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Aportes basales a las universidades

por 3 diciembre 2011

La idea de limitar los aportes basales exclusivamente a las universidades estatales aparece como miope, porque lo considera sólo como un instrumento de financiamiento, y arbitrariamente discriminatorio, porque excluye instituciones que cumplen o pueden cumplir con los objetivos que debe tener el Estado de Chile para la educación universitaria.

Uno de los temas relevantes, discutido actualmente, sobre el financiamiento universitario es el de los aportes basales a las universidades. El objetivo de este tipo de aporte es financiar actividad que es socialmente relevante, pero que es difícil de financiar mediante “pago por prestaciones directas”.

Actividades como la investigación científica y la extensión hacia la comunidad son claramente actividades que cumplen con las características requeridas para un aporte basal. Una parte considerable de la investigación, especialmente la investigación básica, no puede ser financiada directamente por los “usuarios de este servicio”. Ello porque no sabemos realmente cuál es la utilidad que va a prestar esta investigación, ahora o en el futuro, a los distintos miembros de la comunidad, y por ende, no tenemos idea qué tarifa cobrar por ella, ni menos cuánto van a estar los individuos dispuestos a pagar por que se realice este tipo de investigación. Y, al mismo tiempo, la investigación es sumamente importante para que la sociedad resuelva muchos de los problemas que la aquejan, como son las enfermedades, los cataclismos, la pobreza, etc. etc.

La idea de limitar los aportes basales exclusivamente a las universidades estatales aparece como miope, porque lo considera sólo como un instrumento de financiamiento, y arbitrariamente discriminatorio, porque excluye instituciones que cumplen o pueden cumplir con los objetivos que debe tener el Estado de Chile para la educación universitaria.

Lo mismo sucede con la extensión universitaria, como puede ser la difusión de actividades académicas y/o artísticas que realizan las universidades. Claramente puede ser difícil a través de aportes directos de los miembros de la comunidad obtener financiamiento para los sueldos de los profesionales que trabajan en una orquesta universitaria y que difunden la música a todos los rincones del país. Y sin embargo este tipo de iniciativas es importante para el desarrollo cultural de la población. Entonces, para financiar este tipo de actividades relevantes para la sociedad se requiere un sistema de financiamiento a las universidades, como el de aportes basales, que entregue los medios para su adecuado desarrollo.

El sistema actual de financiamiento de las universidades tradicionales incorpora un sistema de financiamiento de este tipo. Se trata del llamado aporte fiscal directo (AFD). No es la idea en este artículo analizar este sistema. Baste decir que el monto del financiamiento es insuficiente para la dimensión de las actividades que desarrollan las universidades tradicionales y que requieren este tipo de financiamiento. Además, básicamente, el monto del financiamiento entregado a cada universidad no está relacionado con el nivel de actividad desarrollado por éstas. Una consecuencia que esto ha tenido es que las universidades han tenido que extraer fondos de otras fuentes de ingreso para financiar las actividades que requieren financiamiento basal. Una fuente de ingresos, con mucha seguridad, han sido los aranceles que pagan los estudiantes. De esta forma, las familias que envían sus hijos a estudiar, indirectamente, están pagando parte del financiamiento para las actividades de investigación y extensión. Por ello, la propuesta de aumentar y revisar el sistema de aportes basales, debería tener como un efecto colateral, reducir el monto y/o ritmo de crecimiento de los aranceles universitarios.

Preguntas que parecen importante de plantear, en este contexto, son: ¿cómo se deben fijar los montos de los aportes basales? y ¿a quién deben ir dirigidos? Recientemente, el bloque de la oposición política con presencia parlamentaria planteó que estos aportes deberían ser dirigidos exclusivamente a las universidades estatales y aparentemente como una forma de financiar los déficits que arrastran estas instituciones. La idea básica es que las universidades estatales son propiedad del Estado, y éste debería en primera instancia preocuparse por sus universidades. Si bien una universidad estatal saludable es importante, hay que entenderla como un instrumento para alcanzar los fines que el Estado se plantea en términos de educación universitaria, y no un objetivo en sí mismo. Es decir, tener universidades estatales que no cumplen con los objetivos educativos que se plantea el Estado de Chile no tiene sentido. Esto debería llevar el foco de la discusión sobre los aportes basales a lo que realmente es importante y que tiene que ver con el tipo de universidad y de educación que la Nación desea.

En mi opinión, el Estado debería fomentar el desarrollo de una educación de calidad, pluralista y laica, que nivele las oportunidades para estudiantes de distintos estratos socioeconómicos, sin fines de lucro, con trasparencia financiera y administrativa, para mencionar las características más importantes. En la medida que las instituciones cumplan con estos requisitos (u otros que democráticamente se acordaran) el Estado debería estar dispuesto a financiar sus actividades independientemente si se trata de una universidad estatal o no estatal. Es decir, el aporte basal se debería ver como un contrato que establece el Estado con la institución por una educación de calidad y que responde a los criterios antes mencionados. En este contexto, el aporte basal debe ser visto no sólo como un instrumento que permite resolver problemas financieros de las universidades, sino que a la vez como un instrumento que fomenta el desarrollo de determinado tipo de educación, determinados tipos de actividades académicas, y determinado tipo de instituciones: el desarrollo de una universidad al servicio de los objetivos educativos, académicos, y culturales del Estado de Chile.

En este sentido, la idea de limitar los aportes basales exclusivamente a las universidades estatales aparece como miope, porque lo considera sólo como un instrumento de financiamiento, y arbitrariamente discriminatorio, porque excluye instituciones que cumplen o pueden cumplir con los objetivos que debe tener el Estado de Chile para la educación universitaria.

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