagógicas, siempre dinámicas, y cual visionarios educadores, su propuesta y puesta en escena considera la expresión de las múltiples potencialidades humanas, que son las dimensiones cognoscitivas, emocionales, sociales, artísticas, corporales y espirituales.

Seamos realistas, pidamos lo imposible, o bien la imaginación al poder fueron slogans de los jóvenes que protagonizaron los movimientos estudiantiles de entrados los años 60. También venceremos o avanzar sin transar. Llenos de idealismo estos, al borde del nihilismo los primeros. Lo común era el descontento frente a la sociedad y la cultura materialista de posguerra mundial que les toco vivir, en donde primaba el poder y el autoritarismo de las grandes potencias que se evidenciaba en una llamada guerra fría, en un sistema educativo represivo y en una ciudad modernista sin identidad, con espacios públicos cada vez más deshumanizados.

Quienes se revelaron en ese entonces lograron establecer políticamente, con el tiempo, algunos principios basados en la solidaridad y el bien común que de alguna manera se han hecho parte de la convivencia y se han concretado en importantes reformas nacionales y, sobre todo, en un cierto estado de bienestar social garantizado por los Estados nacionales, especialmente en la sociedad europea y norteamericana en occidente, que aún perdura. No obstante, en muchos casos los jóvenes rebeldes no lograron encauzar sus energías y terminaron perdiendo el sentido evadiéndose de los problemas en un nihilismo a ultranza algunos, o sumidos en una lucha guerrillera contra lo que para ellos representaba el poder. Podríamos hablar de dos caminos paralelos, y extremos: el nihilismo y el idealismo.

Cuando el gobierno militar en Chile dejaba todo atado, y bien atado, pasado la mitad de los años 80, comienza a verse una apertura hacia la democracia en el mundo entero y pareciera que van cayendo todos los muros. Comenzamos a hablar primero de una aldea global o de la mundialización de la economía: del libre movimiento de las personas, de los capitales y de la información. En los últimos años, tomamos cada vez más conciencia del poder de internet a través de las llamadas redes sociales.

Una manifestación de personas, de seres humanos informados, conectados, dialogantes y organizados conscientes de las inequidades y distorsiones que ha ido generando una cultura basada en el dinero y el mercado como valores centrales del vivir. Sus formas de acción son casi pedagógicas, siempre dinámicas, y cual visionarios educadores, su propuesta y puesta en escena considera la expresión de las múltiples potencialidades humanas, que son las dimensiones cognoscitivas, emocionales, sociales, artísticas, corporales y espirituales.

En los últimos meses, en un mundo ad portas de una crisis mundial, los movimientos sociales que han sacudido el mundo han estado caracterizados, en general, por un descontento que se ha manifestado a través de los llamados indignados, primero en España y ahora en otros lugares de Europa, y hasta en Estados Unidos. Se trata de población adulto joven de clase media, desencantados de un sistema político, social y económico que sienten no los representa, por una desconfianza generalizada en quienes los representan, la llamada clase política y, sobre todo, en el orden financiero mundial. En todas estas naciones prima un estado de bienestar relativamente amplio y compartido, y una población donde los jóvenes son cada vez menos en proporción a los mayores –las tazas de natalidad son muy bajas-, en relación a la que tenemos en Latinoamérica y en Chile.

Fue en nuestro país, de población aún mayoritariamente joven y aún lejos del Estado de bienestar  de las naciones llamadas desarrolladas, donde surgió un otro movimiento social liderado por los jóvenes estudiantes, al que aún nadie le ha puesto un nombre. No se trata ya de los pingüinos (aunque podrían ser los mismos jóvenes, más desarrollados), ni menos de los rebeldes de Mayo ni de los de la primavera del norte. Tampoco se trata de un movimiento “anti, o NO a”, como en décadas pasadas, ni de “más de esto o aquello para nosotros”, como acostumbraban a ser  las demandas estudiantiles que se hicieron a los gobiernos de turno y las respectivas políticas educacionales en las últimas décadas. Son los jóvenes universitarios chilenos que han liderado una movilización –a la que se han ido sumando diversas organizaciones sociales en casi medio año- que ha mantenido parada, directa o indirectamente, a una parte importante de personas en el país. Ellos han elevado unas propuestas de cambios profundos en el sistema educativo que ha arrastrado sutil y sostenidamente a prácticamente todos los jóvenes,  concitando el interés y el apoyo ciudadano de al menos el 90 por ciento de la población nacional –según las encuestas-, y que ahora comienza a ser respaldada importantes foros económicos y políticos, y en general por la opinión pública internacional.

Las diferencias son evidentes con los indignados del norte, se trata mayoritariamente de jóvenes universitarios que están asumiendo esta vez una movilización: activa y sostenida, con demandas, objetivos y propuestas sociales claras y concretas. En sus estrategias y acciones, no obstante, esta lo mejor de los movimientos juveniles –de lo cual existe un buen recuerdo en nuestro medio- y de los jóvenes de todas las épocas, como es la incorporación e integración de las herramientas y los medios hábiles contemporáneos: se mueven estratégicamente en la ciudad y ocupan hábilmente los espacios públicos con sus desplazamientos (excluyendo los excesos y abusos de unos pocos) en marchas formales y en acciones perfomático-artísticas, ocupan a su vez las redes sociales y los medios alternativos para expresar y comunicar lúdica y transversalmente sus ideas y también, y sobre todo, forman un colectivo articulado en red cuyos dirigentes se van alternando y se desplazan por el territorio adaptando los medios y las herramientas a la oportunidad, a cada circunstancia y contexto. Así es como han llegado a darse a conocer, a ganarse el apoyo, y también el respeto, del grueso de la ciudadanía.

