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El presente del pinochetismo: entre la DINA y la democracia

por 11 diciembre 2011

El homenaje a Miguel Krassnoff, así como las expresiones del alcalde Labbé y de otras personas, van más allá de aquel “rito”, donde confluyen un grupo de familiares y amigos a congratular al otrora camarada “caído en desgracia”, aquello viene a exteriorizar el presente del Pinochetismo en el Chile reciente, en un sector de la sociedad (partidarios) y en una generación de uniformados formados bajo una concepción bélica de la política, sujetos a los cuales les inculcaron en sus mentes una especie de animadversión hacia el otro.

El pinochetismo, es decir, aquella especie de cultura o devoción tanto a la figura de Augusto Pinochet como a la dictadura militar, siguen estando muy presentes en la historia y memoria del Chile reciente. En los últimos días, hemos sido testigos del “homenaje” a Miguel Kassnoff, un sujeto condenado por graves violaciones a los Derechos Humanos. Sus amigos y defensores señalan que están ejerciendo el derecho a la libertad de expresión que tiene cualquier ciudadano; sin embargo, ¿dónde queda el aspecto ético y valórico de aquella libertad de expresión?, que decir del respeto a las víctimas y memoria histórica de este país.

Dentro de aquel sector, encontramos algunos connotados hombres de leyes, que hacen ostentación en sus columnas y entrevistas al mentado respeto del “Estado de Derecho”. Al parecer, en este caso (según su visión), no sería tal, al afirmar que los 144 años de cárcel contra Krassnoff, constituyen una “persecución política” por servir a Chile, y no un debido proceso, desconociendo con aquello, todos los pasos y dictámenes de la justicia chilena.

El homenaje a Miguel Krassnoff, así como las expresiones del alcalde Labbé y de otras personas, van más allá de aquel “rito”, donde confluyen un grupo de familiares y amigos a congratular al otrora camarada “caído en desgracia”, aquello viene a exteriorizar el presente del Pinochetismo en el Chile reciente, en un sector de la sociedad (partidarios) y en una generación de uniformados formados bajo una concepción bélica de la política, sujetos a los cuales les inculcaron en sus mentes una especie de animadversión hacia el otro.

Por su parte, el alcalde Cristian Labbé, nos habla del respeto, tolerancia y otros temas “republicanos”; aquello, no debería llamar la atención, sin embargo, Labbé antes de llegar a convertirse en alcalde, fue un Coronel de Ejército, miembro de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y encargado de la seguridad de Augusto Pinochet, ¿qué de extraño, curioso o “negativo” puede tener aquello, más aun cuando el señor Labbé se ha sometido al escrutinio ciudadano en varias oportunidades?, es más, se ha ganado en la urnas (más allá de las imperfecciones de nuestro sistema democrático) su condición de máxima autoridad comunal; el punto es que su figura simboliza tres aspectos: en primer lugar una forma de concebir el orden y el poder, lo que podría graficarse en el sentido (concepto) de autoridad que él entiende; en segundo lugar, haber pertenecido a una de las instancias más repudiables de las cuales tenga recuerdo nuestro país, como fue la DINA, y en tercer lugar su proximidad con la figura de Augusto Pinochet, es decir con quien concentró el poder y encarno el autoritarismo por 17 años. Por tal motivo, resulta sorprendente escuchar al hoy alcalde y aquellos que homenajearon a Krassnoff, hablar de política cuando el gobierno del cual fueron participes, denostó la actividad política de manera recurrente o bien enarbolar las banderas de la “libertad de expresión”, “Estado de Derecho”, cuando el organismo del cual algunos de ellos fueron participes (DINA), lo que menos hizo fue obedecer el Estado de Derecho, que decir del respeto a los Derechos Humanos. En la práctica la DINA con el respaldo de Pinochet, representaba, interpretaba y ejecutaba el Estado de Derecho a su manera. Asimismo el Decreto Ley número 521 de junio de 1974 que creo dicho organismo, más la legalidad formal de la dictadura facilitó en la práctica el accionar de la DINA, incluso para estar por encima de la ley.

Tal como nos dice el informe de la Comisión Verdad y Reconciliación (Informe Rettig), la DINA fue expresamente creada con fines de represión política, encargada de reprimir a quienes se percibían como enemigos políticos, convirtiéndose con el tiempo en la entidad de apoyo para la consolidación del poder de Augusto Pinochet. De ahí que, “en efecto, aunque formalmente la DINA dependía de la Junta de Gobierno, en la práctica respondió solamente ante La Presidencia de la Junta de Gobierno, más tarde Presidencia de la República” (Informe Rettig).

