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Boric de Chile pero no tanto de la Chile

por 19 diciembre 2011

Boric de Chile pero no tanto de la Chile
La Casa Central de la Universidad de Chile estuvo convertida durante siete meses en una especie de feria artesanal ecológico quilapayunera, de aspecto repulsivo, una sede central de la capucha y de la universidad no pluralista. La dirigenta que anunció hace unos días el fin de la toma, declaró condescendientemente que "se devuelve la casa central a la comunidad y ya no sólo es de los estudiantes". ¡Gracias por el favor, amiga estudianta, gracias por devolvernos lo que no es tuyo!

Gabriel Boric es del tipo de estudiante que enorgullece a la Universidad de Chile. Dinámico, de aspecto saludable, sin pitutos familiares, sensible a lo que ocurre en el entorno, opinante, inteligente, capaz de dialogar. Una demostración concreta de la grandeza la de las universidades públicas, empeñadas en ser espacios abiertos dentro de los cuales las personas puedan encausar sus energías, donde sean posibles las hazañas, los descubrimientos, las vinculaciones, la libertad, la experiencia, el trato igualitario y respetuoso, que se así se hace el saber. Que cada cual pueda llevar adelante su propio proyecto, más allá de rankings ridículos o modelos prefabricados.

O sea que bien Boric, aunque se haya llevado por delante a Camila Vallejo, que había adquirido características casi sagradas. Los votos son los votos.

Entonces me fui a ver a este joven dirigente al debate medio pesadote que hacen Villegas & friends en Tolerancia Cero cada domingo en la noche, aunque lo vi como diez días después porque los domingos prefiero otras cosas, lecturas líricas, música rara, no sé.

Durante 42 minutos habló Boric de muchas cosas, como que las palabras que se le ocurrían no llegaban a caberle ni en la boca ni en el rato que le dejaban hablar, que era bastante. Les corría un poco la baba a los panelistas ante el joven que se ha puesto al frente de eso tan incierto pero a la vez contundente, “el movimiento”. Movimiento estudiantil por supuesto, pero además ciudadano, con sus toques de Gajardo o de la CUT o de lo que se vaya añadiendo, vaya uno a saber, y los políticos todos cagados desde sus ministerios o bancadas y dietas, que eso es lo sabroso. Estos jóvenes nos han hecho felices.

Incontenible, Boric habló del binominal, de Casa Piedra, de la clase política, de los compañeros movilizados, de la elite, de los quórums anti mayoritarios, de la salud, de los pueblos indígenas, de Hugo Chávez, de la beatería de izquierda, de la sociedad chilena, de los cambios que el país necesita, de los indignados.

Y uno, como ciudadano, celebra que la Universidad de Chile le aporte a este país políticamente anquilosado un dirigente así, que se eleva por sobre los cielos con más poder que el parlamento o que el gobierno. A la cabeza de la infinita marcha de cientos de miles de indignados que recorre incansablemente las grandes Alamedas de la patria para desesperación del enloquecido Zalaquett, está ahora Boric, aunque hay que pasar el verano, regresar, y ver cómo seguimos. ¿Convocará a tanta gente como Camila? ¿Se escorará el movimiento hacia la izquierda ultra, poblando de más canas nerviosas al correoso panelista que ha sabido ser Villegas estos años binominales? Quién sabe.

La contradicción se hará visible cuando el movimiento y sus estudiantes movilizados requieran urgentemente, impetuosamente, hacia fines de mayo como cada año, la toma y la paralización de la Universidad, y la ridiculización de Andrés Bello, y el basureo de nuestra Casa Central, y la destrucción de nuestros calendarios docentes. Así se sale en la tele y en El Mercurio. Así se muestra que somos los más rudos.