¿Qué aspectos son los que integran en su propuesta?

En los doce puntos que han planteado al gobierno (23 de Agosto de 2011) está la reivindicación integrada de los siguientes temas: derechos sociales, descentralización y regiones, sectores vulnerables y pueblos originarios, participación comunitaria, ambiente escolar propicio, sistema público y estatal, desarrollo igualitario y equidad. Más allá de una propuesta política convencional, al menos toda una ecología social muy bien construida.

¿Se trata de un nuevo enfoque para abordar la realidad, esta vez holístico?, (pues en el punto 6 de la propuesta al gobierno se sugiere explícitamente: exigir al Estado proveer “una educación de calidad, entendida esta de manera holística e integral”).

Según Wikipedia, el holismo enfatiza la importancia del Todo, que es más grande que la suma de las partes, y a la interdependencia de la vida de cada una de las personas con todo lo que nos rodea. Se trataría de una teoría explicativa que se orienta hacia una comprensión contextual de los procesos en su complejidad, tanto de los protagonistas como de sus entornos y particularidades. Una especie de camino medio, entre el nihilismo impávido de los indignados y el idealismo ideologizado de los políticos tradicionales.

Esto explicaría en la movilización de los estudiantes una propuesta local integral que surge de la realidad nacional y que, a la misma vez, se insertaría en un contexto amplio y global. Una manifestación de personas, de seres humanos informados, conectados, dialogantes y organizados conscientes de las inequidades y distorsiones que ha ido generando una cultura basada en el dinero y el mercado como valores centrales del vivir. Sus formas de acción son casi pedagógicas, siempre dinámicas, y cual visionarios educadores, su propuesta y puesta en escena considera la expresión de las múltiples potencialidades humanas, que son las dimensiones cognoscitivas, emocionales, sociales, artísticas, corporales y espirituales. Algo que seguramente la PSU ni ninguno de los indicadores administrativos del sistema, que miden aptitudes y competencias, habría podido detectar -o no lo hizo-: el nivel de formación integral de quienes lideran y siguen el movimiento, todos estudiantes producto del mismo sistema.

¿Si aceptamos lo que dicen, por qué entonces no se encauzan estas aspiraciones que son prácticamente las de todos?,

¿Está preparada nuestra Constitución y nuestras instituciones para los cambios estructurales que ellos plantean?, ¿estamos preparados los ciudadanos para el cambio?, ¿estamos preparados los docentes, los padres y los políticos para comprender y hacemos parte de este nuevo enfoque que se nos presenta?

Para los más conservadores esto es inaceptable. Esta puesta en crisis del modelo existente marcaría el inicio de un retroceso y de la decadencia social y política, corroyendo las bases de nuestro sistema, que nos podría llevar  a la debacle y a lo que se ha llamado el fin de la historia. Para los más pragmáticos y progresistas, tal vez la mayoría, se trata de asumir el término de un ciclo y  prepararse inevitablemente lo más pronto posible para enfrentar otros cambios y reformas sociales y políticas que vienen, en diversos ámbitos. Para los más holísticos, estamos pasando por una serie de cambios y cumpliendo un ciclo planetario, lo que será más evidente hacia el año 2012. Dicen que a partir de allí continuara por una decena de años más hasta llegar a la estabilización nuevamente.

Parece que realmente no es el fin de los tiempos, más bien sería el principio de una nueva era planetaria y de una energía que abrirá nuevos espacios en nuestra consciencia,  que nos estaría esperando. Y  a menos que nos desarrollemos como individuos y nos identifiquemos con el planeta, esto no será tan evidente. Los cambios vienen rápido, y profundos, y el sentido común nos dice que es imposible seguir avanzando uno si no avanzamos todos juntos, como bien lo expresa el movimiento estudiantil.

Me parece haber escuchado de boca de alguno de los jóvenes,  refiriéndose a quienes gobiernan hoy el país: “Si no entienden ahora no importa (perdemos el año, y esperaremos todo lo que sea necesario), ¡ya van a entender!”.

¿Se trata de un cambio de paradigma?

Más allá de los orígenes del conflicto y de la contingencia sabemos, como muchos educadores lo han venido proclamando desde hace tiempo, que el aprendizaje verdadero siempre es una cuestión de experiencias concretas. Y el ambiente escolar que estamos viviendo siempre puede ser el más propicio: de manera holística vivir experiencias de aprendizaje significativas es también salir del aula a plantear ideas públicamente, recibir criticas y aportes, construir estrategias, compartir, debatir, participar y sentir; lo que está permitiendo que los jóvenes de esta generación desarrollen un sentido de armonía, ya que sienten que pertenecen, que son necesarios en la construcción de la paz y la igualdad en nuestra sociedad y en el país. Un aprendizaje, al fin y al cabo activo, alegre, auto-motivador, estimulante y alentador.

Más allá de lo que resulte de todo esto, y de las pérdidas que las habrá, esto parece que sí es una cuestión de ir viviendo los procesos, sin elaborar ni evadir en el camino,  asumiendo la realidad tal cual es, con ecuanimidad. Para ir creando nuevos espacios de conciencia, por un interés social, de país y/o planetario, a cada cual le corresponde ahora lo suyo: académicos, comunicadores, políticos, padres o hijos. Se nos presenta la oportunidad histórica de aprender de los jóvenes estudiantes e integrarnos para ir con ellos, como Uno.

Y entonces, ¡a prepararnos para lo que viene!

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