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Beyer: el paper no basta

por 30 diciembre 2011

Beyer: el paper no basta
Harald Beyer lo comprenderá cuando se sorprenda al darse cuenta que la agenda de educación no es la agenda ni del movimiento estudiantil, ni de la calidad del sistema educativo, ni de ninguno de esos eslóganes de campaña presidencial, sino cuando comprenda, como el Fausto de Goethe, que la agenda es el mismísimo presidente Piñera: sus encuestas.

Justo el día en que el CEP entrega cifras fenomenalmente deprimentes para el gobierno y en particular para el Presidente, es decir, justo el día en el que Fontaine, Beyer y la camada de técnicos del Centro de Estudios Públicos dejaban nuevamente a nuestro mandatario con un K.O. inminente, es cuando Sebastián Piñera arremete desde las cuerdas –con un nueva jugada a su estilo- rehusándose porfiadamente a caer de una buena vez en la lona del ring político.

Piñera lo hace otra vez. Un amigo economista, en asociación libre, me dijo mientras escuchábamos la noticia: “si no puedes contra ellos, cómpralos”. El cinismo brutal de su expresión no dejaba de tener sentido. La política que no se entiende desde Maquiavelo no es política con los pies en la tierra.

¿Es Harald Beyer el “Schiefelbein de Piñera”? Esperemos que no. Concedámosle el beneficio de la duda y esperemos que comprenda rápidamente, que caiga en la cuenta más temprano que tarde, que otra cosa es con guitarra.

En consecuencia, Piñera elige el mismo camino anterior. ¿Era la UDI quien venía denunciando falta de conducción política? Longueira y Chadwick al gabinete. ¿Son los liberales los que quieren reformas valóricas? Allamand y Mathei al gabinete. Ahora, sin esperar mucho, se lleva al mismísimo Harald Beyer, factótum del CEP, quien el día anterior había deslizado críticas al ministro saliente Felipe Bulnes.

La relación entre Harald y el presidente en apariencia será fluida. Se conocen hace tiempo y como el mismo Beyer lo reconoció, junto con ser el “regalón” de la Concertación, fue cercano al candidato Sebastián Piñera y lideró su grupo Tantauco de Educación. Pero a las semanas de no ser nombrado ministro de educación al inicio del actual gobierno, es decir, a semanas de no ser reconocido como uno de los “excelentes elegidos”, Beyer comenzó a hablar del gobierno y del Presidente en tercera persona, aprovechando su mediática figura para deslizar críticas y posar de independiente y neutral.

Hace sólo días en la radio Duna, con su tono desdeñoso característico, Beyer afirmaba: “Yo supongo que al gobierno le convendría presentar un proyecto ambicioso en educación o en igualdad de oportunidades que signifique eventualmente un alza de impuestos […] pero yo no sé si el gobierno tiene la decisión política de gastar más”. Beyer es amigo de la casa en La Tercera y El Mercurio y de muchos otros medios. Así que mala prensa no tendrá, que es lo que quiere Piñera en definitiva: reporteros, columnistas y twitteros a su favor.

Pero, contrariamente a los dichos de Beyer, ayer el Presidente Piñera, durante el cambio de ministros, habló fuerte y volvió a afirmar al país que está en marcha una gran reforma en educación particularmente en todos los sectores que no protestan en las calles. Previamente, el Presidente le había entregado al nuevo ministro de educación una carpeta con su carta de navegación para la cartera. Beyer estuvo tentado a buscar en la carta de navegación esa gran reforma en marcha. El caso es que ya no podrá seguir en esa actitud desde la torre de marfil de los expertos o desde el picado que no fue invitado a la fiesta de los mateos nerds de la excelencia (habló a favor del plebiscito en educación, en contra del lucro de las privadas, exigió transparencia a las universidades que lucran, etc.).

En efecto, ayer Harald Beyer estaba exultante y feliz en el Salón Montt Varas, como cuando un niño se gana el primer puesto del mateo del curso. Se le notaba con la esperanza de un Fausto. Pero luego, en la conferencia de prensa, se comprendió rápidamente que ese Fausto tiene la misma ingenuidad que el del Goethe, que creyó en un principio poder dominar a Mefistófeles con su cientificismo. No creo, dijo, que se requiera de una experiencia política prolongada para hacerlo bien en esta cartera, amparándose en su rocambolesca carrera de analista y experto.

¿Impuesto específico a las gasolinas? Harald, paper en mano, analiza. ¿Sistema binominal? paper en mano, lo mismo. ¿Delincuencia, cárceles? Otra vez. Y bueno ¿educación? Harald por lejos el más atento con el último paper. Ya le otorgamos el premio al hombre del año en educación para ser justos.

¿Cuánto tiempo demorará en comprender que para gobernar no se necesitan los conocimientos de ningún paper? Ayer fue evidente para él y para todos que los aplausos cuando se encaminaba a ocupar el puesto del ministro saliente no eran para él precisamente, sino para Felipe Bulnes, aplaudido -dicho sea de paso- de pie por la audiencia. La cuna de Bulnes versus la educación formal de Beyer.

En fin. Harald Beyer lo comprenderá, cuando se sorprenda al darse cuenta que la agenda de educación no es la agenda ni del movimiento estudiantil, ni de la calidad del sistema educativo, ni de ninguno de esos eslóganes de campaña presidencial, sino cuando comprenda, como el Fausto de Goethe, que la agenda es el mismísimo presidente Piñera: sus encuestas.

¿Es Harald Beyer el “Schiefelbein de Piñera”? Esperemos que no. Concedámosle el beneficio de la duda y esperemos que comprenda rápidamente, que caiga en la cuenta más temprano que tarde, que otra cosa es con guitarra.

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