A cargo de La Tercera, brazo mediático de Piñera y por ende del sistema, de la banca global, o sea de los malos con toque modernoso, Cristián Bofill le pregunta una y otra vez humildemente al radiante Boric por sus ideales políticos, por su modelo, por aquello que persigue. Boric, la verdad, y en eso concuerdan todos, hasta él mismo, es más contundente en la crítica que en la propuesta. Una de sus máximas es no transar, como han hecho los partidos políticos de derecha con los militares, la Concertación con los partidos de derecha, el Partido Comunista con la Concertación y así sucesivamente. Son cosas de la juventud, suspiramos nosotros los envejecidos debajo de nuestras calvas y nuestras caspas, calvas y caspas que hoy los jóvenes con sobrada razón desprecian y que en unos años más, cuando ya no estemos, probablemente venerarán, o no, vaya uno a saber

Boric, que es el nuevo presidente de la FECH o sea federación de estudiantes de la gloriosa Universidad de Chile, no tuvo en esos cuarenta y dos minutos hipertelevisivos mucha atención para su universidad. La nombró sólo dos veces, al pasar. Una vez al afirmar que el abandono miserable del Estado a las universidades no sólo se refería a la Chile o a la Católica (que por lo demás es privada, confesional y de gran tradición elitista, pero él las puso juntas a ambas), sino también a las de regiones. Otra, para destacar que en las facultades de Derecho y de Economía de la Universidad de Chile hay grupos que están estudiando una reforma tributaria. Sobre universidades públicas o universidades estatales, ni una palabra. Respecto a los financiamientos basales, pieza clave de la supervivencia de la Universidad de Chile y demás instituciones como ella, nada. ¿Deben existir las universidades públicas, o son un combo más dentro del menú de educación chatarra o no chatarra que preconiza el neoliberalismo? Tema que no interesa.

Boric, lo que pasa, es que entró en escena desde las alturas. Su amplio sobrevuelo histórico y global le impide fijarse en fruslerías universitarias. Su público, su clientela, son los estudiantes movilizados, y más allá de ellos todos los chilenos irritados o desencantados con el sistema político y social. Cinco millones, calculó generoso Villegas, que se volvió a poner el suéter libertario.

Pero uno que además de ciudadano es académico de la maltratada y gloriosa Universidad de Chile se pregunta  qué pasa con la casa. De acuerdo, saldremos con nuestro líder en la portada de la revista Time. Emocionaremos quizá a los intelectuales franceses. Estamos aportando a jóvenes top para la vida política nacional. Pero no olvidemos que las universidades públicas pasan por momentos de penuria, con o sin marchas, a pesar del nuevo Presupuesto, aunque nuestros rectores y dirigentes sean hoy más mediáticos que ayer. Chile sigue careciendo de un modelo sustentable de universidades públicas.

Además de presidente de la FECH, Boric es integrante del Senado de la Universidad de Chile, cuerpo colegiado y participativo que aprueba el Presupuesto universitario y las normas institucionales. ¿Le quedará tiempo para sus funciones senatoriales?

Pero más aún, y ahí viene lo puntudo, ¿cómo puede Gabriel Boric anunciar en Chilevisión que los estudiantes recurrirán a los paros, tomas y marchas según el movimiento lo necesite cuando las tomas, y exclusivamente la tomas, son contrarias frontalmente al Estatuto de la Universidad de Chile, no son pluralistas y además pueden constituir delito? O sea que en un espacio público nadie tiene el derecho de impedirle el paso a otro miembro de la comunidad universitaria. Pero los estudiantes movilizados consideran que su lucha es tan noble que pueden saltarse este incómodo precepto. Que pueden defender la educación pública sentándose en los principios de pluralismo de la educación pública. Mientras decanos y rectores observan temblorosos, los recintos universitarios se convierten en material de barricada, y su función es hacer de portaviones en la guerrilla urbana en contra del sistema.

Otro dato preocupante: en 2010 el Senado de la Universidad de Chile modificó el Reglamento de Estudiantes eliminando el artículo en el cual se establecía como falta gravísima el hecho de impedirle el paso a otra persona de la comunidad. O sea que es muy difícil hoy aplicar medidas administrativas para evitar las tomas. Las tomas, finalmente, debilitan al gobierno universitario, dejando a los rectores y decanos bajo el permanente chantaje de ocupar las dependencias, por un día, o por un mes o por un año, lo que las asambleas dispongan.

La Casa Central de la Universidad de Chile estuvo convertida durante siete meses en una especie de feria artesanal ecológico quilapayunera, de aspecto repulsivo, una sede central de la capucha y de la universidad no pluralista. La dirigenta que anunció hace unos días el fin de la toma, declaró condescendientemente que "se devuelve la casa central a la comunidad y ya no sólo es de los estudiantes". ¡Gracias por el favor, amiga estudianta, gracias por devolvernos lo que no es tuyo!

