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Con todo respeto, señor Presidente

por 3 enero, 2012

Con todo respeto, señor Presidente
Señor Presidente: redefinir el juego requiere idear formas sensatas de redistribuir las cartas, antes que quienes han ido quedando fuera, le peguen una patada al tablero. Ud. puede hacerlo. Nadie va a acusarlo de comunista, ni resentido. Por eso, siga luchando contra el abuso, la colusión y la ilegalidad en la competencia; impulse su perfeccionamiento, abra aún más el país al mundo, para que nadie se escude en monopolios u oligopolios.
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El magro 23% de apoyo a su gestión es parte de un fenómeno más general y extendido. Desde luego, la encuesta CEP muestra que no sólo Ud. cae, sino el conjunto de las instituciones políticas, económicas, sociales y religiosas. La ciudadanía ha perdido –y en varios casos, con razón- su tradicional confianza y respeto a los partidos políticos y empresarios, al Congreso y Tribunales, medios de comunicación e iglesias, y hasta a policías y sindicatos. Es decir, están en entredicho todas aquellas orgánicas sociales que la gente de a pié asume con algún tipo de poder o injerencia sobre su vida, porque las culpa de parte relevante de sus actuales problemas.

Y es que ya ha pasado más de un cuarto de siglo  desde que Chile se integró a la corriente mundial del libre mercado y consumo, con el correlato de autonomía y derechos que esa libertad importa. Si le agrega las nuevas tecnologías de la información, el cambio es imparable, porque como Ud. dice, la gente se ha “empoderado”. Vea que los chilenos del siglo XXI ya no hablan en chiquitito, se transforman en figuras mundiales, no “agachan el moño” ante una mala atención en un restaurante, el grito destemplado de algún burócrata o el mal trato de su jefe.

La democracia, el mercado, la libertad de elección y la competencia, los ha transformado. La libertad les ha entregado esa dignidad extraviada por decenas de años en los que el consumo era un privilegio, por escasez o racionamiento; por un Estado que se había tornado indispensable para optar una amplia gama de bienes y servicios y un “mercado” en que las empresas “competían” ante la autoridad económica para conseguir una fijación de precio lo más alto posible y crecían bien protegidas con altísimos aranceles, de la competencia externa.

El 23% que aún lo apoya, cree fervientemente en que una sociedad democrática, progresista, libre, diversa, tolerante y plural es posible, a pesar de todo. Hay otro 60% que, apreciando profundamente la libertad, la quieren a condición de una cancha pareja, en la “que no haya unos más libres que otros” –no al menos con las irritantes diferencias que muestra Chile- merced a esa inclinación.

La mayoría de quienes hoy repudian a las instituciones son personas que, además, han forjado sus destinos y el de sus familias mediante su propio esfuerzo, sin subsidios ni prebendas, desligándose de la esclavitud “de oro” que implica el paternalismo estatal. Son personas cuya honra está fundada en un cada vez mayor consciencia de su propia capacidad. Millones de ellos ya no van al “besamanos” de ninguna autoridad ni jerarquía para sostener a los suyos y sólo quieren seguir progresando por sus propios medios, lealmente, sin asfixiantes controles o artificiales barreras burocráticas.

Por eso, señor Presidente, lo eligieron a Ud. Porque se desengañaron de años de promesas políticas y económicas incumplidas que, o les quitaban dignidad, cooptándolos mediante prebendas paternalistas, o la libertad, encadenándoles su iniciativa, creatividad y capacidad. Porque creyeron que gracias a sus talentos empresariales, su presencia en el Ejecutivo les permitiría a ellos seguir avanzando en la materialización de los sueños de bienestar que la libertad provee y vivir seguros en la calidez de sus entornos familiares, sin más problemas de los que son propios a hombres y mujeres libres e iguales.

