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No Más Lucro en las AFP

por 7 diciembre 2011

Ha llegado el momento de terminar con este sistema abusivo, que a lo largo de tres décadas ha venido expropiando las contribuciones de los trabajadores a la seguridad social, mientras el Estado debe cargar con casi todas las pensiones. Las AFP no son un sistema de previsión sino de ahorro forzoso de los trabajadores en beneficio de los grandes grupos financieros.

Las AFP lucran escandalosamente con la previsión y han dejado a los chilenos y muy especialmente a las chilenas, sin pensiones que merezcan el nombre de tales. Ahora se preparan para echarle el guante a los ingresos de los trabajadores y trabajadoras independientes. Como si fuera poco, han anunciado que pretenden subir las cotizaciones y aumentar la edad de jubilación, especialmente a las mujeres, agravando su discriminación actual. Al mismo tiempo que pierden a manos llenas el dinero de sus afiliados en el casino de los mercados financieros mundiales.

El país va a repudiar estos nuevos abusos. Los independientes harán uso de su derecho transitorio a negarse a estos descuentos. Se rechazará tajantemente la elevación de las cotizaciones y edad de jubilación.

Ha llegado el momento de terminar con este sistema abusivo, que a lo largo de tres décadas ha venido expropiando las contribuciones de los trabajadores a la seguridad social, mientras el Estado debe cargar con casi todas las pensiones. Las AFP no son un sistema de previsión sino de ahorro forzoso de los trabajadores en beneficio de los grandes grupos financieros.

Hay que acabar con el lucro en la previsión y restablecer el sistema público de pensiones, basado en el esquema solidario, que ha venido entregando pensiones dignas a lo largo de un siglo en todos los países desarrollados.

Las AFP y compañías de seguros relacionadas se han embolsado uno de cada tres pesos cotizados por sus afilados desde 1981 hasta ahora, según consta en los balances del propio sistema. El grueso de los otros dos pesos lo transfieren a sus compinches en forma de préstamos y capital accionario: la mitad de sus inversiones en Chile se encuentra en manos de sólo doce grandes grupos económicos encabezados por los dueños de las AFP, que se llevan la parte del león. Uno de ellos era La Polar, cuyas emisiones de bonos eran organizadas por el banco propietario de la principal AFP, que las suscribía con fondos de los afiliados para cubrir deudas impagas de esta fraudulenta empresa con el mismo banco.

El sistema de AFP no otorga a nadie pensiones que merezcan el nombre de tales. Ello fue asumido parcialmente por la reforma de la Presidenta Bachelet, mediante la cual el Estado se tuvo que hacer cargo de otorgar beneficios solidarios al 60 por ciento de los afiliados con pensiones inferiores a los 200,000 pesos (unos 400 dólares) mensuales. En su gran mayoría, sencillamente no recibían nada de las AFP.

Sin embargo, el 40 por ciento restante de afiliados de sectores medios tampoco reciben pensiones que les permitan retirarse en condiciones mínimamente adecuadas. Ello se puede comprobar con los siguientes casos reales.

Una jueza, que intenta jubilar al cumplir la edad legal para hacerlo tras cotizar toda su vida sin fallar un solo mes y por el sueldo tope, obtiene una pensión de 330.000 pesos (unos 600 dólares) mensuales. Eso representa menos de la décima parte de su sueldo, por lo cual simplemente no puede jubilar. Dirán que fue afectada por el daño previsional ocasionado por la sub cotización a los empleados públicos durante los años 1980 y es  cierto. Sin embargo, una médico con la misma trayectoria de cotizaciones, pero que ha trabajado toda la vida en el sector privado, obtiene una pensión de 465.000 pesos (unos 930 dólares) mensuales, cerca de una octava tercera parte de sus ingresos en actividad. Tampoco puede dejar de trabajar.

Se dirá que ambas son mujeres, mientras un hombre que jubila al cumplir la respectiva edad legal obtiene una pensión un tercio mayor con el mismo fondo acumulado, lo que es verdad. Constituye una discriminación flagrante y masiva contra las mujeres, que se ha denunciado a los tribunales y ante la OIT y está prohibida en la Unión Europea. Ellas son el único grupo al cual se discrimina en razón de su mayor expectativa de vida, en circunstancias que los habitantes de comunas de altos ingresos, por ejemplo, promedian mucho más años de vida que los habitantes de comunas pobres y no se les reducen por ello las pensiones como se hace con las mujeres.

Sin embargo todos, especialmente las mujeres pero también los hombres, que han cotizado sin "lagunas" y por el tope, obtienen pensiones muy inferiores a las que perciben sus colegas con similares historias previsionales, pero que tuvieron la suerte de permanecer en el antiguo sistema público: estos últimos, tanto hombres como mujeres, obtienen la pensión pública tope, que actualmente es de alrededor de 1.100.000 pesos (unos 2.200 dólares) mensuales.

Si tal es la situación de los cotizantes ejemplares ¿que queda para la abrumadora mayoría de los afiliados que cotizan por remuneraciones más bajas y presentan abundantes lagunas previsionales? Ellos y especialmente ellas, obtienen de las AFP muy poco más que los beneficiarios de los aportes solidarios, es decir, poco más de 200.000 pesos (unos 400 dolares) mensuales. Esas no son pensiones para el grueso de la clase media, puesto que representan una fracción de sus ingresos en actividad, especialmente en el caso de las mujeres: Los chilenos y las chilenas no cuentan con un verdadero sistema de pensiones.