Boric se forjó como dirigente en otra toma, la que tumbó y crucificó en Derecho al decano Nahum, que meses después volvió a salir elegido como Decano, en tanto que el propio Boric perdió allí las elecciones estudiantiles.

Las tomas son aceptables cuando revisten la forma de ocupación pacífica, es decir que alguien se sienta en un pasillo o un acceso o un salón sin impedirle a los demás que hagan lo suyo. Lo fueron también, gloriosamente, en dictadura. Pero las tomas de hoy se hacen en democracia y la mayoría no son para nada ocupaciones pacíficas. Y aquí viene otro cobro de responsabilidades a Boric. Al mando de la FECH, él tiene la potestad de disponer de fondos para el funcionamiento de esa federación, como corresponde. Pero... ¿coincide la agenda de Boric con la de nuestra Universidad, o está comprometida con causas probablemente nobles pero que en rigor debieran buscar locales, computadores, financiamiento, volumen mediático y apoyo por sí solas y no instrumentalizando a la Universidad de Chile?

Uno duda un poco, porque otros presidentes de la FECH han hecho más bien carrera política que carrera gremial o universitaria. Por ejemplo Luis Maira, o Jaime Ravinet, o Carolina Tohá, y lo mismo en la FEUC. Es lógico que en una posición así sea necesaria una mirada de país, política en el mejor sentido de la palabra. No comparto para nada la visión del gobierno y de la derecha de que los estudiantes deban preocuparse sólo del pase escolar o de asuntos meramente gremiales, que no es eso. La Universidad de Chile es una escuela de vida civil, un semillero político, y esa es una de sus virtudes. Los estudiantes, y Boric también, faltaría más, tienen derecho a levantar las agendas que les parezcan. Pero deben hacerse responsables de lo que plantean. Están sometidos, como todos quienes entran al debate público, a la crítica.

La contradicción se hará visible cuando el movimiento y sus estudiantes movilizados requieran urgentemente, impetuosamente, hacia fines de mayo como cada año, la toma y la paralización de la Universidad, y la ridiculización de Andrés Bello, y el basureo de nuestra Casa Central, y la destrucción de nuestros calendarios docentes. Así se sale en la tele y en El Mercurio. Así se muestra que somos los más rudos.

¿Será entonces Boric fiel a su agenda política de integrante de La Surda, o la adecuará al debido respeto a los bienes, los principios orientadores y la agenda de la Universidad de Chile, como está mandado en el Estatuto? ¿Será él un aporte institucional desde el Consejo Universitario, del cual forma parte como Presidente de la FECH, o no tanto?

Uno percibe que este joven busca y ha conseguido, merecidamente por lo demás, un protagonismo nacional. Es una especie de nuevo MEO, como decía alguien, una promesa, una fuerza social. Pero la Universidad de Chile, a la que pertenece, no parece formar parte ya de sus preocupaciones. La Chile aporta apenas 24 mil estudiantes a los cientos de miles de la epopeya nacional del movimiento por la educación, y Boric se mueve, como lo hizo Camila, en lo macro, en las grandes alamedas, en los nuevos desafíos globales y nacionales.

La supervivencia de las universidades públicas depende hoy de que el país y sus autoridades sepan hacer las debidas distinciones entre ellas y otras universidades, y que se les de un trato acorde con su misión. Pero la agenda movilizadora de eso que se llama “el movimiento” depende hoy, por el contrario, de que no se hagan esas distinciones, de que se sumen voluntades para avanzar, no ya hacia un buen sistema de universidades públicas, sino hacia una meta liberadora de carácter general capaz de convocar a las grandes mayorías nacionales. Es quizá por eso que la Universidad de Chile no aparece en el discurso del Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile.

Las universidades privadas son emprendimientos, empresas, y las públicas son más bien instituciones, espacios abiertos. El truco del neoliberalismo para liquidar a las públicas ha sido darles el mismo trato que las privadas. Estos estudiantes tan fogosos, curiosamente, se suman a esa estrategia, se han aliado a quienes quieren destruir a la Universidad de Chile, oh curiosidades de la dialéctica política.

Boric de Chile, sí. Pero no sabemos si también de la Universidad de Chile.

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