Sábado, 3 de diciembre de 2016Actualizado a las 16:30

Opinión

Autor Imagen

Allamand, las presidenciales 2014 y la Guerra de Don Ladislao

por 17 diciembre 2011

Allamand, las presidenciales 2014 y la Guerra de Don Ladislao
Sorprende que sea el Ministro de Defensa –y no el Canciller- quien haga de analista político de las relaciones internacionales de Chile. Si algo saben los gobiernos es que aquellos asuntos que los teóricos consideran de “alta política internacional”, es decir, los que se refieren a la seguridad exterior, son competencia del Jefe de Estado y de su brazo especializado, el Ministerio de Relaciones Exteriores. Puesto que no existe asunto más sensible para el interés nacional, no hay dos opiniones al respecto, ni en la academia ni en la práctica estatal: el ejercicio de las relaciones internacionales –en este caso, los dichos de un Ministro de Estado que provocarán una controversia con autoridades de países vecinos- es tarea del Canciller.

Recientemente el ministro de Defensa, Andrés Allamand, en entrevista a La Tercera, se ha explayado sobre dos aspectos: las relaciones internacionales vecinales de Chile y sus opciones presidenciales para el 2014.

Sorprendente ha sido el análisis que hace de las relaciones exteriores de Chile, especialmente con Perú y Bolivia. Respecto del primero sostiene que el inicio de la fase oral en el juicio que se tramita ante la Corte de La Haya podría alentar expresiones nacionalistas en ese país. Respecto del segundo, recuerda que a contar del próximo año el gobierno boliviano está constitucionalmente habilitado para denunciar el Tratado de Límites con Chile del año 1904; y que puede usar la Asamblea General de la OEA que se efectuará en Cochabamba “para presentar su demanda marítima”.

Remata sosteniendo que el año 2012 será complejo para Chile lo que “significa que podemos y tenemos que estar plenamente preparados con nuestra fuerza militar. La tarea principal es mantener una capacidad de fuerza disuasiva muy preparada”

Más allá de la esperable reacción peruana y boliviana frente a estos dichos, parece interesante formular algunas consideraciones.

La primera: sorprende que sea el Ministro de Defensa –y no el Canciller- quien haga de analista político de las relaciones internacionales de Chile. Si algo saben los gobiernos es que aquellos asuntos que los teóricos consideran de “alta política internacional”, es decir, los que se refieren a la seguridad exterior, son competencia del Jefe de Estado y de su brazo especializado, el Ministerio de Relaciones Exteriores. Puesto que no existe asunto más sensible para el interés nacional, no hay dos opiniones al respecto, ni en la academia ni en la práctica estatal: el ejercicio de las relaciones internacionales –en este caso, los dichos de un Ministro de Estado que provocarán una controversia con autoridades de países vecinos- es tarea del Canciller. Es en la actuación de esta autoridad sectorial en quien se materializa el básico principio de unidad de acción exterior que todo gobierno debe asegurar.

Chile en su historia ha dado una nuestra casi invariable de su voluntad de separar categóricamente ambos aspectos. La excepción más resonante fue la “Guerra de don Ladislao”, en el año 1920, en las postrimerías del gobierno del Presidente Juan Luis Sanfuentes. En esa ocasión el Ministro de Guerra, don Ladislao Errázuriz, ordenó el desplazamiento de tropas hacia el norte para hacer frente a un inminente conflicto armado con Perú. Como se supo después, resultó ser solo un pretexto para alejar de sus cuarteles santiaguinos a tropas militares proclives a Arturo Alessandri, el León, que iniciaba su marcha hacia La Moneda.

En segundo lugar, el Ministro manifiesta su preocupación porque Bolivia, dice, usará la Asamblea de la OEA del próximo año para presentar su demanda marítima. Pero el Ministro debe saber que ha sido política sistemática de Bolivia intentar multilateralizar –principalmente en el seno de la Organización de Estados Americanos- una controversia que Chile considera bilateral. Es más, fue durante el periodo de mayor aislamiento internacional de nuestro país, en plena dictadura militar, cuando Bolivia logró su éxito diplomático más resonante al conseguir que la OEA acordase declarar a través de una Resolución que su reclamo contra Chile era de “interés hemisférico”. Aquello sucedió por primera vez el año en que se conmemoraba el centenario de la Guerra del Pacífico y Chile vivía uno de los más complejos escenarios de su historia, con potenciales conflictos bélicos con sus tres vecinos, la temida HV3.

En consecuencia, el escenario vecinal 2012 es absolutamente previsible. Bolivia comenzó hace años a dar pasos legales en el ámbito de su derecho interno en la perspectiva de denunciar el Tratado de 1904. Eso no es un misterio para nadie. Tampoco lo es que Bolivia pretende llevar a Chile a la Corte de la Haya; es más, lo ha dicho su Presidente, Evo Morales, en distintos tonos. Ni siquiera es un misterio que nuestro país ha estado adoptando providencias en el ámbito del derecho internacional para evitar que ello suceda o para hacerlo inviable.

Pero esas son estrategias jurídicas propias de las cancillerías y de sus buenos asesores legales. Precisamente para eso existen. Entonces resulta curioso que enfrentado a una estrategia jurídica, el Ministro de Defensa planteé el 2012 como un año complejo para Chile, por lo que debería estar “plenamente preparado” con su fuerza militar.

Algo similar ocurre respecto a nuestras relaciones con Perú. El hecho que el juicio que se tramita ante la Corte de la Haya ingrese en una de sus etapas, la fase oral, significará, es cierto, una mayor exposición pública del tema en discusión, y quizás provoque declaraciones altisonantes -nacionalistas- aquí o allá. Pero extraer de esa circunstancia la conclusión de que en el próximo año la tarea principal de Chile debe ser “mantener una capacidad de fuerza disuasiva muy preparada”, no resulta lógico ni proporcionado.

Cabe por lo mismo preguntarse por las razones de los dichos del Ministro. Sería inquietante que la respuesta estuviera asociada a la segunda parte de la entrevista, en que repasa sus aspiraciones presidenciales y los escenarios políticos que se abren el próximo año. Debe haber pocos motivos que generan mayor cohesión nacional que una hipótesis de conflicto con cualquier vecino, por lo que imaginar escenarios de esa especie es una tentación que toda autoridad debe evitar.

Si bien es cierto nuestra política exterior ha dejado de ser un compartimento estanco en el que solo intervienen especialistas, sigue siendo del todo conveniente que las coyunturas electorales internas no contaminen asuntos tan sensibles como nuestra permanente frágil relación vecinal. Chile en su historia ha dado una nuestra casi invariable de su voluntad de separar categóricamente ambos aspectos. La excepción más resonante fue la “Guerra de don Ladislao”, en el año 1920, en las postrimerías del gobierno del Presidente Juan Luis Sanfuentes. En esa ocasión el Ministro de Guerra, don Ladislao Errázuriz, ordenó el desplazamiento de tropas hacia el norte para hacer frente a un inminente conflicto armado con Perú. Como se supo después, resultó ser solo un pretexto para alejar de sus cuarteles santiaguinos a tropas militares proclives a Arturo Alessandri, el León, que iniciaba su marcha hacia La Moneda.

De ahí en más ha habido mucho celo de nuestras autoridades para no contaminar las relaciones diplomáticas vecinales con la siempre dinámica coyuntura política interna.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes