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Un eje tragicómico: de Escalona-Latorre a Andrade-Walker

por 11 diciembre 2011

De una vez por todas, sin hacerse los “boludos”, debemos trabajar para construir una nueva mayoría cuya base se encuentra en el debate de ideas, programas y proyectos de país y, sobre todo, cambiar el sistema político, causante de esta grave crisis de representatividad. Y claramente este eje de conveniencia no va en ese camino.

El apoyo popular a los cuatro partidos de la Concertación es seguramente el más bajo de su historia: un 14% de aceptación, contra un 75% de rechazo.

Ante estos números quien puede dudar  que la antigua Concertación, la del pacto democrático del 88,  ahora no es más que una etapa terminada en la historia de Chile -sin desmedro que pueda ser objeto de interés de historiadores, archivistas, arqueólogos y analistas políticos.

Sin embargo, con una porfía digna de “aplauso”, Osvaldo Andrade e Ignacio Walker pretenden, por medio de un pacto solemne, resucitar la alianza Camilo Escalona-Juan Carlos Latorre, cuyo papel en el derrumbe de la burocracia concertacionista es indudable -aunque muchos autocomplacientes sigan culpando de su derrota a una campaña independiente, de un candidato de 36 años, que desafió el status quo.

De una vez por todas, sin hacerse los “boludos”, debemos trabajar para construir una nueva mayoría cuya base se encuentra en el debate de ideas, programas y proyectos de país y, sobre todo, cambiar el sistema político, causante de esta grave crisis de representatividad. Y claramente este eje de conveniencia no va en ese camino.

El llamado “eje democratacristiano-socialista” no es más que la sombra de partidos que, en el pasado, fueron fundamentales en el desarrollo histórico-político chileno. Hoy, no sólo en Chile, sino también en resto del mundo, las democracias cristianas y las socialdemocracias están caducando; por vía de ejemplo, véase el caso de Italia, de Grecia y de España, y en el continente americano, el de Venezuela, Perú y Chile.

El eje Walker-Andrade no sólo demuestra incapacidad para construir una oposición medianamente inteligente, son ellos los que se han negado a llevar al mundo de las ideas la agenda  política, son ellos los que se han negado a recibir a un movimiento en formación (PRO) que ha solicitado en 2 años más de 4 audiencias para debatir sobre el proyecto que necesita el chile del 2011, sino también está  impedido de buscar la formación de un bloque social y político que, por la profundidad de sus ideas, y basado en el respeto,  pueda convertirse en hegemónico.

Lo marcó –y aún subsiste– en esta espuria alianza, el afán de apropiarse del poder a toda costa. Lo central del pacto es un reparto equitativo de las alcaldías y de los candidatos a concejales asegurando, el Partido Socialista el apoyo de la Democracia Cristiana a la candidatura de Michelle Bachelet – “quien nace burócrata, burócrata se queda”.

El único norte de estos dos conglomerados es recuperar el poder perdido, por el cual tienen una nostalgia incontenible. Pero ni hablar de proyectos que puedan ofrecer lo que la ciudadanía clama a gritos en las calles de todo Chile, que alguien le muestre el camino, gradual y serio, hacia una transformación de las reglas de convivencia que puedan permitir terminar con los abusos de una sociedad que se transformó en la más desregularizada  y  desigual de Latinoamérica.

Creo que la política se trata de cambiar las formas de hacer política, sino es para eso, ¿para qué?, ¿para continuar con las mismas reglas, las mismas artimañas y las mismas componendas? Como progresistas rechazamos toda alianza con la forma de hacer política que representa este eje, no le hace bien a su coalición (la desgastada), menos le va a hacer bien al país.

En consecuencia, todos quienes creen en que podemos recuperar la legitimidad de nuestras instituciones, y la esperanza de un país justo – y ojo no “más” justo, simplemente justo- debemos rechazar  el concepto de la política como mera técnica de poder, como administración del sistema y como el reparto partidario de postulaciones a los cargos de representación popular. El eje Andrade-Walker representa sólo el intento de reanimación de una política, ampliamente rechazada por la ciudadanía, política que combatiremos en 11 meses más,  desde las ideas, con más fuerza que nunca.

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