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La teledemocracia

por 1 diciembre 2011

La teledemocracia
Como es especialmente la televisión el arma más eficaz de la “teledemocracia”, los noticiarios centrales se han convertido en el nuevo “circo romano” del siglo XXI, donde cada noche y a través de cuñas o imágenes de 30 segundos, el “respetable” levanta o baja su dedo, para determinar la vida o la muerte política de algún “líder” o idea.

Sesiones de 29 horas seguidas. Congresistas cayéndose de sueño después de eternas jornadas de votaciones en la Ley de Presupuesto 2012.

Dramáticas conferencias de prensa, con parlamentarios eufóricos amenazando al Gobierno con votar en contra si no se “escucha a la gente”. Rechazo a la ley de reajuste del sector público y “cuñas” de diputados ansiosos por demostrar que están “junto a los trabajadores”.

Todos síntomas de que una tendencia, que sin ser nueva, se ha manifestado con gran intensidad en las últimas semanas: la llamada “teledemocracia”.

La opinión pública (espacio donde se debaten ideas y se consolidan posiciones) es remplazada lenta pero inexorablemente, por el “público”.

En su nuevo rol opositor, la Concertación ha hecho de la “teledemocracia” su estrategia  principal y, para ello, se ha comprometido a fondo en crear un clima de constante conflicto, que les permita generar no ideas sino que emociones o estados de ánimos determinados.

El “público”, entendido como aquella masa informe que colma la platea de todo buen espectáculo, se ha convertido en el verdadero objeto de la acción política en el último tiempo y  así, la política como combate de ideas ha sido sustituida por la política como espectáculo.

Entendida la política como espectáculo, al público hay que mantenerlo atento, despierto, con sus emociones a flor de piel. Para eso, se compite no por ideas, sino por mensajes, símbolos o rituales que logren sacar de su pasividad a un electorado cada vez más apático.

Es el ritual de todos los años, sesionando hasta la madrugada para despachar la Ley de Presupuesto o el símbolo de negarse a un reajuste de los empleados públicos, catalogándolo de “mezquino”.

Como es especialmente la televisión el arma más eficaz de la “teledemocracia”, los noticiarios centrales se han convertido en el nuevo “circo romano” del siglo XXI, donde cada noche y a través de cuñas o imágenes de 30 segundos, el “respetable” levanta o baja su dedo, para determinar la vida o la muerte política de algún “líder” o idea.

En su nuevo rol opositor, la Concertación ha hecho de la “teledemocracia” su estrategia  principal y, para ello, se ha comprometido a fondo en crear un clima de constante conflicto, que les permita generar no ideas sino que emociones o estados de ánimos determinados.

Vuelve la Concertación a la vieja estrategia de sembrar el caos, pero hoy, utilizando no ya las barricadas o las jornadas de protestas,  a las cuales no tiene  capacidad de convocar (como lo ha demostrado la patética intención de subirse al carro de las marchas estudiantiles, sin ningún éxito), sino que a través del espectáculo político para atraer la atención y las emociones del público.

Ya no importa lo bueno o lo malo de un determinado proyecto de ley. Ya no importa la búsqueda responsable de acuerdos políticos. La Concertación ha tomado la decisión de lanzarse a la arena del circo romano y entretener al “público” a cualquier costo.

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