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Los pollos vivarachos

por 8 diciembre 2011

Los pollos vivarachos
Estoy seguro que muchos de los actuales miembros del llamado “cartel de los pollos” se deben sentir injustamente tratados por la prensa y las autoridades. Ellos a la palestra como unos vulgares delincuentes… ¡Por favor! Ellos que entregan pollos de calidad, a buen precio, dan empleo, generan riquezas para el país. ¡Que injusticia!

En los últimos años, en nuestro país hemos avanzado bastante en la regulación sobre libre competencia y en la especialización e independencia de los organismos encargados de velar por ella.

Sin embargo, dichos avances no van de la mano con la conciencia de parte importante del empresariado de considerar, en su fuero interno, que los atentados a la libre competencia constituyen un delito “real”, moral y legalmente reprochable.

Es más, en Chile tenemos una cultura empresarial que incluso manifiesta justificaciones “morales” para atentar contra la libre competencia, pues muchos empresarios sienten que ofrecen un buen producto o servicio, de buena calidad y a un precio razonable.

A esto se suma otro argumento: somos una industria chilena, si no nos organizáramos, estaríamos inundados de pollos “extranjeros” y así, en base a defenderse de “las grandes cadenas internacionales” es que en los últimos 20 años no ha ingresado ningún actor nuevo al mercado. Es decir, han conformado, además, un club cerrado a cualquier desafiante incluso chileno.

La mayoría de ellos trabaja mucho y sienten que cumplen un rol para el país de una importancia suprema: ellos dan trabajo a miles de familias. Gracias a ellos, el país habría elevado ostensiblemente el nivel de vida de todos los chilenos en los últimos 30 años.

Es por lo anterior que uno puede ver en el requerimiento que presentó la Fiscalía Nacional Económica en contra del llamado “cartel de los pollos”, declaraciones de gerentes de dicha industria, que justifican sus acciones señalando que sólo  buscaban “un desarrollo razonable del sector”.

Este punto es lo especialmente grave en nuestro sistema de protección de la libre competencia.  Muchos empresarios en Chile ni siquiera son conscientes de que los atentados a la libre competencia sean un delito de “verdad”. Si bien saben que está sancionado, ni siquiera consideran que tenga la misma “sanción moral” que cualquier otro delito. No tienen conciencia moral de lo ilícito o criminal de dichos actos.

Es más, estoy seguro que muchos de los actuales miembros del llamado “cartel de los pollos” se deben sentir injustamente tratados por la prensa y las autoridades. Ellos a la palestra como unos vulgares delincuentes… ¡Por favor! Ellos que entregan pollos de calidad, a buen precio, dan empleo, generan riquezas para el país. ¡Que injusticia!

Cuando no existe esa conciencia moral de lo ilícito, se avanza cada vez más permitiendo actividades anexas que también se justifican con “permitir un desarrollo razonable del sector”. Así se aprecia en los antecedentes que aparecen en el mismo requerimiento de la FNE, que señala que estas mismas empresas, ante la obligación (a partir de 2009) de rotular las cantidades de agua y sal en sus productos, acordaron (se coludieron) en rotular con la expresión  “contiene  hasta un 15% de marinado”, para no tener que competir tampoco en dicho aspecto.

A esto se suma otro argumento: somos una industria chilena, si no nos organizáramos, estaríamos inundados de pollos “extranjeros” y así, en base a defenderse de “las grandes cadenas internacionales” es que en los últimos 20 años no ha ingresado ningún actor nuevo al mercado. Es decir, han conformado, además, un club cerrado a cualquier desafiante incluso chileno.

Es tal la inconsciencia de muchos de nuestros empresarios sobre la ilicitud de esos atentados a la libre competencia, que lo más probable es que si interrogáramos en un cuartel policial a alguno de los gerentes del “cartel de los pollos” y lográramos mostrarle lo inmoral y delictual de lo ocurrido, no faltaría alguno que dándose cuenta por una vez de la realidad, dijera: “Sí, comprendo. Quién lo diría…. ¡¡¡Estos pollos vivarachos!!!”.

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