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"¡Aquí Estamos Otra Vez!"

por 16 noviembre 2011

Cuando en 1947 Gabriel González Videla se dio cuenta de que los comunistas estaban trabajando para derrocarlo, construyó rápidamente una mayoría legislativa y dictó la "Ley de Defensa de la Democracia", que los puso fuera de la ley. Al revés de Sebastián Piñera, de quien un embajador suyo dicen que dijo que "no entiende nada de política", pero él dice que no lo dijo (aunque habría tenido toda la razón), a Gabriel "le cayó la teja" a tiempo.

Después de 1952, el Presidente Ibáñez, a quien el pueblo había elegido para que fuera dictador, porque el país se había desordenado casi tanto como ahora, no lo fue, sino que respetó a sus opositores. En particular, a los comunistas les prometió que, si se portaban bien, derogaría la Ley de Defensa de la Democracia, que ellos habían bautizado como "Ley Maldita", porque les impedía no sólo hacer la revolución, su menester primario, sino hasta ocupar cargos públicos o parlamentarios, lo cual los obligaba a trabajar, cosa a la que nunca han estado acostumbrados.

Una vez derogada, los camaradas salían felices a las calles a hacer lo de costumbre, es decir, subvertir, atentar y destruir, mientras gritaban, saltando rítmicamente: "¡Y, qué fue, y qué fue, aquí estamos otra vez!" Y tanto lo estuvieron que en 1970, con el inevitable auxilio de los "kerensky", que votaron por ellos en el Congreso para que accedieran al poder, se hicieron de éste, ilusionados en que sería para siempre. Y entonces lo primero que discurrieron fue robarles a los norteamericanos, "el imperialismo", que era su principal blanco. Después vendrían los inversionistas chilenos y, finalmente, todos los demás, pero no alcanzaron, porque alguien cuya imagen, según una moción de ley en trámite (de un diputado comunista y otros), no podrá ser exhibida en Chile, se lo impidió.

Como, a diferencia de Gabriel González, Sebastián Piñera no se ha dado cuenta de que hay en curso una conspiración comunista, satisface sucesivas aspiraciones rojas, como la de hacer crecer al Estado (en pocos días creó otro Ministerio, el del Deporte, y otra Superintendencia, la de Educación Superior). Y ya estamos terminando en que el partido de la Camilita maneja la agenda interna y, tal como bajo el gobierno de Allende, está mirando complacido cómo el de Piñera entra en conflicto con inversionistas extranjeros importantes.

Ya Codelco, con pleno respaldo del Gobierno, ha llevado a los tribunales a la Anglo American y, según me he enterado por radio, pretende impedirle vender su participación en la ex minera Disputada, que ahora se llama Anglo American South. Y lo ha conseguido parcialmente al haber la Corte de Apelaciones dictado una orden de no innovar que le impide a ingleses y norteamericanos disponer de lo que tienen en Chile. Es una forma de expropiación sin pago. Pues, obviamente, cualquier cosa que uno tenga y que se le prohíba vender, ya, por ese solo hecho, pierde valor. Y el que les ha privado de ese valor es el Estado chileno.

Esto tiene un lado de dulce y otro de agraz. El de dulce es que, hace más de diez años, cuando vino la gordita Madeleine Albright, Secretaria de Estado de Clinton, y le preguntaron qué le parecía que el juez Juanito Guzmán hubiera sometido a proceso al ex Presidente Pinochet, en una causa en que (como lo pruebo en mi libro "La Verdad del Juicio a Pinochet") él no tenía nada que ver, ella dijo que estaba muy bien procesar a Pinochet, que eso era aplicar la justicia. Entonces yo me dije que iba a esperar sentado en la puerta de mi tienda a que un juez como Juanito desconociera la legalidad a expensas de algún connacional de Madeleine Albright y ¡qué me van a decir ustedes!, ahora Anglo American, mitad norteamericana, ha caído en manos de la justicia de izquierda. Y ahora te quiero ver. ¡Ojalá el proceso llegue a las manos del ministro Solís!

Porque el lunes seré uno de los que va a presentar la cuarta edición del libro "Miguel Krassnoff, Prisionero por Servir a Chile", donde se detallan las tropelías de Alejandro Solís para haber conseguido someter a presidio perpetuo de hecho a un oficial inocente y distinguido ¡sin ni una sola prueba real, por situaciones a las que es completamente ajeno y (esto no me lo va a creer nadie, pero es verdad) por un juez que nunca siquiera lo ha interrogado!

¡Al fin los compatriotas de la Albright van a empezar a probar algo de la medicina que ella recomendaba tanto! "¡Justicia divina!", habría exclamado Julio Martínez Prádanos.

Pero esto tiene otro lado de agraz y es el de que "el buen nombre de Chile", como país que da confianza a quienes invierten en él, sufrirá un embate más. Y eso que los comunistas, preocupados como están de hacer la revolución usando a los estudiantes, todavía no se han dado cuenta del "boccato di cardinale" que el oficialismo les ha puesto al alcance de la mano.

Griten de nuevo, camaradas, y con toda razón: "¡Y qué fue, y qué fue, aquí estamos otra vez!".

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