Jueves, 8 de diciembre de 2016Actualizado a las 20:10

Autor Imagen

Esa extraña cosa llamada PSU

por 14 diciembre 2011

Tomar la prueba en el liceo técnico de Viña, no distaba demasiado de la imagen del Colegio de Las Condes. La selección siempre parece ser la misma, y no se inicia con la prueba.

Ayer me costó mucho trabajo despertar, levantarme y soportar el sueño el resto del día, esto es casi normal los días laborales pero fue acrecentado en esta jornada. Todo esto tiene que ver con que, por tercer año consecutivo, me hice partícipe mediante la figura de "examinador" de la Prueba de Selección Universitaria (PSU), aunque debo aclarar que esta vez fue en un contexto bien distinto: en los años anteriores, el 2009 y 2010, tomé la prueba en un colegio de muy buena posición social en Las Condes (Santiago), y ahora, por cosas de geografía estratégica, lo hice en un liceo técnico particular subvencionado de Viña.

Al cambiar de sede, noté que cada sistema es un universo propio. Funcionando bajo sus propias reglas. Así me di cuenta en la reunión que tuvimos la semana pasada -a diferencia de la experiencia anterior en donde se realizaba el domingo previo a la prueba-. La distribución de las mesas en salas era distinta, así como todo el rito del retiro, ordenamiento y entrega del material, lo cual aumentaba mi nerviosismo de provocar algún desastre que perjudicara a los muchachos, ya bastante preocupados con rendir esta terrible prueba.

Por supuesto no fueron las únicas y angustiantes preocupaciones: desde el primer minuto se nos informó que teníamos que estar sumamente atentos frente al llamado de cierta parte del movimiento estudiantil a boicotear la prueba. Avisos de bombas no podían quedar ajenos a las posibilidades, a pesar de que en el instructivo escrito se centraban mayoritariamente a qué hacer en caso de sismo o terremoto -quedarse quieto, no hacer nada, no correr, no salir de la sala, que nadie saliera de la sala aunque se cayera a pedazos-. Debo dejar en claro que, salvo un chico que rompió su identificación y salió a paso rápido sin rendir las pruebas, en el establecimiento no pasó nada tan grave.

De todas formas, me imagino que no fui el único nervioso y bombardeado por la incertidumbre. El año escolar fue salvaje, el Mineduc no estuvo a la altura y el desorden aún se les evidencia en los cambios improvisados de cierres de semestre, tanto académico como administrativo -la misma PSU cambió su fecha, por los paros y tomas-. La prueba había mutado, no era necesario rendirla de nuevo si la habías dado el año anterior, se sumaban nuevas universidades privadas al sistema de selección, y claro, fue la fecha para medir cuánto afectaron los tomas, los paros, la negligencia gubernamental, y los deficientes programas salvavidas para cerrar el año para los alumnos de cuarto medio. Todo parece indicar que nuevamente los más perjudicados son las clases más vulnerables de nuestro país.

A las 8:30 am del lunes, cuando los muchachos se acumulaban en la puerta para rendir su prueba de Lenguaje, un chico reguetonero se me acercó asustado por no portar su identificación, recientemente extraviada. Además, el muchacho no traía lápiz. Por supuesto, se le tomó la prueba igual que al resto, se le prestó el lápiz grafito, y luego se le hizo un trámite para ayudarle en su problema. Pero lo realmente terrible era evidenciar que su pinta de reguetonero era una anomalía en medio de la sala, mayormente conformada por clase media -cabellos claros, buenos modales y cuerpos deportivos- que es el espectro que efectivamente está accediendo a la prueba. En ese sentido, tomar la prueba en el liceo técnico de Viña, no distaba demasiado de la imagen del Colegio de Las Condes. La selección siempre parece ser la misma, y no se inicia con la prueba.

Ver el posteo original

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes