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La clase política: de espalda a los Derechos Humanos

por 19 diciembre 2011

El Presidente Piñera estimó más importante anunciar sus planes de modernización de la gestión gubernamental que realzar la voz del INDH. Lo incomprensible es que tampoco mandó a alguno de sus ministros, dejando en evidencia el ninguneo oficial. Sólo la ministra subrogante de Justicia, Patricia Pérez, pensó que debía asistir, pero se retiró antes de oír el Informe.

¿Hay algo más importante que los derechos humanos? Supongo que no, ya que estos son de la esencia misma de la persona. Por eso cuesta entender -¡y mueve a indignación!- la ausencia casi absoluta de la elite dirigente en la entrega del Informe Anual del Instituto Nacional de Derechos Humanos. ¿Será una nueva evidencia de que los políticos están lejos de los temas relevantes?

Imposible no preguntarse dónde estuvo el mundo político el jueves por la mañana, mientras Lorena Fries, directora del INDH, entregaba su mirada del país desde la perspectiva de lo que resulta medular para la vida en sociedad. Porque, contrariamente a lo que muchos piensan, los Derechos Humanos no se circunscriben a los derechos primarios que se violaron brutalmente durante la dictadura, sino que abarcan todo aquello que permite a las personas desarrollarse de manera integral. Y muchos de ellos se siguen violando.

Fue didáctica la exposición de Fries. Se paseó por los distintos hitos de este año caliente: el horror carcelario, los indignados en las calles, nuestro precario derecho a reunión (¡regulado por decreto supremo de 1983!), contaminación del medio ambiente, movilizaciones sociales, situación de los pueblos indígenas, trato a las minorías sexuales, nuevo postnatal. Según explicó: “el derecho al trabajo es tan importante y necesario como la libertad de expresión, el derecho a la educación es tan importante como el derecho a participar de los asuntos públicos. No hay jerarquía sino solidaridad  entre los derechos”.

El Presidente Piñera estimó más importante anunciar sus planes de modernización de la gestión gubernamental que realzar la voz del INDH. Lo incomprensible es que tampoco mandó a alguno de sus ministros, dejando en evidencia el ninguneo oficial.  Sólo la ministra subrogante de Justicia, Patricia Pérez, pensó que debía asistir, pero se retiró antes de oír el Informe.

Sus palabras provocaron aplausos entre los asistentes a un acto solemne en el Centro Cultural Estación Mapocho, que se inició con el Himno Nacional. Pero no estaban los dirigentes políticos para escucharla. No la oyeron quienes definen las políticas públicas, quienes fijan nuestras reglas del juego.

El INDH tiene la obligación de detallar anualmente la situación de los derechos humanos en el país. Así lo establece la ley 20.405 que lo creó hace justo dos años, y que estipula que el Informe debe entregarse al Presidente de la Republica, al Congreso y al Presidente de la Corte Suprema.

Podría haber sido un acto republicano del más alto nivel, pero no lo fue. El Presidente Piñera estimó más importante anunciar sus planes de modernización de la gestión gubernamental que realzar la voz del INDH. Lo incomprensible es que tampoco mandó a alguno de sus ministros, dejando en evidencia el ninguneo oficial.  Sólo la ministra subrogante de Justicia, Patricia Pérez, pensó que debía asistir, pero se retiró antes de oír el Informe.  Para cumplir con la ley, Fries fue a La Moneda y le entregó el documento a Sebastián Piñera en forma privada, es decir, sin que se note mucho.

El presidente de la Corte Suprema, Milton Juica, se excusó formalmente y pidió que el Informe fuera entregado a la ministra Mónica Maldonado quien asistió en su representación.

La única autoridad de primer nivel que mostró interés fue el presidente de la Cámara Alta, Guido Girardi (aunque se hizo esperar media hora). El Senado no sesiona los jueves; sin embargo, no asistió ningún otro Honorable. Ni siquiera los cinco integrantes de la Comisión de DD.HH., que preside Mariano Ruiz-Esquide. ¿Dónde estarían? Con seguridad darán una buena excusa si alguien los interpela.

La otra mitad del Congreso estuvo totalmente ausente. Es verdad que a esa misma hora la Cámara de Diputados estaba sesionando, pero el jueves no hubo en tabla ningún proyecto que ameritara compulsivamente su presencia. Sin embargo, ni uno solo prefirió ir al acto anual del INDH. Brillaron por su ausencia, incluidos los 13 diputados de la Comisión de DD.HH., presidida por Sergio Ojeda. ¿Valdrá la pena enterarse de sus disculpas? Obras son amores, no buenas razones.

Supongo que ningún lector o lectora requiere que enfatice que no asistió ningún dirigente de los partidos políticos. Las casi 400 personas presentes, además de los miembros del Consejo del INDH, eran abogados y, mayoritariamente, representantes de la sociedad civil.

Una vez más la clase política se perdió la oportunidad de mostrarse ante el país como dirigentes conectados con la realidad de todos los días. Su ausencia reafirma la idea –errada sólo a veces- de que se miran entre ellos y sacan cuentas para la próxima elección.

En un año en el que la clase política aparece cada vez más desprestigiada, en el que los dirigentes rehúyen los actos masivos, en el que parecen no encontrar un camino coherente a seguir, ¡qué bien les habría hecho escuchar a Lorena Fries! No estaría mal avanzar en los distintos conflictos desde la perspectiva de los derechos humanos. Ojalá algunos ministros y parlamentarios se den el tiempo de hojear el Informe. Si sus casi 300 páginas les requiere demasiado esfuerzo, un buen comienzo es el discurso de la directora del INDH: claro, preciso, contundente.

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