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El balance 2011 y el K.O. de Piñera

por 27 diciembre 2011

Considérese primero, que la Alianza llega en las mejores condiciones a la competencia electoral 2012 desde el retorno a la democracia; con la Concertación sin acceso al financiamiento estatal y con inscripción automática y voto voluntario. Este último como es sabido, favorece a las opciones de derecha o a los recipientes de las preferencias de los más educados y afortunados, que en el caso chileno es extremadamente sesgado a favor de la derecha.

La confección y publicación de balances periódicos es el más conocido de los beneficios que permiten los principios contables y la generalización del uso de la moneda como medio de cambio y depósito de valor desde hace ya cinco siglos. Si en el análisis de la política se pudiesen hacer balances como en el de los negocios, el de la marcha del país en 2011 comenzaría con el K.O. del Presidente. Pero como lo explica el propio Giovanni Sartori, la política es una de las pocas actividades humanas en que hay una gran conveniencia en el oscurecer o completamente ignorar la verdad. En el caso de Sebastian Piñera, muchas de sus ventajas dependen de lo que los mejores analistas de la plaza denotan, como la capacidad de “que no te vean venir”.

Para entender mejor lo anterior, téngase en cuenta que el propio jefe de campaña del que fue el mejor competidor o mayor adversario del presidente (en 1989 y 2009), Eugenio Tironi y Eduardo Frei respectivamente, tituló su libro respecto a S.P. “¿Por qué no me quieren?”, siendo que al leerse, es obvio que habría sido más descriptivo preguntarse: ¿Por qué no me entienden? Si no fuese por lo que observó Sartori, la respuesta seria simple: porque no pueden, no quieren, ni deben. Partamos con lo que se conoce como la ley de Hanlon, la cual se resume como “Nunca atribuyas a la maldad lo que pueda ser atribuido a la estupidez”.

Considérese primero, que la Alianza llega en las mejores condiciones a la competencia electoral 2012 desde el retorno a la democracia; con la Concertación sin acceso al financiamiento estatal y con inscripción automática y voto voluntario. Este último como es sabido, favorece a las opciones de derecha o a los recipientes de las preferencias de los más educados y afortunados, que en el caso chileno es extremadamente sesgado a favor de la derecha.

En un contexto de tanta heterogeneidad como es el medio en el que se desenvuelve lo político, donde nuestra desigualdad material y educacional y cultural, incide de sobre manera en los mensajes por los medios abiertos, la necesidad de que sean comprensibles por grupos importantes desde el punto de vista numérico, pero desafortunadamente simples en su calidad de comprensión, explica la incomprensión de la mayoría del primer grupo: los que no “pueden”.

A esto se debe agregar los que por razones ideológicas y/o de competencia electoral y política necesitan impedir que otros entiendan. Este es el caso de los que no “quieren” que se sepan ciertas cosas, entre los cuales se cuentan tanto analistas como políticos chilenos. De hecho en nuestro medio abundan los que Sartori entre que denostó y alabó cuando denotó como los especialistas en el “arte” de confundir las cosas políticas, en su propio provecho. En el caso chileno la veta más prolífica es la que tiene que ver con la explotación político-electoral de la desigualdad social y la ambigüedad respecto al modelo de desarrollo económico. Desde la exitosa campaña de Patricio Aylwin en 1989 hasta la fallida de Frei en el 2009, la fórmula comunicacional descansó en el reiterar la expectativa que con sus votos los menos afortunados obtendrían el abandono de las políticas económicas que porfiadamente mantuvieron, expandieron y profundizaron el modelo económico. En su preciso pero despiadado retrato/video “Los héroes están fatigados”, Marco Enríquez desnudó a algunos de los principales “artistas” y en su campaña presidencial sepultó las expectativas de mantención indefinida de la formula.

