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Plebiscito en Peñalolén: ganó la desconfianza

por 15 diciembre 2011

Que el Alcalde Orrego consulte a los vecinos de la comuna, no obstante el resultado le fuese adverso, es una forma distinta de cómo se han venido enfrentando los desafíos de planificar la ciudad.

Saludar el proceso de participación ciudadana que acaba de vivir la comuna de Peñalolén es lo políticamente correcto; que sean los ciudadanos quienes  se pronuncien acerca de los temas fundamentales para el desarrollo de la ciudad es algo que definitivamente resulta sano para el fortalecimiento de la democracia.

Sin embargo, no sé si los resultados ampliamente mayoritarios a favor del NO, puedan ser una buena noticia para lo que implica resolver los problemas de Urbanización que sufre la ciudad. Lo que aquí primó fue la desconfianza, no respecto de la propuesta del Alcalde, sino que de los verdaderos propósitos que animan el desarrollo inmobiliario.

Mucho se habla de ciudades integradas socialmente, pareciera ser que Peñalolén lo es, no obstante en medio del debate vuelven a surgir manifestaciones que promueven la idea de vivir en lugares aislados, en comunidades ecológicas o bien en zonas socialmente iguales. Iguales en ingresos, iguales en calidad de educación, iguales en oportunidades laborales; el solo atisbo que Peñalolén se llene de viviendas sociales  es un temor que crece no solo en Peñalolén, sino que en casi la totalidad de las comunas de la Región Metropolitana.

Que el Alcalde Orrego consulte a los vecinos de la comuna,  no obstante el resultado le fuese adverso, es una forma distinta de cómo se han venido enfrentando los desafíos de planificar la ciudad.

Basta recordar las activas movilizaciones de “ciudadanos” que protestaban por las casas “chubis”, soluciones habitacionales que acogerían a “los pobladores”;  argumentos iban y venían,  algunos pintaban de verde ecológico otros de verde represivo (seguridad ciudadana), al final primó la variedad de colores que representaban la verdadera integración social.

Sacar cuentas anticipadamente de los resultados de este plebiscito puede transformarse en un boomerang. La autoridad en este caso fue valiente, propuso un nuevo Plan Regulador, perdió tácticamente, pero al final  logra instalar con fuerza la idea que estos temas deben resolverse con la participación de todos.

Es tiempo de pensar en conjunto cómo se planifica la ciudad, pero también es tiempo de pensar qué tipo de soluciones habitacionales se están brindando hoy en favor de los más pobres.

Que el Alcalde Orrego consulte a los vecinos de la comuna,  no obstante el resultado le fuese adverso, es una forma distinta de cómo se han venido enfrentando los desafíos de planificar la ciudad. La historia urbana de los últimos 50 años da cuenta que todo se resuelve a la rápida y bajo presión, primero bajo la presión de los miles de hombres y mujeres que emigraban desde el campo a la ciudad, luego bajo la presión de los intereses inmobiliarios. La ciudad se ha venido construyendo bajo la desconfianza, la avaricia y el temor.

Desconfianza en los verdaderos intereses que animan a las inmobiliarias,  cuestión que se justifica pues es común  que la vivienda social generalmente sea tratada como una mercancía que se produce y se vende en el mercado.  Quienes ganan en el corto plazo con este tipo de desarrollos inmobiliarios son los Gobiernos y los Gremios de la Construcción. Los primeros porque aparecen resolviendo cuantitativamente un tema social que es propio de ciudades sobrepobladas y los segundos, porque a bajo costo, responden a una demanda subsidiada por el Estado sin sufrir mayores riesgos en su inversión.

Peñalolén resolvió democráticamente mantener su actual Plan Regulador, buena noticia para  “los ciudadanos”, preocupante resultado para “los pobladores”.

Así, las  posibilidades van quedando a las familias de escasos recursos es trasladarse a los márgenes de la urbe. Allí hay disponibilidad de terrenos, no existen “los ciudadanos organizados” que puedan oponerse, salvo que algún idealista piense en construir viviendas sociales en los entornos de Chicureo.

Construir vivienda social en los márgenes de la ciudad implica nuevos costos sociales, que obviamente el agente inmobiliario no está dispuesto a prever ni a resolver. Al final  la falta de equipamiento termina siendo un problema  de la autoridad.

Sin duda que esta no es una disputa entre “ciudadanos”  y “pobladores”, pues estos últimos no tienen voz.  Más bien tiene que ver con el tipo de solución habitacional en favor de las familias más pobres que los chilenos estamos acostumbrados a conocer.

Los pobres necesitan  de un tipo de vivienda rica y variada  en  diseños arquitectónicos, flexible, modificable, viviendas que se adapten a la historia y trama urbana, garantizando el acceso a las oportunidades que la ciudad ofrece y que facilite la construcción progresiva de barrios.

Posamos de progresistas, nos abanicamos de formulas democráticas, pero en el fondo a los chilenos,  aún nos pena “Machuca”…

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