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Izquierda Chilena: Negacionista e Impune

por 19 diciembre 2011

Por supuesto, las "víctimas" no merecen ser castigadas: más de 600 han sido amnistiadas y más de 900 indultadas. ¿Amnistía a uniformados? La justicia de izquierda la deniega. ¿Indultos a uniformados? Sólo uno: Manuel Contreras Donayre. Ricardo I lo indultó a su manera: sin explicarle nada a nadie. El resto, presos o prcesados como "violadores de derechos humanos".

Si usted quiere disfrutar de momentos de amenidad, estudie las paradojas y piruetas que protagoniza la izquierda chilena. Ahora se encuentra empeñada en una espectacular: hacer aprobar una legislación para meter a la cárcel a quienes "nieguen, minimicen o condonen" las "violaciones a los derechos humanos".

Desde lugo, los izquierdistas, primero, se preocuparon de redefinir las "violaciones a los derechos humanos", de tal manera que en esa definición no fueran a caer los crímenes que ellos han cometido y cometen. Eso ya lo lograron: el asesinato de un civil (o de un militar) perpetrado por el MIR, el FPMR u otro grupo armado de izquierda, no constituyó una "violación a los derechos humanos", porque ésta sólo tiene lugar cuando el que mata a alguien es un "agente del Estado".

Como la izquierda chilena venía preparando desde 1965, según testimonios objetivos, la lucha armada para tomarse el poder; como durante la UP un centenar de víctimas cayó a manos de la izquierda violenta; y luego, bajo el Gobierno Militar, cuatro veces esa cifra fueron los caídos víctimas del terrorismo de izquierda, había que dejar despejado el punto: esas no fueron "violaciones a los derechos humanos".

Y como ellos no violaban los derechos humanos, pero tuvieron caídos en la lucha armada ¿que eran éstos?: "víctimas", por supuesto. Pues, para ella, no hubo lucha armada. Sólo dos bandos: los uniformados y las "víctimas". Y vendieron tan bien esta pomada que en una memorable carta a "El Mercurio" un Comandante en Jefe del Ejército, en los años '90, Juan Emlio Cheyre, demostró haberla comprado completa y al contado: al hacer referencia a las bajas de la lucha armada contra el extremismo habló de "nuestros camaradas y las víctimas". Y las "víctimas" han cobrado y siguen cobrando del erario miles de millones de dólares de indemnizaciones. El número de causas con el mismo propósito va en aumento y este año llegará a dos mil, y creciendo.

El ejercicio de la democracia establecida en la Constitución de 1980 y los triunfos electorales de la Concertación permitieron a la izquierda reescribir a su amaño la historia reciente. Pero como no ha podido impedir una insistente, si bien muy minoritaria, campaña desplegada por un puñado ínfimo de "cerebros NO lavados" para restablecer la verdad histórica, campaña que ha probado que la violencia armada la inició la izquierda, ésta discurre actualmente penalizar a quienes digan públicamente semejante cosa. Hay que meterlos a la cárcel. Los defensores de esta ley contra la libertad de expresión (entre los cuales la voz cantante ha sido Gonzalo Bustamante, profesor de la Universidad Adolfo Ibáñez --¿qué diría don Pedro Ibáñez, que me entusiasmaba para ir a referirles la verdad histórica a los alumnos de la Escuela de Negocios de Valparaíso, antecesora de la actual Universidad?-- quieren que vayan a la cárcel los "negacionistas", nombre dado en Europa a los que discuten el holocausto judío. Por supuesto, es otra pirueta espectacular de la izquierda, porque los judíos nunca se prepararon para una lucha armada contra ningún regimen europeo y, por tanto, fueron perseguidos injustificadamente; mientras ella sí preparó e inició la lucha armada contra la democracia en Chile.

