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Bolivia y la elite chilena

por 21 diciembre 2011

Si la “clase dirigente” en Chile logra después de un período de debate y discusión, llegar a un acuerdo sobre esta materia, eventual (y gradualmente) la opinión pública, hasta ahora refractaria, comenzará también a analizar con otra mirada un asunto donde hasta ahora han imperado las posturas reactivas, las defensas de carácter jurídico, o nociones clásicas de equilibrios de poder.

La reciente encuesta nacional bicentenario, aplicada por la Universidad Católica y Adimark, ha confirmado nuevamente, una opinión popular contraria al otorgamiento de una salida soberana al mar para Bolivia. 48% de los encuestados no está dispuesto a otorgar nada a este país, mientras un 40% acepta darle beneficios económicos en puertos locales, y un 9% adicional una franja de territorio para una salida al mar.

Si bien estas cifras, comparadas con encuestas anteriores, reflejan un endurecimiento en la posición de los chilenos frente al tema, ello no debe servir de excusa para que nuestra clase dirigente abdique de su responsabilidad de exponer a los chilenos, todo lo que está en juego en este caso. Es cierto, hay un tratado vigente que jurídicamente nos ampara frente a la aspiración boliviana, y hoy la debilidad de ambos gobiernos hace impensable e inviable cualquier estrategia “innovativa” en esta materia.

Si la “clase dirigente” en Chile logra después de un período de debate y discusión, llegar a un acuerdo sobre esta materia, eventual (y gradualmente) la opinión pública, hasta ahora refractaria, comenzará también a analizar con otra mirada un asunto donde hasta ahora han imperado las posturas reactivas, las defensas de carácter jurídico, o nociones clásicas de equilibrios de poder.

Sin embargo, una lógica permanente de “fortaleza sitiada” para enfrentar este tema, y donde el “inmovilismo” parece ser la única fuente de inspiración, puede dañar los intereses de Chile en el largo plazo, algo que muchos de nuestra elite reconocen en privado, pero que no exponen en público. Quién sí lo hizo hace un tiempo, fue el entonces Senador (y ahora Ministro) Pablo Longueira, cuando señaló la necesidad de debatir abierta y públicamente sobre una salida al mar “con o sin soberanía”, considerando que este tema afectará inevitablemente nuestros intereses en el vecindario y en la región, y agregando que, mostrar “liderazgo político” en esta materia no es seguir las encuestas, sino hacer “pedagogía en la opinión pública” para explicar y convencer a los chilenos, de la conveniencia de hacer avances concretos y de mutuo beneficio en un tema que no ha desaparecido desde la firma del Tratado de 1904. Un libro recientemente publicado por el ex Ministro Sergio Bitar, también apunta en la misma dirección, y propone opciones frente a esta disyuntiva que ya se prolonga por más de un siglo. Y es que el liderazgo político en este tema sí importa, porque a diferencia de otros asuntos de interés nacional, en el ámbito de la política exterior, la opinión pública tiene un escaso conocimiento de los temas debatidos, y tiende a “delegar” en sus autoridades la defensa de los intereses de Chile en el exterior. De aquí entonces, por ejemplo, la alta valoración que recibe en todas las encuestas (desde 1990) la “conducción de las relaciones internacionales”, lo que no se condice necesariamente siempre, con el desempeño real que ha habido en este ámbito en los últimos veinte años. Así, la opinión pública tiende a percibir que esta es un área donde “los políticos trabajan en forma consensuada” a favor de los intereses nacionales, y por ello el reconocimiento sistemático que ha habido en esta materia. ¿Qué implicancias tiene esto para un posible acuerdo futuro con Bolivia?: fundamentalmente, que si la “clase dirigente” en Chile logra después de un período de debate y discusión, llegar a un acuerdo sobre esta materia, eventual (y gradualmente) la opinión pública, hasta ahora refractaria, comenzará también a analizar con otra mirada un asunto donde hasta ahora han imperado las posturas reactivas, las defensas de carácter jurídico, o nociones clásicas de equilibrios de poder, que permiten mantener el “status quo”, pero que impiden maximizar las oportunidades que Chile tiene en la región, donde una “agenda del pasado” mientras exista, seguirá trabando cualquier “agenda del futuro”.

Avanzar en una resolución mutuamente satisfactoria a este tema, abriría nuevas oportunidades para nuestro país. Es esto lo que hay que relevar ante la opinión pública. Nuestra imagen y posicionamiento externos mejorarían; nos permitiría profundizar nuestra integración sub-regional; y también hacer efectiva una estrategia que conecte al corazón de nuestro continente con el Asia-Pacífico. En definitiva, necesitamos repensar e innovar respecto a las formas cómo se defienden la soberanía y proyectan los intereses de Chile, en este nuevo escenario global. Pero para ello, se requiere un liderazgo visionario que más temprano que tarde, deberá “salir del closet”, y exponer toda la verdad a los chilenos.

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