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En el ADN del ser chileno: Cristo

por 14 diciembre 2011

Las instituciones se han visto durante el presente año muy vulneradas, algunas tanto así, que necesariamente han tenido que comenzar a revisar, más que su actuar, su íntima relación de existir, en otras palabras, el para qué están o qué deben hacer.

El presente año ha sido un año especial, hemos visto como los jóvenes han salidos a las calles en busca de respuestas a inquietudes legítimas; hemos sido parte de disturbios en distintas zonas del país; hemos observado con inquietud como las autoridades políticas se han visto en ocasiones sobrepasadas por los acontecimientos y como la iglesia ha querido, con el signo del tiempo, ser parte de estos cambios. Sí, somos chilenos con una historia que nos interpela desde nuestra intimidad, como una sociedad que se atreve a mirar con la frente muy en alto y la debida dignidad ante todos los acontecimientos que nos ha tocado hacernos parte. Esta sociedad tiene esa  maravillosa mezcla de creación y concreción. Es un hermoso territorio que ha visto desde los albores divisar cruces levantándose en lo alto, como mirando lo que se hace y se deja de hacer. Es un país habitado por hombres y mujeres que no han ocultado nunca ser participes de su historia.

Las columnas escritas en los periódicos, se han enfocado en marcar los énfasis en donde, según ellos, está la noticia, pero en muchas ocasiones solo son el “gong” del sistema imperante o de lo que estará por venir, que muy bien no se sabe qué. Se habla de crisis de todo, incluso de aquello o de eso, muchas veces sin identificar claramente de que crisis estamos hablando. Lo que sí tenemos claro es que algo está pasando, la gente en la calle con cacerolas, los jóvenes sin miedo demostrándonos que falta mucho por hacer y la clase política intentando no desplomarse en las encuestas.

Las instituciones se han visto durante el presente año muy vulneradas, algunas tanto así, que necesariamente han tenido que comenzar a revisar, más que su actuar, su íntima relación de existir, en otras palabras, el para qué están o qué deben hacer.

Las instituciones se han visto durante el presente año muy vulneradas, algunas tanto así, que necesariamente han tenido que comenzar a revisar, más que su actuar, su íntima relación de existir, en otras palabras, el para qué están o qué deben hacer. Parece que los únicos que se han salvado son los bomberos, difícil que no, mal que mal toda la labor que desempeñan es donación y con mucha entrega y amor desarrollan su trabajo, no cabe duda son mucho más que especial en nuestro país.

La Iglesia Católica ha sido una de las instituciones más tocadas por faltas graves cometidas por alguno de sus miembros, en especial por el caso Fernando Karadima Fariña, donde el propio Vaticano lo sancionó a principios del presente año: "Sobre la base de las pruebas adquiridas, el reverendo es declarado culpable de los delitos mencionados en precedencia, y en modo particular, del delito de abuso de menor en contra de más víctimas", señalaba  el arzobispo de Santiago en lectura del informe enviado por la Santa Sede. De ahí a seguir caminando, transparencia y cordura dos palabras muy usadas, saber lo que pasa o ha pasado y sensatez en el actuar. Lo que sí es más que interesante advertir como esta institución ha hecho suyo desde varias aristas la búsqueda de la verdad donde esta se encuentre.

La historia nos muestra muy claramente como la Iglesia ha sido participe de la construcción de nuestro país, como ella desde el púlpito ha sido una voz potente denunciando a los perseguidores y a los perseguidos, es una Iglesia inserta en el quehacer del ser chileno, está íntimamente ligada al acontecer y al hacer cotidiano de nuestra esencia cultural, sus valores nos acompañan en nuestra toma de decisiones sean en lo particular como también, en lo social.

Son muchos los feligreses que durante el año han participado en distintas manifestaciones de religiosas convocadas. Solo en Lo Vásquez casi un millón de personas y si se cuentan otras fiestas marianas como La Tirana, llegan unas 300 mil personas más, y Andacollo, que congrega unas 150 mil, estamos frente a un panorama de profunda fe y entrega a Dios y eso nadie puede negarlo.

Sí, Chile es un país que históricamente ha tenido una profunda fe en Dios, lo más interesante que en el último tiempo han salidos a la luz estudios científicos que han ido ratificando dicha premisa, dentro de este contexto positivo se enmarca un país solidario, pujante y por sobre todo con una fortaleza de sus hombres y mujeres que denotan su impronta, al margen de todo lo que nos ha tocado vivir.

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