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El paciente sangra por arriba

por 27 octubre 2011

Es necesario que los aseguradores –Isapre, seguros complementarios y también FONASA modalidad Libre Elección- que por lo demás son pocos, ejerzan su poder de compra sobre los prestadores y obtengan como resultado mejores precios, mejor control sobre el uso innecesario de prestaciones, información “en pizarra” y calidad de servicios.

En efecto, la puerta del incremento de costos en el sector de la salud en Chile, muy por arriba del IPC, está abierta de par en par dado que las Isapres pueden incrementar el costo de sus primas sin límite de ninguna especie. Más aún y paradojalmente, las bases de cálculo para incrementar esas primas todos los años refieren a los incrementos de precios de las prestaciones de las clínicas que las Isapres financian. Frente a los recursos de protección interpuestos por los ciudadanos en tribunales, se ha propuesto incluso calcular un IPC de la salud basado en esos incrementos para entregar un referente formalmente establecido a las Isapres. Es decir, un espiral inflacionario se encuentra en gestación.

La razón es simple. El paciente es ciego a los precios pues está cubierto por el seguro. Se atiende, finalmente, en el sitio que su Isapre determina, a través de los incentivos contenidos en el plan. La Isapre representa hipotéticamente los intereses de su beneficiario frente al prestador y negocia con aquel los aranceles y tarifas. Si la Isapre carece de incentivos para negociar bien porque al final el paciente paga a través de su prima, las clínicas terminarán cobrando lo que quieran. Esto se reflejará en el IPC de la salud y así se transferirá al consumidor, quien en última instancia verá reajustada su prima. En consecuencia, el poder comprador se diluye y no hay fuerzas que sean capaces de introducir mayores niveles de competencia en este mercado. Ergo, no hay una verdadera tensión entre comprador y prestador y los precios se mueven siempre al alza.

Es necesario que los aseguradores –Isapre, seguros complementarios y también FONASA modalidad Libre Elección- que por lo demás son pocos, ejerzan su poder de compra sobre los prestadores y obtengan como resultado mejores precios, mejor control sobre el uso innecesario de prestaciones, información “en pizarra” y calidad de servicios.

Entonces los precios de las clínicas que hoy observamos, con diferencias “inexplicables y escandalosas” al decir del Ministro de Economía, serían en buena medida el resultado de un mercado poco competitivo que tiene una válvula de escape que hace que nadie tenga incentivos apropiados para ponerse a controlar. Es decir, sin poner en duda las diferencias de precios de prestaciones sustentadas en diferencias en la calidad de servicios, que claramente las hay en la industria prestadora, el paciente, mis amigos, sangra por arriba.

El segundo elemento inflacionario dice relación con las coberturas elevadas que tienen la mayoría de los planes para eventos frecuentes y poco costosos, donde la demanda suele comportarse de manera bastante elástica. Es decir, si me sale prácticamente gratis, entonces voy más veces a ver a mi doctor, o me hago más exámenes y procedimientos cada vez que lo veo. Este fenómeno también se reproduce de alguna manera en las clínicas cuando el paciente ya ha sido ingresado y el consumo sanitario empieza a ser empujado fuertemente por la propia oferta de servicios, tal como se explica en los más elementales tratados de la economía de la salud. Esto encarece los planes por la vía de incrementar la frecuencia de uso que hacen las personas de los servicios. Es decir, no sólo es un problema de precios sino también de cantidad. Pero tampoco parece haber incentivos para controlar esta parte, porque de cualquier modo el paciente sangra por arriba.

El torniquete debe ser aplicado, entonces, también por arriba. Es necesario que los aseguradores –Isapre, seguros complementarios y también FONASA modalidad Libre Elección- que por lo demás son pocos, ejerzan su poder de compra sobre los prestadores y obtengan como resultado mejores precios, mejor control sobre el uso innecesario de prestaciones, información “en pizarra” y calidad de servicios. De FONASA se encarga la Dirección de Presupuestos del Ministerio de Hacienda. Para los seguros complementarios ojalá que la Superintendencia de Seguros y Valores haga lo propio –estos no son seguros de automóviles-. Pero a las Isapres, que están jugando su partido en los Tribunales y forman parte del sistema previsional, cabe aplicarles un tratamiento eficaz para transformarlas en verdaderos defensores de los beneficiarios a quienes protegen de los riesgos de enfermar. Queremos ver a estas compañías operando vigorosamente en beneficio de sus clientes, queremos verlas promoviendo un funcionamiento más dinámico del mercado prestador, así es que mucho cuidado con lo que al respecto hemos de legislar.

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