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El Chile que se fue, el Chile del mañana

por 1 diciembre 2011

No hay seguir impávidos ante una economía donde la reforma de Chicago no ha sido lo suficiente, aún, como para destrabar una cultura que, a diferencia de la sajona, está muchas veces acomodada, o bien enquistada en costumbres, beneficios y proteccionismos no sólo históricos sino que añosos.

“El resultado de un modelo que arrase con la protección arancelaria y exalte la libertad de empresa depende de la mentalidad donde se afinque. De poco servirá decretar liberalismo económico si las neuronas siguen improntadas por el estatismo ibérico, y el gobierno, en vez de arbitrar el fair play de oferta y demanda, ampara cuencas de privilegio- concesiones y monopolios-que merman la libre iniciativa.”

La célebre frase pertenece a una notable obra literaria que don Pablo Huneeus escribió a fines de los años 70 y que se llama “Nuestra Mentalidad Emprendedora”. Esta pieza literaria, relanzada durante este año, nos muestra, con un nivel de agudeza extremo, las diferencias, desencantos y aproximaciones en torno a nuestra cultura empresarial, desde nuestros orígenes hasta el presente, desde los conquistadores españoles y sus esfuerzos por obtener el monopolio respectivo de parte de la monarquía, hasta el emprendedor de hoy día, agobiado.

Pero aquel es el Chile que uno espera que se vaya, se aleje, y estemos, luego, en presencia de un nuevo país, un nuevo Chile, donde impere, por sobre todo, la sana competencia. Porque no hay seguir impávidos ante una economía donde la reforma de Chicago no ha sido lo suficiente, aún, como para destrabar una cultura que, a diferencia de la sajona, está muchas veces acomodada, o bien enquistada en costumbres, beneficios y proteccionismos no sólo históricos sino que añosos.

No hay seguir impávidos ante una economía donde la reforma de Chicago no ha sido lo suficiente, aún, como para destrabar una cultura que, a diferencia de la sajona, está muchas veces acomodada, o bien enquistada en costumbres, beneficios y proteccionismos no sólo históricos sino que añosos.

“Mientras la gesta de Cristóbal Colón es de gobierno, la de Christopher Jones, capitán  propietario del 25% de la carabela Mayflower, es de libre iniciativa. Una es campaña del pillaje, van a buscar algo para traérselo, la otra es éxodo migratorio, los 102 pasajeros que el miércoles 16-sep-1620 se embarcan en el puerto de Plymouth, Inglaterra, van a quedarse.

Quienes a fines del siglo XVI se adelantan desde España a cruzar el Atlántico son puros machos (…) En cambio, quienes 128 años más tarde emprenden lo que se considera ser el asentamiento fundacional de Estados Unidos, viajan en familia, con mujeres y niños (…)

Aunque las naves Santa María y Mayflower cruzan en paralelo desde Europa hacia América, y ambas unen mundos, llevan en la mente de sus viajeros el germen de distintas economías. La primera es el epítome del capitalismo hispánico, forma de emprender bajo el patronazgo del Estado, en este caso los reyes de Castilla y Aragón (…) La segunda, es la encarnación del capitalismo liberal.

Porque casos criollos de ese capitalismo ibérico, como aquellos que describe Huneeus en sus orígenes, hay cientos, y por doquier. A saber, con una industria aérea, por cierto, protegida al amparo de una política de cielos abiertos que no es tal, donde cabe aplicar el mismo principio proteccionista al cabotaje marítimo; donde las AFP, cuya competencia finalmente es desafiada, hoy día se ve severamente limitada al imperativo legal para cotizar; donde las sociedades de apoyo al giro bancario y filiales bancarias compiten en ventaja frente al resto, apalancándose muchas de éstas en las bases de clientes bancarios para el uso de sus propios fines comerciales; donde ciertos actores de la gran industria pesquera se oponen a toda posibilidad de licitar cuotas pesqueras toda vez que afirman ostentar “derechos históricos”; en fin, donde notarios y conservadores se niegan a reformar competitivamente el sistema, a pesar de los indicios habidos en aquella dirección.

Es cierto. Huneeus tiene la razón. Tenemos un potente resabio de nuestros antepasados que nos induce a proteger nuestro propio feudo y que no podemos ocultar.

En consecuencia, debemos ser capaces de generar las mejores condiciones de competencia, cosa de allanar la cancha para que cientos y miles de emprendedores, jóvenes y viejos también, salgan a la cancha; crear las condiciones de libertad y emprendimiento insertos en economías que, como las sajonas, han sabido agradecer lo que con generosidad Dios les ha dado; fundar, en definitiva, un Chile del mañana donde actores, autoridades de competencia y sectoriales, todos, seamos capaces y estemos dispuestos a eliminar aquellas “cuencas de privilegio -concesiones y monopolios- que (como dice Huneeus) merman la libre iniciativa”. Porque no sólo un emprendedor sino que la señora Juanita lo agradecerán.

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