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Labbé: el Homenaje y el Filósofo

por 18 noviembre 2011

Labbé: el Homenaje y el Filósofo
¿Es pensable un dirigente socialdemócrata homenajeando a Pol-Pot? ¿Se imagina a un alcalde de la coalición de centro-derecha de Ángela Merkel rindiendo honores a Himmler? O que un diputado de la misma coalición gobernante en Alemania indique: “¿Yo sólo asisto a homenajes para Hitler?”

El alcalde Labbé  invita a un homenaje de un ex-oficial de la DINA el cual se encuentra condenado por violaciones  a los DD.HH. Cosa nada sorprendente de una organización que ha sido declarada como ilícita por los tribunales de justicia. Es la situación de la totalidad de su cúpula. El único que no sufrió igual suerte era quien fue su verdadero jefe máximo: el ex-presidente de la época. Basta leer la Ley 521 del año 1974 para comprobar  que la autoridad directa máxima de la DINA era Pinochet.

Visto así, no habría mayor diferencia entre un homenaje a la propia figura del ex-mandatario o  la de uno de sus subalternos. En ese caso podrían ser atendibles las quejas del ex-coronel devenido en alcalde: “al margen de las sentencias judiciales, la historiografía debe ir construyéndose con miradas diversas y todo aporte al respecto es un enriquecimiento de nuestros debates y de nuestro pasado”. El comentario historiográfico no es de extrañar en un ex-DINA que se considera cientista político y filósofo. Haciendo gala de ésta última vocación, pontifica sobre la libertad de expresión: “¿Cuál es la idea, silenciar al que piensa diferente, acallarlo por la fuerza?”. El diputado Moreira, de la misma tienda política de Labbé, se apresura en aclarar que él iría a un homenaje a Pinochet pero no a uno de Krassnoff. Por cierto, era que no, defiende el derecho del Alcalde de organizar en su comuna los homenajes que le parezcan pertinentes.

Hay demasiado dirigente en ambos partidos que aún no entienden cuáles son los valores que animan la política en democracia. Otros que justifican, aunque sea de modo indirecto, las violaciones a los DD.HH., que no estarían dispuestos a una condena del gobierno de Pinochet. A éste último, aunque sea en privado, lo siguen considerando un líder histórico del sector, a quien contra toda lógica mínima, liberan de las culpas sobre los crímenes cometidos bajo su mando aunque él mismo indicase que no se movía una hoja sin su conocimiento.

Ambos están equivocados: no hay diferencia entre un homenaje u otro. A ésta altura, los dos son impresentables. ¿Por qué?

Los sistemas democráticos se construyen sobre valores sociales compartidos los cuales no significan homogeneidad en el pensar pero si límites sobre los valores y su expresión simbólica aceptable. Especialmente de quienes son autoridad.

Parte de lo que se excluye como constitutivo de ese consenso es la relativización histórica de situaciones que han significado perdidas a la libertad y violaciones severas a los derechos humanos.

¿Es pensable  un dirigente socialdemócrata homenajeando a Pol-Pot? ¿Se imagina a un alcalde de la coalición de centro-derecha de Ángela Merkel rindiendo honores  a Himmler? O que un diputado de la misma coalición gobernante en Alemania indique: “¿Yo sólo asisto a homenajes para Hitler?”

En cualquiera de los casos anteriores: sus partidos políticos los expulsarían (sería el piso mínimo), los organizadores enfrentarías demandas judiciales y el acto homenaje no se podría realizar. Nadie consideraría lo anterior como un atentado a la libertad sino más bien como un necesario rayado de cancha  sobre los valores públicamente defendibles por quienes son representantes de instituciones partidarias democráticas, sean de izquierda o derecha.

El alcalde-filósofo, sin pensar, a puesto una prueba de fuego a la centro-derecha: ¿Qué hacer con quienes poseen cargos relevantes y no aceptan el consenso democrático mínimo? Si se toman esos valores en serio: la UDI los debería pasar al Tribunal Supremo, RN condenar enérgicamente la actitud del alcalde-filósofo y al diputado UDI. Además se debería buscar, judicialmente, la no realización del Homenaje.

Pero nada de eso ocurrirá.

Hay demasiado dirigente en ambos partidos que aún no entienden cuáles son los valores que animan la política en democracia. Otros que justifican, aunque sea de modo indirecto, las violaciones a los DD.HH., que no estarían dispuestos a una condena del gobierno de Pinochet. A éste último, aunque sea en privado, lo siguen considerando un líder histórico del sector, a quien contra toda lógica mínima, liberan de las culpas sobre los crímenes cometidos bajo su mando aunque él mismo indicase que no se movía una hoja sin su conocimiento. No faltan los  que creen suficiente el que la izquierda admire a Allende para que ellos puedan hacer lo mismo con “el Tata”. ¿No perciben la diferencia? La derecha sigue “al debe” en una reflexión profunda sobre su responsabilidad y valoración del pasado histórico. Piñera, de siempre, marcó la diferencia en éste tema en su sector. De igual forma otros como Allamand.

No es casual que cierta “derecha” los resistiera tanto.  Que puede ser más claro de la sobrevivencia, aunque sea subterráneamente de cierto pinochetismo, que dentro de ella todavía existen “filósofos como Labbé” y diputados como Moreira.

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