Esas personas no buscan a ningún gran líder ni estadista que les ofrezca futuros utópicos. Cada uno de ellos tiene sus metas. Quieren a un Presidente principalmente ocupado en generar, desde sus prerrogativas legales mandatadas, las condiciones para vivir en paz y seguridad, en una sociedad que premie el esfuerzo y castigue la corrupción, el engaño y el abuso. Un Presidente que empareje una cancha que, en las economías libres, tiende por lógica del sistema, a empinarse en contra de quienes han sido dotados de aptitudes distintas y menos rentables que el buen ojo para los negocios. Un Presidente que les abra canales para expresar y hacer valer sus opiniones, aportes y puntos de vista, muchas veces apartados del frío cálculo econométrico, pero con una estética y humanismo que le da el verdadero sentido a sus vidas. No sólo de pan vive el hombre.

El 23% que aún lo apoya, cree fervientemente en que una sociedad democrática, progresista, libre, diversa, tolerante y plural es posible, a pesar de todo. Hay otro 60% que, apreciando profundamente la libertad, la quieren a condición de una cancha pareja, en la “que no haya unos más libres que otros” –no al menos con las irritantes diferencias que muestra Chile- merced a esa inclinación. Aquellas personas quieren que Ud. haga valer, promueva y cuide los mecanismos que la sociedad se ha dado para morigerar las asimetrías que la libertad produce, sin que por ello, la extingamos o pongamos en peligro, ni volvamos a ingenierías sociales que pavimentan el camino al infierno, aún con las mejores intenciones de equidad y justicia.

De allí la baja la adhesión y confianza en todas las instituciones, incluida la que Ud. representa. Porque para ese 60%, el juego del Metropolis que se inició en los 80 los está dejando fuera. Porque los pocos ganadores -talentosos operadores del dinero y del poder- ya ocupan todas las casillas (2.000 dirigentes políticos incumbentes que disponen como repartir los impuestos y 4.500 corporaciones que disponen como se invierte más del 50% del PIB) excluyendo y poniendo el juego fastidioso. Porque, para rematarla, su Gobierno ha pillado a supuestos “winners” haciendo trampas.

Señor Presidente: redefinir el juego requiere idear formas sensatas de redistribuir las cartas, antes que quienes han ido quedando fuera, le peguen una patada al tablero. Ud. puede hacerlo. Nadie va a acusarlo de comunista, ni resentido. Por eso, siga luchando contra el abuso, la colusión y la ilegalidad en la competencia; impulse su perfeccionamiento, abra aún más el país al mundo, para que nadie se escude en monopolios u oligopolios. Convoque a más y más chilenos a tener fé en sus propios emprendimientos, a hacer crecer sus Pymes y a generar trabajo. Ponga a los bancos a colaborar y confiar en ellos. Traiga más técnicos y científicos extranjeros para poner varas más altas a la investigación científica y tecnológica en nuestras universidades y empresas, porque como Ud. dijo, la mejor inversión es en las personas, mediante educación de calidad, buenos profesores y alumnos deseosos de aprender; siga usando todo el rigor de la ley para cuidar a los trabajadores de los abusos de los fuertes y la criminalidad de los bárbaros, en eso si requieren subsidio estatal; haga valer su voz y transfórmelos en constructores activos de su propia vida, aumentando su participación en los temas que inciden en ella; impulse más competencia en política con primarias vinculantes, plebiscitos comunales y menos barreras para conformar partidos; ayúdelos, en fin, a vivir dignamente en barrios tranquilos, casas decentes, parques y plazas verdes y cuidadas, en las que puedan jugar con sus hijos, sin temor a la violencia de ningún tipo.

Ud. conoce bien a sus pares. Muchos de ellos pueden aportar, con su capacidad y eficiencia, a generar más riqueza y mejorar la cancha para los 17 millones de chilenos sin excepción. Por eso, señor Presidente, no importa que, por ahora, tenga el rechazo que muestran las encuestas. Aún tiene dos años por delante. Si al término de su mandato el país está reconstruido, hay pleno empleo, los trabajadores están ganando buenos sueldos, pagando sin angustias sus cuentas, con sus hijos en buenos colegios, barrios más protegidos de la delincuencia y pudiendo participar con sus ideas de la edificación de un país mejor, tenga Ud. la certeza que tendrá una despedida gloriosa. La gente no quiere nada más que eso.

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