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Retail: La guerra del plasma 2.0

por 23 diciembre 2011

No es admisible que se siga cobrando en forma desmesurada a quienes menos tienen: La Polar es el ícono, pero sin duda en el Retail siguen ocurriendo acciones que son necesarias investigar y sancionar.

Durante el año 2008 el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC) dictó sentencia contra Falabella y Paris, la cual fue ratificada (se redujeron un poco los montos de las multas) por la Corte Suprema el mismo año, por la denominada “Guerra del Plasma”.

Para quienes no se enteraron de esta situación o ya la olvidaron, un breve resumen. Previo al mundial de futbol desarrollado en Alemania el año 2006, Banco de Chile a través de Travel Club organizó una Feria Tecnológica en Casa Piedra en Santiago. En ésta, gran parte de las marcas ofrecería sus productos a los clientes del Banco, los cuales podían pagar hasta un 30% del precio de los artículos con puntos acumulados en sus respectivas tarjetas de crédito. Todo iba bien, hasta que una semana antes del evento, luego de sendos avisos publicitarios en los diarios de circulación nacional se encendieran las alarmas en el Retail.

El lunes 03 de Abril del 2006 Falabella y Paris comenzaron a llamar a sus proveedores de artículos tecnológicos para recomendarles en forma enfática que no participaran de la Feria Tecnológica organizada por Travel Club, porque caso contrario debían atenerse a las consecuencias. Incluso Falabella llamó a Ripley, quienes desistieron de participar en los llamados a los proveedores. A lo anterior, se agrega un aumento poco común de llamadas entre Paris y Falabella durante ese día y el siguiente.

Si bien la participación de ambas tiendas por separado en la venta de artículos tecnológicos no era considerada como de poder de mercado, los llamados excesivos dan la idea de la formación de un cartel, tan de moda por estos días. No entraré en el detalle, que se encuentra en la sentencia en extenso.

Uno de los antecedentes que arrojó este caso es que el negocio del retail en artículos como los televisores plasma, donde el cliente cotiza antes de adquirir uno por los montos involucrados, consiste en los intereses obtenidos en la compra con tarjeta de crédito del mismo local. Vale decir, si definimos el mercado relevante, resulta ser el mercado crediticio.

Es un hecho de la causa que por solo utilizar la tarjeta de Paris se debe pagar mensualmente del orden de tres mil pesos, por gastos de administración, de cobro, seguro de desgravamen, entre otros. Si a eso se le agregan los intereses propios de estas tarjetas, más los abusivos cobros de intereses en caso de no pagar, se configura un negocio altamente rentable.

Todos estos recuerdos volvieron a mí, cuando hace unos días tuve que comprar un regalo para el matrimonio de unos amigos. Lo que se estila actualmente son los códigos de novios (cada vez con menos beneficios y más restricciones) y que en este caso correspondía a la tienda Paris. Al tratar de comprar mediante la página web de la tienda y pagar mediante tarjeta de crédito bancaria, un error hacía fracasar la operación, el cual era acompañado mediante una amable frase que invitaba a intentarlo más tarde.

Fueron transcurriendo los días, el matrimonio se acercaba y el mensaje se hacía recurrente en mi pantalla. Ello tomó ribetes de desagrado y despertó mi curiosidad a la vez. Faltando dos días para el evento, y luego de un nuevo intento fallido, hice una inocua pregunta…¿Qué pasará si intento realizar la compra con la tarjeta de la tienda? La compra no demoró más de dos segundos en realizarse, junto con lo cual recibí emails confirmando la transacción en forma instantánea y los correspondientes agradecimientos por “preferir” a la tarjeta Paris. No está demás recordar, que al concretar la compra con la tarjeta de la tienda, el precio del producto aumentó en forma inmediata en tres mil pesos por los “gastos asociados”; ni hablar si se compra en cuotas.

Resulta indignante, que una tarjeta con fuerte penetración en el mercado recurra a políticas anticompetitivas en beneficio propio. A esto se suma que la facilidad de emisión de tarjetas que tiene el retail para los incautos consumidores contrasta con la emisión de tarjetas de créditos bancarias, generalmente con mayores restricciones y opciones de compras más convenientes (3 a 6 cuotas precio contado por ejemplo). No es admisible que se siga cobrando en forma desmesurada a quienes menos tienen: La Polar es el ícono, pero sin duda en el Retail siguen ocurriendo acciones que son necesarias investigar y sancionar.

(*) Publicado en El Quinto Poder.cl

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