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Jobs: pensar diferente

por 3 enero, 2012

¿Por qué obligar a ir a clases que no te interesan y no permitir el “paseo” por las que sí pueden parecerte atractivas individualmente? A veces estamos más preocupados de los planes y programas, cumplir la cantidad de horas y los objetivos, más que dejar rienda suelta a la creatividad.
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“¿Quieres pasarte el resto de tu vida vendiendo agua azucarada o quieres una oportunidad para cambiar el mundo?”, es una de las reflexiones, que al igual que el título de esta columna nos entrega la biografía de Steve Jobs escrita por Walter Isaacson.

Un libro que, más que la historia de uno de los hombres más creativos del último tiempo, es fuente de inspiración no sólo respecto de cuales debieran ser, quizás, los aspectos a discutir cuando hablamos de calidad educacional, sino que también para considerar hacia dónde queremos ir.

Básicamente de lo que se trata es de “pensar diferente”. El punto es saber cómo conseguirlo.  ¿Cómo mostrar a los más jóvenes –y a los que no lo son tanto- que buscar lo imposible es hasta divertido? -en palabras de Walt Disney-,  o quizás hay que ir “hasta el infinito y más allá”, como invita Buzz Lightyear, uno de los protagonistas de las películas creadas por Jobs.

Una manera de pensar diferente, que le permitió vivir y crear empresas con un sentido distinto. Por ejemplo, en este mundo competitivo, esclavo del marketing, las encuestas y dominado por el reinado del managment,  ¿cuáles son los objetivos? ¿Superar la competencia y ganar mucho dinero?  O más bien, debiéramos tender a fabricar el mejor producto posible, o incluso uno aún mejor como sentenciaba Jobs. Es evidente que la respuesta a  esa pregunta, sin duda puede marcar un antes y después del rumbo que tomen los acontecimientos, y nos permita caminar por un sendero menos tortuoso que el trazado por los estudios de mercado.

¿Por qué obligar a ir a clases que no te interesan y no permitir el “paseo” por las que sí pueden parecerte atractivas individualmente? A veces estamos más preocupados de los planes y programas, cumplir la cantidad de horas y los objetivos, más que dejar rienda suelta a la creatividad.

Habría que orientarse hacia una sociedad de creadores de riqueza más que de administradores. Pero no de una riqueza que se mida en función de los ceros que tenga la cuenta corriente, sino del tipo de sociedad que queremos (todos), fruto de la educación que reciben nuestros jóvenes. Una riqueza dada por esa combinación entre las humanidades y la tecnología, en donde se cruzan con la creatividad, la innovación, la espontaneidad, la estética y el goce a través de los placeres que tiene la vida.

Atreverse, esa debiera ser la señal. Un niño adoptado cuyos padres desarrollaron sus potencialidades. Que vivió en un contexto estimulante, abierto y tolerante.  ¿Por qué obligar o castigar a quien no le gusta una determinada materia? La culpa la tienen los colegios por obligar a memorizar, dice el libro, datos estúpidos en lugar de estimular sus potencialidades. El desafío es de quienes educamos: ser capaces de transmitir y captar la atención del joven.

¿Por qué obligar a ir a clases que no te interesan y no permitir el “paseo” por las que sí pueden parecerte atractivas individualmente? A veces estamos más preocupados de los planes y programas, cumplir la cantidad de horas y los objetivos, más que dejar rienda suelta a la creatividad.

Más que buscar explicaciones, tal vez es mejor  asumir que si quieres vivir en forma creativa “no mires demasiado atrás”, dice el libro.

Hace un tiempo, el filósofo Fernando Savater escribió: “Los humanos no somos problemas o ecuaciones, sino historias; nos parecemos menos a las cuentas que a los cuentos”.

Ser rebelde, pero al mismo tiempo innovador y creativo. Un acto de creación, igual que un artista. Hacer de esta revolución que se viene, una revolución como la que hizo Jobs, es decir, a partir de TU libertad,  la oportunidad de cambiar el mundo, en definitiva, de pensar diferente.

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