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Michelle sálvanos, pero con MEO y una nueva coalición

por 3 noviembre 2011

Michelle sálvanos, pero con MEO y una nueva coalición
Michelle 2.0 debe salir de la pereza de su primer tiempo, con pecadillos de omisión: toleró la guillotina contra los disidentes en la Concertación, su lata con los partidos la hizo aceptar que todo los lunes saliera la Junta de cuatro presidentes expropiando la diversidad de centro izquierda, no quiso negociar (ver el pedazo de verdad e integrar agendas) de los grupos minoritarios de los partidos.

Se equivoca Francisco Vidal al sugerir contra la corriente ciudadana que ya no sería el tiempo de Michelle Bachelet.  Ella es la ungida por la mayoría que valora su entrega al país, su aporte a la solidaridad estructural, su estilo austero, tan distinto a la hiperkenesia piñerista en la hoguera de las vanidades.

Pero el mensaje es claro: Michelle perderá sin ME-O y lo que él representa, la demanda trinitaria progre: agenda progresista, nuevo estilo, otra coalición.

Michelle 2.0 debe salir de la pereza de su primer tiempo, con pecadillos de omisión: toleró la guillotina contra los disidentes en la Concertación, su lata con los partidos la hizo aceptar que todo los lunes saliera la Junta de cuatro presidentes expropiando la diversidad de centro izquierda, no quiso negociar (ver el pedazo de verdad e integrar agendas) de los grupos minoritarios de los partidos. La demócrata abierta  e ídolo  ciudadana, hastiada de los partidos, no quiso ser líder para poner en movimiento su capital político y transformar la alicaída coalición. A ella no le gustaba la corrupción (de hecho, los escándalos amainaron en su Gobierno), quería descentralización como lo reconoció en su último discurso (algún día se abrirán las alamedas para el poder regional constituyente, como dice Salazar), se reunió con disidentes (desde Flores, Navarro, ME-O a Alejandra Sepúlveda), lo intuyó, pero pudo más la ceguera del poder; en privado le gustaba ME-O, con CEI  alto sabía de las encuestas que lo hacían competitivo con Piñera. Pero ganaron los ceños fruncidos y la obligación de apoyar a Frei, el hombre decente, pero que connotaba la continuidad, el tiempo que ya fue.

Pero Michelle se equivocó y perdió: fue derrotado su candidato y su coalición. Eso es historia, irrefutable. Porque ella no quiso liderar la transformación. Por que fueron excluyendo a muchos y expulsándolos, y sí le importó, pero no hizo nada, como en la tragedia de Bertol Brecht, y ahora hay que recomponer en una nueva coalición: que estén los regionalistas, los ecologistas, los socialistas profundos, los cristianos liberacionistas, los emprendedores anti oligarcas, los liberales progresistas.

La ex Presidenta encarna mucho de lo mejor  de Chile: la Presidenta austera que como Alessandri vuelve a un departamento, la mujer que apuesta a la solidaridad en el país clasista, la doctora sonriente en el país enfermo de agresividad y neurosis, la niña que juega con su Papá en Cahuil y no en Reñaca, la víctima que no olvida pero sabe dialogar con los otros, la alumna de la educación pública, la agnóstica que reza con los jesuitas, la separada coqueta, la monja laica que trabaja 16 horas como la Madre Teresa, la que era más Bielsa que el complot, la mujer esquiva pero no mala leche.

Pero Michelle se equivocó y perdió: fue derrotado su candidato y su coalición. Eso es historia, irrefutable. Porque ella no quiso liderar la transformación. Por que fueron excluyendo a muchos y expulsándolos, y sí le importó, pero no hizo nada, como en la tragedia de Bertol Brecht, y ahora hay que recomponer en una nueva coalición: que estén los regionalistas, los ecologistas, los socialistas profundos, los cristianos liberacionistas, los emprendedores anti oligarcas, los liberales progresistas, los neo pingüinos, los funcionarios públicos, los contratistas del cobre que no entienden la segregación estructural.

ME-O puede ganar la batalla de Concepción o puede ser el ministro de la educación fraterna de todos; como Orrego la recuperación del Municipio de Santiago, y Lagos Weber aprender a bailar cueca, centrina, dulce, acompasada, con capacidad de conecte con el otro y no sólo consigo mismo, sin saltos nerviosos.

Dios nos libre de los que no quieren reforma tributaria, de los que temen dar poder a otros, de los corruptos y cabrones, de los que se ven el espejo del éxito y del lucro, y no siguen el dictamen maya de que "nadie se quede atrás" o el mapuche de que la tierra habla y el bosque llama...hay un nuevo tiempo, y el pueblo quiere que Michelle nos salve...y se redima ella misma, de los fantasmas de la omisión.

El que no se haya equivocado que tire la primera piedra. Se acabó el tiempo de deconstruir, un tiempo necesario. Hoy  hay que recuperar la épica de la transformación del país hacia más democracia y solidaridad, pero también la lítica de la fraternidad hacia el  Chile amable, empezando por las prácticas de la nueva coalición, en que Camila Vallejo valga lo mismo que Escalona o Walker, en que Jakson se siente con la CUT, en que Sara Larraín sea aplaudida de pie junto al alcalde de Calama o Punta Arenas.

Michelle Bachelet tiene  el talento para hacerlo, pero claro, tiene que meter las manos al lodo para ayudar a parir la nueva alfarería, con todos, sin pena ni miedo, diría Zurita. El tiempo se viene como una avalancha: no hay que dejar sólo a los estudiantes y ganar, hay que hacer la nueva coalición, conjugar el programa de transformaciones y con ganas, inscribir a los jóvenes, vencer en las municipales (once de 15 capitales las gobiernan conservadores), invitar a Chile con ganas a una nueva etapa con otra ética.

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