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La ministra Schmidt y el doble vínculo

por 22 diciembre 2011

La ministra Schmidt y el doble vínculo
¿Por qué no podría ser presidenciable si arroja, en la reciente encuesta Adimark, 79% de popularidad, superando al mismísimo Golborne? Ostentan antecedentes similares, lo que incluye falta de experiencia política previa y la carencia de domicilio partidario, devenida hoy en un plus. Es más, la actual Ministra del Sernam supera al 72% de conocimiento que tenía Bachelet en la encuesta CEP de julio de 2002, posterior a su irrupción arriba de un Mowag.

No nos engañemos. Que Chile  haya tenido una Presidenta no hace la ruta más expedita para las que aspiren a emularla. Es cosa de ver la persistente homogeneidad masculina de las fotos de los cenáculos políticos, salvo excepciones. Los tiempos para la igualdad política de género, traducida en paridad, se ven tan  distantes como para los hebreos su llegada a la Tierra Prometida, cruce del Mar Rojo mediante.

De ello, es más factible que se percaten aquellas que comienzan a experimentar el vértigo de las encuestas. Por el tenor de sus últimas declaraciones, es lo que le estaría ocurriendo a la Ministra Schmidt. Ella suele repetir que los liderazgos femeninos son cada vez más reconocidos, hasta que se topó que eso no ocurría con el suyo propio.

Para tratar de entender los motivos por los que la prensa no ha venido colocando a Schmidt en la línea de ministros presidenciables, con excepción de La Segunda del viernes 16 de diciembre, muy plausiblemente como reacción a su reclamo, hay que observar otros elementos.

Un diario de la plaza habló de su traspié a raíz de un llamado de atención presidencial por su reacción tuitera de molestia frente a la asimilación entre políticos y mujeres que hiciera el primer mandatario en un foro internacional. Sin embargo, no es descabellado inferir que el traspié es más incluyente puesto que coincide con su manifestación de legítimo derecho a ser incluida en el canon de los presidenciables de su sector.

¿Por qué no podría si arroja, en la reciente encuesta Adimark, 79% de popularidad, superando al mismísimo Golborne? Ostentan antecedentes similares, lo que incluye falta de experiencia política previa y la carencia de domicilio partidario, devenida hoy en un plus. Es más, la actual Ministra del Sernam supera al 72% de conocimiento que tenía Bachelet en la encuesta CEP de julio de 2002,  posterior a su irrupción arriba de un Mowag.

Schmidt verbalizó la injusticia, trasluciendo de inmediato todo el peso del llamado “doble vínculo”. Así llaman los psicólogos a las formas particulares de relación en que, hagas lo que hagas, siempre pierdes. Terminas encontrándote en una situación sin salida, que se deriva de los significados asignados a ciertos comportamientos. No advirtió que persiste la idea aquella de que, si un hombre es ambicioso, es un buen partido, pero si una mujer posee ambición, es una trepadora. Bachelet, militante desde la adolescencia y con mucha más calle, lo entendió bien. Siempre expresó que su candidatura no había sido algo premeditado sino impuesta por los ciudadanos. Si bien, como dijera  el analista Ascanio Cavallo, resulta difícil creer que se llega a la primera magistratura sin tener un ápice de ambición,  supo racionalizar su situación y pretensiones elaborándolas al amparo de lo que Beauvoir llamaba la “modestia razonable”: una forma de disimular el talento femenino en el trato “interpares” que, al menos hasta que salió de la presidencia con cerca de 80% de adhesión, nunca parecía ser totalmente entre iguales.

Para tratar de entender los motivos por los que la prensa no ha venido colocando a Schmidt en la línea de ministros presidenciables, con excepción de La Segunda del viernes 16 de diciembre, muy plausiblemente como reacción a su reclamo, hay que observar otros elementos.

Proviene de un servicio que, por mucho rango de ministerio que tenga, tiene un rol más bien discreto dentro del aparato del Estado aunque el  Programa de Mejoramiento de la Gestión (PMG), con su estímulo a la transversalidad de género, lo ha dotado de un protagonismo que tuvo su hora de gloria en la administración Bachelet.

Es por eso que se interpreta su popularidad como producto de la aprobación del postnatal de seis meses. La idea resulta coherente, más allá de sus atributos personales. A pesar de que 47% de mujeres en edad fértil y pudiendo ser madres dicen que no quieren tener hijos, según el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, la maternidad ocupa todavía en Chile un lugar importante en la construcción de la identidad femenina, extrapolando de ella comportamientos hacia otros ámbitos.

Con una Ministra que parece tener por delante, sorpresivamente, un futuro político auspicioso, la Segpres recién descubre el potencial electoral de los temas que administra su cartera. Aunque algunos insistan en asignarle a las demandas por igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres un rango menor, ya la campaña presidencial de 2005 dejó al descubierto lo miope de esta mirada. Recordemos que Bachelet concitó la llamada “solidaridad de género” en las mujeres, rompiendo la tendencia electoral previa de apoyo a la derecha. Claro que era una candidata inusual por cuanto podía mostrar, en su historia de vida, ejemplos concretos de las inequidades de género que denunciaba.

Según se desprende de la prensa, surge ahora un frenesí especial por inyectarle energía a una agenda que parece haber quedado exhausta, luego de la aprobación del postnatal. Veríamos, en el próximo tiempo, el impulso de algún tipo de incentivos para incrementar el número de mujeres candidatas a cargos de elección popular. Ello le brindará a Schmidt la exposición que necesita, particularmente en ciertos sectores del universo femenino, politizando una gestión más centrada en las necesidades prácticas de las mujeres que en sus intereses estratégicos,  y enfrentándola  a los ideólogos de la meritocracia. Y es que ya lo dijo Touraine: los debates y conflictos en torno a la situación y los derechos de la mujer son los más importantes de nuestro tiempo.

Lástima que, por los chistes sexistas del propio Presidente, parece ser el único que no se da por enterado.

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