Esta situación se ha agravado considerablemente debido a las multimillonarias pérdidas experimentadas por los fondos AFP durante la crisis en curso. El 2008 perdieron un tercio del fondo total y la mitad de los fondos más riesgosos, lo que equivale a un 60 por ciento de todo lo que supuestamente ganaron en las tres décadas precedentes. En lugar de poner los fondos a buen recaudo hasta que pase la crisis, aumentaron irresponsablemente su exposición a las inversiones más riesgosas, incluyendo derivados financieros. No les sirvió de nada, puesto que luego de una fugaz recuperación el 2009 y 2010, han reanudado sus pérdidas millonarias el 2011. De este modo, en los últimos cuatro años y medio no solo no han ganado nada, sino que han perdido miles de millones de dólares de sus afiliados.
Dichas pérdidas van a continuar, hasta que el rendimiento de largo plazo de los fondos de pensiones, que supuestamente sigue siendo muy elevado, entre en línea con lo que se valorizan los mercados financieros en el largo plazo, que es del orden de uno por ciento real anual. La crisis ha recordado la vieja verdad descubierta por Adam Smith: en el largo plazo nada puede crecer más que la economía real y el producto interno bruto lo hace a tasas del orden del dos por ciento por año, en promedio: Todo lo demás es ilusión y la crisis lo terminará de desinflar.

Se está conformando un movimiento muy amplio que exige el término del lucro en las AFP y la reconstrucción del sistema público para garantizar pensiones dignas a los chilenos y chilenas. El nuevo sistema se basará nuevamente en el esquema de reparto, que no es sino un clásico mecanismo de seguros, mediante el cual las cotizaciones de los trabajadores en actividad se utilizan para pagar las pensiones de los jubilados. Dicho esquema ha demostrado su solidez y sustentabilidad otorgando pensiones muy decentes a lo largo de más un siglo a poblaciones mucho más maduras que la chilena, que es muy joven.

Todos ellos dejan cuantiosos excedentes de caja año tras año a los respectivos Estados, al igual como ocurría en Chile hasta 1981, cuando un tercio de las cotizaciones quedaba como excedente, según un estudio de la Universidad Católica encargado por las propias AFP. Lo mismo ha ocurrido en los cuatro países que han terminado con sus AFP en el curso del último año: Argentina, Bolivia, Hungría y Polonia, los dos últimos con gobiernos de ultra derecha y centro derecha, respectivamente. Así ocurrirá en Chile cuando se ponga término a este sistema: Las cotizaciones volverán a utilizarse para pagar pensiones, lo que dejará un excedente fiscal equivalente al 30 por ciento del gasto público social, que se podrá volver a destinar a educación y salud.

La majadera propaganda del sistema financiero, que anuncia la "quiebra" de los sistemas de reparto ante el aumento de la edad de las respectivas poblaciones, se basa en cálculos actuariales que proyectan déficit en años por venir, si no se incrementa levemente la edad de jubilación y el monto de los descuentos. Eso es precisamente lo que han venido haciendo estos países para equilibrar sus cuentas, lo que les ha permitido hacer sostenibles sus sistemas de reparto con poblaciones de adultos mayores que duplican a la chilena, como proporción de la población.

Tampoco hay drama ninguno con el manido "envejecimiento" de la población. De hecho, el incremento de la edad promedio reduce el número de pasivos que debe sostener cada persona en edad activa, puesto que el número de jóvenes que ingresan a la fuerza de trabajo es muchísimo mayor que el número de adultos que se retiran de ella, cada año. Es lo que NN.UU. denomina "bono demográfico" y beneficiará al mundo en su conjunto hasta fin de siglo XXI, a América Latina hasta mediados del mismo y a Chile hasta la década venidera. Los países más desarrollados, que ya no cuentan con dicho bono, aumentan moderadamente la edad de jubilación y los descuentos, como se ha mencionado.

En Chile no hay justificación alguna para elevarlos, como pretende hacer el Gobierno de Piñera. La única causa de las bajas pensiones en Chile es que las AFP no destinan las cotizaciones a pagar pensiones, sino a lucrar con ellas en los mercados financieros. El rechazo a tales intentos será multitudinario y unánime en la oposición.

Asimismo, por estos motivos, los trabajadores independientes rechazarán masivamente el intento de descontar de sus ingresos una cotización para las AFP. Este descuento empezará a operar automaticamente partir del 2012 y el Servicio de Impuestos Internos descontará las cotizaciones no pagadas de las devoluciones de impuestos. Sin embargo, hasta el 2015 existe la posibilidad que el afiliado rechace dichos cobros, para lo cual tiene que comunicar su negativa a las autoridades pertinentes. Las organizaciones sociales iniciarán una campaña para informar a la población acerca de esta posibilidad, de modo de contrarrestar la avalancha de propaganda que han iniciado las AFP para promocionar dichos cobros.

Para mejorar las pensiones hay que terminar con las AFP y no permitir que expropien una porción aún mayor de los ingresos de la fuerza de trabajo durante más años todavía.

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