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Taiwán, la China democrática

por 4 diciembre 2011

La República de China es el octavo socio comercial de Chile, y ciertamente podríamos aprender mucho de su experiencia en cuanto a la decisión de sus políticas públicas, su constante accountability, su gran apuesta por el trabajo mancomunado entre el sector público y privado en el desarrollo del país, y su apuesta por las PYMEs.

Mucho se ha escrito acerca de la indiscutible instalación de la República Popular China como la segunda potencia económica mundial, después de Estados Unidos, con una increíble tasa de crecimiento del PIB en torno al nueve por ciento anual durante las últimas dos décadas. Y ya no son pocos los estudios que afirman que el gigante asiático se convertirá en la primera economía del orbe antes del 2040.

Hoy la China comunista es el primer socio comercial de Chile y de América Latina, con un mercado interno de más de mil 300 millones de habitantes, cada vez con mayor poder adquisitivo, y que por lo mismo día a día demandan más bienes de consumo.

Muy probablemente ese tonelaje cada vez mayor de la República Popular China en el dinamismo de la economía mundial ha llevado a hacer vista gorda a las restricciones a las libertades individuales, e incluso a serias denuncias de  violaciones a los derechos humanos en el régimen comunista. También esa misma relevancia económica ha hecho que la comunidad internacional pase por alto la realidad de la otra China, la República de China, más conocida como Taiwán.

La República de China es el octavo socio comercial de Chile, y ciertamente podríamos aprender mucho de su experiencia en cuanto a la decisión de sus políticas públicas, su constante accountability, su gran apuesta por el trabajo mancomunado entre el sector público y privado en el desarrollo del país, y su apuesta por las PYMEs.

Desde 1949, tras más de dos décadas de una cruenta guerra civil, el gobernante partido Kuomintang con el Presidente Chiang Kai-Shek a la cabeza, debió huir a la Isla de Formosa (Taiwán) donde continuaría ejerciendo el poder.

Hace sólo unos días tuve la oportunidad de conocer la República de China y aprender más acerca de su impresionante proceso de cambio en apenas unas décadas, pasando de ser un país semi dictatorial a una república democrática plena, que dejó atrás el subdesarrollo convirtiendo su economía en una de las líderes en nuevas tecnologías.

Varios estudiosos del tema han hablado acerca del “milagro económico de Taiwán”, que cambió desde la década del 50 una economía de mano de obra intensiva hasta llegar a la década del 2000 a una economía hi-tech, con un promedio de crecimiento anual entre 1951 y 2001 del 8.1%.

La verdad es que recorriendo el Instituto de Investigación de Tecnología Industrial (ITRI), el parque científico de Hsinchu, o el parque de software de Kaohsung, uno comprende que no existe tal milagro taiwanés, sino una planificación ordenada y un trabajo sistemático de años, que han llevado a que la República de China hoy ostente cifras tan impactantes el 95.3% del market share mundial de notebooks, o el 93.5% de tarjetas madre, y el 71.8% de los monitores de LCD.

El PIB per cápita cercano a 20 mil dólares que hoy registra Taiwán se ha conseguido a pesar de serias dificultades diplomáticas, ya que la República de China dejó de pertenecer a las Naciones Unidas en 1971, y en la actualidad sólo 23 países reconocen a Taiwán como la República de China.

Fruto de una gran habilidad en sus relaciones internacionales, y a una lenta pero sostenida mejora en las conversaciones con la China comunista, Taiwán consiguió ser aceptado como observador en 21 organizaciones intergubernamentales de la talla de la OCDE, el BID, la OMS y la OMC, pero aún no consigue ser miembro pleno por la tenaz oposición del régimen de Beijing, que no duda en hacer presente su poderío económico mundial.

La República de China es el octavo socio comercial de Chile, y ciertamente podríamos aprender mucho de su experiencia en cuanto a la decisión de sus políticas públicas, su constante accountability, su gran apuesta por el trabajo mancomunado entre el sector público y privado en el desarrollo del país, y su apuesta por las PYMEs.

Hoy Chile, sin echar pie atrás en la relación preponderante que mantiene con la República Popular China, puede también dar un salto en sus vínculos con Taiwán, partiendo por la eliminación de la solicitud de visa, y ejerciendo sus buenos oficios para que las tratativas entre los dos países del estrecho de Formosa puedan continuar por un rumbo de prosperidad y respeto mutuo.

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