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Los significados de las elecciones de la FECH

por 17 diciembre 2011

De las interpretaciones que han surgido sobre cómo continuará el movimiento estudiantil el 2012,  algunos han insistido en que el mayor suceso es la supuesta derrota de Camila Vallejo en las elecciones de la FECH, y en consecuencia, un triunfo para el gobierno.  Por cierto, esta pareciera ser una lectura interesada e impulsada por quienes mantienen la esperanza de que la educación debe seguir camino propio y para ello es necesario debilitar a los estudiantes y sus demandas. Ante esto y a días del cambio de mando de la FECH, creo que es necesaria una adecuada lectura política de lo que pasó en estas elecciones y sus implicancias para la proyección de la conducción de la FECH y el fortalecimiento del movimiento estudiantil.

Primero, la FECH ganó como organización social. Estas elecciones fueron transparentes, masivas y competitivas. Si en la arena nacional, sólo compiten dos bloques (gracias al binominal), en las elecciones de la FECH compitieron muchas listas, representando diversidad y riqueza programática, algo que la política de nuestro país no tiene. Proporcionalmente, la cantidad de estudiantes que votó es mayor a la gente que votó para las últimas elecciones presidenciales. Así, se constata que ante una mayor diversidad política hay mayor representatividad y mayor participación, en otras palabras, una democracia mucho más real y profunda que la que promueven en la Concertación y la Alianza.

Lo que estuvo en juego finalmente es si la izquierda y cuál estilo de izquierda puede conducir estas demandas sociales para que el movimiento social triunfe. Pensando en el contexto nacional ¿Lo capitalizará la derecha en un continuismo populista? ¿La Concertación revivida a través de un nuevo mandato de Michelle Bachelet rodeada por los de siempre? ¿El oportunismo de MEO que no representa más que una crítica ramplona a la clase política? ¿O lo conducirá una izquierda moderna, no reaccionaria, y que apunte a construir mayorías?

Segundo, ganó la izquierda. El hecho de que las dos principales fuerzas políticas nacionales (Concertación representada por la Lista D llamada NACE y la derecha a través de dos listas, una de RN y otra de la UDI) hayan perdido rotundamente en estas elecciones, demuestra que la política del binominal no existe en las Universidades y da cuenta de la fuerza que tenemos las nuevas generaciones jóvenes. Esto es un anticipo de lo que viene en el plano nacional, aunque el gobierno intente bajarle el perfil.

Tercero, las demandas y la continuidad del movimiento estudiantil no estuvieron en juego. No es casual que ni las demandas ni el trabajo con otros actores sociales hayan estado en disputa. Por el contrario, no se discutieron porque hay un consenso absoluto en el seno del estudiantado: las demandas son las que nuestro país necesita y el movimiento tiene que seguir. Sin embargo, algo que  sí se puso en debate, son los pasos que debemos dar el 2012 para lograr transformar la educación chilena y hacer que el movimiento estudiantil triunfe. Para esto, sin duda que es necesario volver a situar las demandas del movimiento y articularnos aún más como estudiantes, especialmente los que están en las instituciones privadas fuera del Consejo de Rectores, para pasar de ser 400 mil estudiantes a 1 millón de estudiantes organizados.

Cuarto, respecto a Camila en particular y a las Juventudes Comunistas como grupo político, el paso de la Presidencia a la Vicepresidencia, refleja una crítica a su conducción, no así a su presencia. Si bien ella es una tremenda dirigente y aportó mucho este año en la visibilización de las demandas estudiantiles al levantar un discurso lo suficientemente amplio como para que todo el mundo social se sintiera identificado, el flanco débil estuvo en que no se supo dilucidar la resolución del conflicto y el camino para seguir avanzando. En este sentido, pasó la cuenta la falta de claridad al momento de consolidar el apoyo ciudadano y las alianzas entre los distintos actores involucrados, sean políticos o sociales.

Es innegable que durante el año se expresó una crítica a que, como generación, no queremos más de lo mismo. De esta manera, conjugar la vocería social de una organización estudiantil transversal genera roces cuando –a la vez- la política parlamentaria obliga al acercamiento a la Concertación como fuerza opositora. Éste fue un elemento disruptivo que impactó negativamente en el movimiento.

Entonces, ¿qué se esperaba? ¿qué fue lo que llamó a una renovación? Sin lugar a dudas, ante la incertidumbre que se generó entre los estudiantes luego de 6 meses de paralización, y ver resultados que no eran favorables, pareciera que el objetivo a alcanzar es mayor injerencia política propia, sin mediadores. Tal como en un momento dijimos: que las y los estudiantes fuésemos actores políticos para la transformación. No solo articuladores. Esto fue lo capitalizado por la alianza Creando Izquierda y su candidato, hoy Presidente electo, Gabriel Boric.

Quinto, se ha dicho que las Juventudes Comunistas (JJ.CC). perdieron por el sectarismo de algunos movimientos, en particular el nuestro, Nueva Izquierda Universitaria (NIU). Nuevamente esta lectura es simplista y renuncia a la complejidad que otorga mayor diversidad y representación a la muchas veces denominada: “unidad de la izquierda”. El problema es que dicha unidad, no se construye mediante acuerdos electorales de último minuto, sino  en la práctica cotidiana. Se trata de levantar un trabajo real y concreto tanto en las Facultades de la Universidad de Chile y como en el país. Afianzar prácticas y estrategias que posibiliten la existencia de un proyecto de izquierda que represente a una mayoría, salga de su posición atrincherada – muchas veces conservadora -  e impulse las transformaciones que las Universidades y Chile necesitan. Esto faltó en el trabajo con las JJCC y los resultados son muestra de ello. En ese sentido, estamos y estaremos disponibles para un esfuerzo de estas magnitudes.

Por último, lo que estuvo en juego finalmente es si la izquierda y cuál estilo de izquierda puede conducir estas demandas sociales para que el movimiento social triunfe. Pensando en el contexto nacional ¿Lo capitalizará la derecha en un continuismo populista? ¿La Concertación revivida a través de un nuevo mandato de Michelle Bachelet rodeada por los de siempre? ¿El oportunismo de MEO que no representa más que una crítica ramplona a la clase política? ¿O lo conducirá una izquierda moderna, no reaccionaria, y que apunte a construir mayorías? Creemos que lo último llevará a mejoras reales y no maquilladas en nuestro país. Como juventud, no estamos dispuestos a seguir esperando y por eso apostamos a transformar el descontento ciudadano en una nueva alternativa política que sea capaz de concretar cambios estructurales en el sistema educativo y el conjunto de demandas sociales hoy puestas en el tapete. Solo así alcanzaremos los horizontes de una democracia verdadera.

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