Pero eso no es todo lo que se debe tener en consideración. También hay que considerar la extraordinaria capacidad de Piñera en impedir que sus competidores anticipen sus estrategias o balanceen sus ventajas competitivas. Estas se pueden resumir en orientarse primordialmente al centro político, lo que en la literatura especializada se conoce como “el votante mediano” y exacerbar esa ventaja, particularmente impidiendo que ningún otro miembro de su coalición o de otra, le dispute esa posición. Si bien esta estrategia es fácil de entender, no es fácil de implementar  y aún menos, mantenerla oculta. Pero no es casualidad que de todos los políticos relevantes de la derecha, sólo el presidente y Joaquín Lavín han sido una sola vez candidatos en el sistema binominal (exitoso sólo el primero). Debe recordarse, que a diferencia de los sistemas electorales mayoritarios (alcalde y presidencial), los sistemas proporcionales, particularmente el binominal (parlamentario) tienden a alejar a los candidatos del centrista votante mediano y acercarlos a los extremos. Agréguese la disciplina en no permitir que nadie se le parezca o tenga una imagen pública similar y en siempre tener con quién contar para “planes B”, pero siempre con figuras que no puedan hacerle sombra o competir con él.

Pero es en que “no lo vean venir” donde S.P. ha contado con la complicidad de la mediocridad de los medios chilenos. Más aún, son conocidas las acusaciones de ex competidores, conspicuamente por su derecha H. Pérez de Arce, de que cuando no funcionaba el lado más común de ley de Hanlon, S.P. simplemente  recurría a lo otro. Nótese por ejemplo lo que sucedió durante el 2011 con las encuestas de popularidad. La política electoral no es como la preparación de los velocistas o fondistas, en que lo importa son sus tiempos y distancias. La analogía apropiada es el box, donde lo que importa es el estado de los competidores y por mucho que reciba uno, si el competidor se cae antes, uno gana. En síntesis, no importa si la popularidad del presidente es 90 o 20, ni si sube o baja ésta, lo único que importa es si está arriba o debajo del otro, en este caso, la Concertación. En eso S.P. nunca se confundió.

Hoy después de la aprobación del presupuesto de educación, de las reformas políticas y de la desocupación de las universidades y colegios tomados, es obvio el fracaso del movimiento de estudiantes y profesores anarco leninistas en lo que correspondía al desafío a la supremacía institucional y con ello se mantiene el statu quo, salvo en lo del nuevo equilibrio de aprobación entre derechas y Concertación. Más allá de demostrar la falsedad que se le haría ingobernable el país a la derecha, el presidente demostró que puede recibir castigo y que no lo botarán por esa vía. En lenguaje boxeril, al no caer el actual campeón (el presidente) el round se declara empate y como el anterior (2010) lo había ganado S.P. por puntos (mineros y terremoto mediante), lo que importa ahora son los resultados de los dos rounds que quedan: las municipales (2012) y las presidenciales y parlamentarias (2013).

Si la Alianza sube en relación al 2008 en votos, concejales o alcaldes, la elección del 2013 se dará en condiciones donde el apoyo (o su ausencia) de S.P. será muy importante, tanto como la capacidad de noquear lo es para los boxeadores. Considérese primero, que la Alianza llega en las mejores condiciones a la competencia electoral 2012 desde el retorno a la democracia; con la Concertación sin acceso al financiamiento estatal y con inscripción automática y voto voluntario. Este último como es sabido, favorece a las opciones de derecha o a los recipientes de las preferencias de los más educados y afortunados, que en el caso chileno es extremadamente sesgado a favor de la derecha. Considérese que el único sector donde el presidente ha mantenido o mejorado la evaluación de su gestión en todas las encuestas, es en la política económica en el ABC1. A lo anterior debe agregarse la cada vez más notoria izquierdización de la Concertación, a consecuencia de las acciones del PC, como a la cada vez más articulada estrategia del senador Girardi y sus aliados que prefieren oponerse a Piñera y al modelo económico con lucro, que gobernar con la DC y manteniendo el statu quo.

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