Como expresa la profusa investigación de Carlos Huneeus sobre el Régimen de Pinochet, la DINA contaba con personal enrolado de las Fuerzas Armadas, Carabineros y numerosos colaboradores civiles, algunos de ellos reclutados del Frente Nacionalista Patria y Libertad que de manera subrepticia se movían en las reparaciones públicas y empresas privadas, desde donde compilaban información sobre los opositores a la dictadura.

Si bien en el papel la DINA figuraba como un organismo técnico y profesional encargado de reunir toda la información a nivel nacional con el propósito de producir inteligencia que se requería para la seguridad nacional, en la práctica -como apunta el informe Rettig- era una organización ilícita, que desde los primero días de su funcionamiento contó con apoyo económico de las autoridades de la época, así también con centros de detención en los cuales aplicó sistemáticamente la tortura como método para obtener información, situación que originó la muerte de numerosas personas. Conjuntamente con aquello dispuso de grupos especializados o brigadas encargadas de la detención y desaparición de compatriotas.

Entre sus víctimas no sólo estuvieron la izquierda (MIR, PS, PC) también todas aquellas organizaciones consideradas opositoras por la dictadura, entre las cuales se podía contar  entidades de la Iglesia Católica (seguimiento a obispos, sacerdotes y colaboradores laicos).

Pero el accionar de la DINA no se circunscribió a nivel nacional, su brazo se extendió al ámbito internacional con su “Departamento Exterior”, por ejemplo a través de los atentados al General Carlos Prats en Argentina (1974), al dirigente democratacristiano Bernardo Leignton en Roma (1975) y al ex ministro Orlando Letelier en Washington (1976). Este último y repudiable hecho, sumado a algunas presiones internas y externas, llevó a que Pinochet disolverá la DINA, siendo reemplazada por otra instancia de similares características como fue la CNI.

Citando nuevamente el informe Rettig, “…debe caracterizarse a la DINA como un organismo con facultades prácticamente omnímodas, lo que le permitía afectar los derechos básicos de las personas e incluso emplear su poder para ocultar sus actuaciones y asegurar su impunidad”.

¿Cómo se financiaba?, con fondos presupuestarios de carácter reservado y de otros recursos del Estado que le fueron asignados. Conjuntamente, creo empresas en Chile y el extranjero, se asoció con otras, todas ellas destinadas a operaciones comerciales. Asimismo, un número de empresas donaban dinero. Por último la DINA se apropió de vehículos y bienes de personas detenidas.

Volviendo al alcalde Labbé, al círculo de amigos, conocidos y partidarios que homenajearon a Krassnoff, en el fondo su accionar es un buen ejemplo de como el poder construye un tipo de orden que regula, disciplina, controla, da seguridad, se legitima en la construcción de la realidad y que al mismo tiempo expresa una concepción democrática funcionalista, preocupada preferentemente del orden y armonía social y que atribuye a la lucha, conflicto y disenso un valor negativo, peor aun que tras aquello, ve o sigue viendo (por un tema de mentalidad) la mano de la izquierda y del marxismo.

Por ello, circunscribir la realidad social a una especie de maniqueísmo y viejos fantasmas, no es otra cosa que apostar como señala Zygmunt Bauman por la insignificancia de la política, por una mala política, que al mismo tiempo se va convirtiendo (instituyendo) en el obstáculo principal para corregirla; no conforme con aquello y de manera complementaria se hace presente lo que Norbert Lechner denominaba “una creciente juridificación de las relaciones sociales (podría hablarse también de la “derechización social”, respecto al derecho y a la derecha) tendiente a asfixiar el conflicto social”.

Pero el homenaje a Miguel Krassnoff, así como las expresiones del alcalde Labbé y de otras personas, van más allá de aquel “rito”, donde confluyen un grupo de familiares y amigos a congratular al otrora camarada “caído en desgracia”, aquello viene a exteriorizar el presente del Pinochetismo en el Chile reciente, en un sector de la sociedad (partidarios) y en una generación de uniformados formados bajo una concepción bélica de la política, sujetos a los cuales les inculcaron en sus mentes una especie de animadversión hacia el otro (compatriotas), así como un sentido de superioridad moral (la última reserva moral de la Patria), siendo los peores ejemplos de aquello -entre tantos otros- Miguel Krassnoff, Manuel Contreras y Álvaro Corbalán.

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