Pero una pirueta todavía más espectacular, si cabía, fue la que le posibilitó a la izquierda el primer gobierno de los kerenskis chilenos, el de Patricio Aylwin, al formar la "Comisión Rettig". Sus investigadores eran unos 45 abogados de izquierda y sólo cinco de centroderecha (uno de éstos me lo refirió). ¿Y qué hicieron? Practicar ellos el "negacionismo". Hacer desaparecer el terrorismo de izquierda. ¿Usted quiere una prueba? Aquí va: en mi blog del 14 de diciembre referí cómo el sargento de Carabineros Tulio Pereira, intentó el 24 de febrero de 1976 salvar a una niñita, cogida en medio de una balacera entre miristas y agentes de seguridad. Pero un mirista le disparó al sargento a través del cuerpo de la niña, dando muerte a ambos. El episodio está referido por un testigo presencial y puede hallarse en la página 151del libro de Gisela Silva Encina, "Miguel Krassnoff, Prisionero por Servir a Chile", momentáneamente agotado "en las buenas librerías", por el gran interés público que despertó, pero en vías de reposición.

¿Y qué dijo el Informe Rettig de este asesinato? ¿Que el MIR los mató? ¡No! Dijo que el sargento murió "víctima de la violencia política". Pues el negacionismo de izquierda denomina así a la "entidad" que dio muerte en Chile a casi medio millar de uniformados y civiles entre 1973 y 1990. Y en un comentario a mi blog del 14 de diciembre un lector, "Cristián", cuya contribución agradezco, ubicó el párrafo del Informe Rettig referido a la niñita muerta. Dice así: "Susana Elizabeth Sanhueza Salinas... de siete años... se encontraba jugando en el jardín de la casa donde se produjeron los hechos, siendo a juicio de esta Comisión UNA VÍCTIMA INOCENTE DE LA VIOLENCIA POLÍTICA" (mayúsculas mías). Negacionismo puro. El MIR, que la mató, no aparece, no tuvo arte ni parte, según la Comisión. Fue la "violencia política". ¿Cómo iba a tener parte, si el MIR estaba en el alma misma de la UP, cuyos partidos votaron por Aylwin para Presidente; si el jefe del MIR era sobrino de Salvador Allende; si para su cumpleaños éste, en plena UP, le regaló una pistola plateada y nacarada, con una dedicatoria ambigua (como todo lo de Allende) recomendándole usarla "con consecuencia" (cita mía no textual y de memoria).

Entonces el silogismo está completo: las violaciones a los derechos humanos sólo las pueden cometer los agentes el Estado; luego, los terroristas del MIR, del FPMR y de los partidos con armas enumerados por Carlos Altamirano (el PC, el PS, el MAPU y la Izquierda Cristiana), eran inocentes de tales violaciones, de modo que, cuando caían en la lucha, eran "víctimas", pues sus armas se esfumaron (el "Nuevo Ejército", cuyos jefes se han lavado cuidadosamente sus respectivos cerebros, que tenía muchas de esas armas, si es que las conserva, ahora las oculta muy bien: son políticamente incorrectas).

Por supuesto, las "víctimas" no merecen ser castigadas: más de 600 han sido amnistiadas y más de 900 indultadas. ¿Amnistía a uniformados? La justicia de izquierda la deniega. ¿Indultos a uniformados? Sólo uno: Manuel Contreras Donayre. Ricardo I lo indultó a su manera: sin explicarle nada a nadie. El resto, presos o prcesados como "violadores de derechos humanos".

Y así la izquierda ha logrado la cuadratura del círculo, que jamás habría conseguido, por supuesto, sin la contribución de los kerenskis chilenos: ella fue "víctima" inocente, quienes la enfrentaron fueron "violadores de los derechos humanos"; los caídos bajo las balas que no provenían de los uniformados no son responsabilidad de ella, sino de una entelequia bautizada por el "Informe Negacionista Rettig" como "violencia política"; y dentro de poco cualquiera que pretenda decir otra cosa va a ir a la cárcel.

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