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El naipe se está re barajando

por 3 diciembre 2011

No toda movilización genera un cambio institucional, un cambio en las reglas del juego. Ello solo sucede cuando el peso de la acción de quienes están por ese cambio es suficientemente fuerte para modificar las relaciones de poder. Que entramos en una espiral de transformaciones parece innegable. Que hay un ciclo que se está cerrando para dar luz a otro nuevo cuyas características recién avizoramos, también.

Durante los últimos 20 años de democracia, la Concertación  contuvo la movilización social gracias a la confianza que la ciudadanía depositó en ella, aceptando que se podía avanzar solo “en la medida de lo posible”.

Para muchos, Chile pasó a ser un país políticamente aburrido, donde los gobiernos de una misma coalición se  sucedieron por dos décadas.  El sistema binominal ayudó a mantener el statu quo, mientras los sucesivos Ministros de Hacienda de los gobiernos concertacionistas aseguraron el pleno imperio de las reglas mercado.

Es innegable que hubo avances. En política social, especialmente, donde la reforma previsional de la Presidenta Bachelet marcó un hito. En materia de regulación de los mercados se hizo mucho menos y algo ocurrió en materia de desarrollo productivo e innovación, impulsado por CORFO. Todo ello, eso sí,  bajo una firme alianza con el gran capital. Los acuerdos de las mesas de diálogo con la Confederación de la Producción y el Comercio y la SOFOFA marcaron durante años la cancha. Hoy, comienzan a marcarla los ciudadanos movilizados.

No toda movilización genera un cambio institucional,  un cambio en las reglas del juego. Ello solo sucede cuando el peso de la acción de quienes están por ese cambio es suficientemente fuerte para modificar las relaciones de poder. Que entramos en una espiral de transformaciones parece innegable. Que hay un ciclo que se está cerrando para dar luz a otro nuevo cuyas características recién avizoramos, también.

El Talón de Aquiles del modelo de desarrollo chileno fue y es la desigualdad: los beneficios del crecimiento se acumularon en el décimo de la población más rica, mientras el resto se endeudó para obtener bienes inalcanzables con sus reducidos ingresos. El sector financiero y el retail se enriquecieron a su costa. La estafa de La Polar a miles de personas de bajos ingresos  evidenció la falta de regulación  al mercado financiero y del retail. Se da hoy la paradoja de que son los representantes del neoliberalismo los que se ven obligados a fortalecer los controles y crear el SERNAC financiero.

El espejismo de bienestar consumista anestesió y postergó los reclamos ciudadanos frente al abuso. En las últimas elecciones presidenciales,  más del 50% de los votantes prefirió a Sebastián Piñera, apostando a un cambio que no llegó. Entonces la ciudadanía, comenzó a reclamar: primero contra el proyecto Barrancones en Punta de Choros y luego contra HidroAysén. Pero no solo defendían el medio ambiente y un desarrollo sustentable: protestaban contra el afán de lucro de los conglomerados energéticos, que se volverían a embolsar grandes ganancias a costa del país.

La movilización siguió con los estudiantes y sus familias, que  exigen el fin al lucro, la desmunicipalización, la gratuidad y calidad de la educación y el freno al endeudamiento. Y ya quedó claro que los estudiantes luchan por una reforma estructural: buscan que el Estado se haga cargo de un sistema nacional de educación pública que abra las puertas, como ha sucedido en otros países, a la integración social.

Después de siete meses de movilizaciones la presión social ha ido escalando. Abrió el espacio para debatir una reforma tributaria redistributiva que permita financiar un nuevo modelo de educación pública. Y allanó  el camino para una reforma constitucional que acabe con el sistema  binominal y la crisis de representatividad del sistema político.

La disputa  AngloAmerican-CODELCO reavivó un tema por el cual, hasta hace unos meses atrás, nadie daba un peso: la nacionalización de las riquezas básicas.  La voracidad de la multinacional, llevó incluso  a plantear  la revisión de la legislación minera, en materia tributaria. Se abrió la caja de Pandora.

Así las cosas, es dable pensar que el 2012 será un año agitado en particular por las elecciones municipales. En ese contexto de promesas y competencia electoral  es fácil imaginar que habrá nuevas demandas. Temas como la salud, con las   enormes utilidades de las ISAPRES y la regular calidad de la salud pública,  o la calidad del empleo  y los bajos salarios  se sumarán a la lista de las reivindicaciones por mayor justicia.

No toda movilización genera un cambio institucional,  un cambio en las reglas del juego. Ello solo sucede cuando el peso de la acción de quienes están por ese cambio es suficientemente fuerte para modificar las relaciones de poder. Que entramos en una espiral de transformaciones parece innegable. Que hay un ciclo que se está cerrando para dar luz a otro nuevo cuyas características recién avizoramos, también. El naipe definitivamente se está re barajando, habrá que ver cómo y cuánto cambia la distribución de las cartas.

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