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¿Hay diferencia entre los que mandan y los que obedecen?: Pinochet y Krassnoff

por 21 noviembre 2011

Lo que nos muestra el affaire Labbé-Krassnoff es la persistencia en cierta derecha de una negación de reconocer lo evidente: en el gobierno militar, de modo estructural, no como casos aislados, se recurrió a una política de violación de los derechos humanos cuando se estimó conveniente.

No existe documento firmado por Hitler dando instrucciones sobre la realización del Holocausto. Verbalmente, hay sólo un testimonio de su conocimiento. Nadie duda en la Alemania democrática de post-guerra de su responsabilidad. Nadie haría diferencia entre Hitler y Himmler. Todos lo consideran como parte de una relación en la cual unos mandan otros obedecen, y el que instruye se puede cuidar más que el que ejecuta.

Visto así, ¿por qué nos escandalizamos tanto por un homenaje  a Krassnoff? ¿No habría que escandalizarse por  igual con un tributo a Pinochet?

Desde un punto de vista histórico, moral y de aplicación de la lógica, no hay diferencia entre unos y otros. Por años se trató de establecer una diferencia entre Pinochet y sus subalternos, la cual  no resiste mayor análisis hoy en día. Salvo que alguien crea que el ex gobernante carecía de autoridad y era un monigote de las circunstancias. De lo contrario, es imposible sostener que una institución como la DINA con infinidad de recursos, que legalmente sólo le reportaba al “gran jefe”, pudiese actuar sin su conocimiento.

Lo que nos muestra el affaire Labbé-Krassnoff es la persistencia en cierta derecha de una negación de reconocer lo evidente: en el gobierno militar, de modo estructural, no como casos aislados, se recurrió  a una política de violación de los derechos humanos cuando se estimó conveniente.

En la derecha francesa democrática sería impensable un defensor del gobierno de Vichy, lo mismo respecto del nazismo en la de Merkel o del Salazarismo en Portugal. En todos esos casos, así como en muchos más, el resultado sería la expulsión inmediata del partido y las respectivas acciones judiciales. Nada de eso ocurrirá en éste caso. La sombra de los partidarios del “Tata” sigue siendo muy fuerte en la derecha. Por cierto, históricamente, han existido excepciones: el propio Presidente, el actual Ministro de Defensa, entre muchos otros. Los Bulnes y Hinzpeter son parte de esa tradición de recuperación de un sentido democrático en la derecha inaugurado por Allamand y Piñera. Buena parte de los ataques recibidos por todos ellos en los años 80 y 90 por parte del  mainstream de la derecha se debió  a eso. Se les acusaba de traidores. Han surgido en la derecha nuevas voces como Rubilar, Sabat, Godoy, Bellolio y muchos otros, que marcan una clara diferencia en éstos temas pero no son mayoría dentro de las estructuras partidarias. Tampoco lo son los Chadwick y von Baer en la UDI.

Los fantasmas de “homenajes” no van a desaparecer hasta que exista, en la derecha, una centro-derecha democrática dominante, dispuesta a expulsar de sus filas a los sectores extremistas, activa en denunciar comentaristas mercurianos del totalitarismo de derecha. Una centro-derecha que repudie por igual a los Castro y a los Pinochet.  En eso, el binominal atenta contra la renovación aun necesaria en la derecha. Hace todavía más difícil una necesaria segregación.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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