Lunes, 5 de diciembre de 2016Actualizado a las 01:32

Opinión

Autor Imagen

¿Humorista o Presidente?

por 14 diciembre 2011

¿Humorista o Presidente?
Sólo deseaba que el Presidente diera una señal clara de autoridad, seriedad y respeto. Quería que abandonara el recinto y creo que era su obligación. De haberlo hecho, por primera vez habría sentido orgulloso por él. Después de todo, ¿por qué permitir que un payaso te trate de “perrito” casi 10 veces en menos de 5 minutos? ¿Qué autoridad habría aguantado que, frente a todo Chile, se hiciese una cruel alusión a una enfermedad como lo son sus tics nerviosos? Simplemente, sentí pena y vergüenza ajena por el trato indigno al Presidente. Al presidente de Chile.

Para nadie es un secreto que discrepo profundamente del manejo económico, político y social que Piñera le ha impregnado a su gobierno. Sin embargo, nos guste o no, es el presidente de Chile y merece nuestro respeto.

¿Cómo justificar, entonces, las burlas y la humillación de que fuera objeto en la pasada Teletón? Simplemente inaceptable.

Es verdad que no podemos desconocer que el humor es parte necesaria de cada cultura, y que desde la vuelta a la democracia, todos nuestros ex-mandatarios han caído en sus redes. ¿Cómo olvidar, por ejemplo, a los famosos Toppins y sus parodias de Eduardo Frei? Sin embargo, hay una gran diferencia entre una parodia como esa y las graves ofensas que recibió el Presidente ese día.

Debo reconocer que mientras observaba la rutina de Kramer, no podía dejar de preguntarme qué hubiera hecho Ricardo Lagos frente a la misma situación. No tengo duda de que se habría retirado de inmediato. Y eso era lo que correspondía.

Debo reconocer que mientras observaba la rutina de Kramer, no podía dejar de preguntarme qué hubiera hecho Ricardo Lagos frente a la misma situación. No tengo duda de que se habría retirado de inmediato. Y eso era lo que correspondía.

Avanzaban los minutos, y aumentaba mi incomodidad. Sólo deseaba que el Presidente diera una señal clara de autoridad, seriedad y respeto. Quería que abandonara el recinto y creo que era su obligación. De haberlo hecho, por primera vez habría sentido orgulloso por él. Después de todo, ¿por qué permitir que un payaso te trate de “perrito” casi 10 veces en menos de 5 minutos? ¿Qué autoridad habría aguantado que, frente a todo Chile, se hiciese una cruel alusión a una enfermedad como lo son sus tics nerviosos? Simplemente, sentí pena y vergüenza ajena por el trato indigno al Presidente. Al presidente de Chile.

Mi rabia, impotencia y vergüenza continuaron al día siguiente. Kramer y la Teletón habían logrado burlarse, frente a todo el país, de nuestra máxima autoridad. Y eso es inaceptable. ¿Qué camino le quedaba a Piñera –pensaba –  para recuperar el tan anhelado respeto de su pueblo? Sólo uno, cambiar su estilo y comenzar a inspirar admiración.

La historia nos ha demostrado que los pueblos exitosos salen adelante, en gran parte, gracias a sus líderes y a su fuerza interna. Por lo tanto, no es verdad que podamos prescindir del liderazgo de nuestros mandatarios. Al contrario, los necesitamos. ¿Qué más quisiese yo que nuestro Presidente, sea del color político que sea, lograse demostrarnos lo equivocados que estamos? ¡¿Qué más quisiera yo que comenzar a sentir orgullo nuevamente por quien dirige nuestro país?!

Pero mis deseos, al menos en este mandato, difícilmente se harán realidad.

Ignoraba completamente que el respeto de los chilenos no es la mayor preocupación de nuestro actual gobernante. Si fuese así, ¿cómo entender, entonces, que después del impasse con Kramer, y en medio de decenas de jefes de Estado y de Gobierno presentes en la Cumbre de Tuxcla, México, se haya dado el lujo de terminar su presentación con un chiste? Sí, con un bochornoso chiste machista que le valió ser objeto de innumerables críticas en las redes sociales tanto de Chile como del mundo entero!  ¿Qué presidente serio terminaría una exposición de ese nivel con una ofensa a las mujeres, sólo por intentar agradar al resto de la audiencia? Sólo uno que no valore el rol que debe cumplir cuando representa a una nación. Sólo uno que crea que está en un asado y no en una reunión de presidentes.

Independiente de si el chiste fue una ofensa a las mujeres, e independiente de si fue gracioso o no, lo mínimo que espero es que nuestros mandatarios actúen con seriedad cuando nos representen. No quiero humoristas, quiero presidentes.

En fin, con molestia comprendí que estamos lejos de contar con un Presidente que inspire el orgullo y la admiración que un Jefe de Estado de Chile merece. Con nostalgia comprendí que pasaran años antes de que volvamos a tener a la cabeza de nuestro gobierno, autoridades respetadas y admiradas internacionalmente. Porque para volver a tenerlas, nuestros presidentes deben renunciar a ser humoristas para elegir ser Presidentes.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes