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Los nuevos "Dulcinianos"

por 15 diciembre 2011

Los nuevos
Los “Dulcinianos” se consideran más puros y más perfectos que el resto de la sociedad y en base a esa convicción es que dejaron a lo largo de Italia, una estela de violencia, asesinatos, el robo y destrucción pocas veces vista en dicho periodo.

El ambiente político se ha ido radicalizando en nuestro país. Anarquistas, indignados, estudiantes y otros tantos han copado la atención pública en el último tiempo. ¡Somos mejores que el resto!, ¡Queremos cambiar el sistema!, ¡Toda lucha es válida para conseguir el objetivo!, son algunos de los mensajes ocultos que se aprecian en dichos protagonistas.

Sin embargo, no es un fenómeno nuevo –no me refiero a los aires revolucionarios de los años 60– sino que incluso más atrás en la historia es posible apreciar la lógica de grupos que justifican moralmente – en busca de un bien superior - la destrucción de todo lo que se encuentre a su paso.

En este sentido, uno de los primeros antecedentes lo podemos buscar en la figura de un humilde monje italiano conocido como Fray Dulcino de Novara.

Fray Dulcino (1250-1307), debe haber sido uno de los primeros reformadores “puros y extremos” que se rebelaron contra “el sistema”. Es decir, contra todo lo que se les ponía en el camino, y que constituye la lógica de anarquistas, indignados y estudiantes universitarios en nuestro país (de ahí que algunos historiadores lo consideren uno de los primeros antecedentes de los movimientos anarquistas y socialistas)

Fray Dulcino y sus seguidores los “Dulcinianos”, condenaron a la Iglesia de su época por sus riquezas y predicaron la pobreza extrema como signo de los verdaderos cristianos. Predicaban el regreso a las ideas originales de pobreza y humildad de la Iglesia.

El ambiente político se ha ido radicalizando en nuestro país. Anarquistas, indignados, estudiantes y otros tantos han copado la atención pública en el último tiempo. ¡Somos mejores que el resto!, ¡Queremos cambiar el sistema!, ¡Toda lucha es válida para conseguir el objetivo!, son algunos de los mensajes ocultos que se aprecian en dichos protagonistas.

Así también, se oponían a la estructura social de la época (sistema feudal) y luchaban por la organización  de una sociedad más igualitaria, basada en la propiedad común, la igualdad de sexo y la liberación del hombre de cualquier tipo de restricción.

Los “Dulcinianos” vivían la comunidad de bienes hasta sus últimas consecuencias (incluida la comunidad de mujeres), como un acto supremo de caridad. Pero no era suficiente para ellos vivir la pobreza, eran exigentes, consecuentes hasta el final y por tanto también exigían vivir la pobreza a todo el resto de la población.

Antecedentes históricos de los “Dulcinianos” se pueden encontrar en una publicación del 1853 “A Historical Memoir of Fra Dolcino and his time” de L. Mariotti (disponible en Internet), para a todos los que le interesen profundizar más en el tema, pero, sin embargo, puede resultar más atractivo conocerlos a través de una gran libro contemporáneo. Me refiero a la famosa novela de Umberto Eco “El Nombre de la Rosa”.

Umberto Eco describe en su novela la vida en una abadía medieval, en donde uno de sus frailes es acusado de haber pertenecido a esta secta herética. Se le acusa en el fondo de haber sido “Dulciniano”.

Este fraile, llamado en la novela, Remigio da Varagine, justifica a los reformadores puros y extremos de la siguiente manera:

“Quemamos y saqueamos porque habíamos elegido la pobreza como ley universal y teníamos derecho a apropiarnos de las riquezas ilegítimas de los demás”

“Matábamos y robábamos para purificar a los impuros”

“Quizás estábamos poseídos por un deseo inmoderado de justicia”

“Queríamos un mundo mejor, de paz y afabilidad y la felicidad para todos”

“¿Por qué nos reprocháis la poca sangre que debimos derramar para imponer el reino de la justicia y la felicidad?”

“Había que acelerar la marcha de los acontecimientos”

Los “Dulcinianos” se consideran más puros y más perfectos que el resto de la sociedad y en base a esa convicción es que dejaron a lo largo de Italia, una estela de violencia, asesinatos, el robo y destrucción pocas veces vista en dicho periodo.

El testimonio del fraile hacia expresar a uno de los protagonistas de la novela de Umberto Eco, el Franciscano Guillermo de Baskerville que: “La pureza siempre me da miedo”, ante lo cual el otro protagonista de la novela le preguntaba un poco asombrado, que es lo que le podía aterrar de tan nobles ideales.

“La prisa”, contestaba el sabio franciscano.

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