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Síndrome de China

por 5 enero, 2012

Síndrome de China
Las casualidades nuevamente hacen pensar. El anuncio del Ministro Larraín, un antiguo crítico de las políticas de Hacienda, ocurren un día después de la visita de la Presidenta a La Moneda, donde a la salida, por vez primera desde que está en ONU, se refiere a la contingencia, hablando de la crisis y la necesidad de medidas para proteger a los sectores más vulnerables, yendo en la misma línea que Longueira y haciendo un guiño a su pelea ganada en la crisis subprime.
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El 29 de diciembre La Segunda publicó una separata sobre proyecciones económicas para el 2012 donde entrevista a varios ministros, dirigentes gremiales y economistas de la plaza, que coincidieron en una visión optimista de la economía chilena. En las 62 páginas de la separata hay profusión de  versiones retocadas de las clásicas frases respecto a que estamos preparados para las contingencias, los equilibrios macroeconómicos y otros clichés manidos de la prensa económica chilena.

Por cierto, en el pool de economistas elegidos todos están ligados a los bancos, cuyo optimismo es lógico, pues tienen intereses claros que haya una percepción positiva de la economía y así  aumentar el uso de los plásticos y la demanda por el crédito, los dos segmentos con mayor margen en la industria financiera chilena. Sólo hay tres voces disonantes entre los 26 entrevistados. Una de ellas es la del sagaz ministro Pablo Longueira, quien reconoce que el 2012 viviremos un complejo escenario y que debemos ser capaces de sacar lecciones de las crisis pasadas.

La verdad que Longueira tiene razón. Según los datos del Banco Central el cobre representa el 58% de nuestras exportaciones, y el principal destino de éste es China, que nos compra el 33% del metal rojo que producimos. Más aún, el precio del cobre  en el mundo está en buena parte determinado por la demanda de China.  Es directo concluir que lo que pase en China determinará si efectivamente la crisis económica llegará a nuestras puertas y repercutirá en los puntos vulnerables de nuestra economía: el empleo, el acceso al crédito, la construcción y las ventas.

La verdad es que Longueira tiene razón. Según los datos del Banco Central el cobre representa el 58% de nuestras exportaciones, y el principal destino de éste es China, que nos compra el 33% del metal rojo que producimos. Más aún, el precio del cobre  en el mundo está en buena parte determinado por la demanda de China.  Es directo concluir que lo que pase en China determinará si efectivamente la crisis económica llegará a nuestras puertas y repercutirá en los puntos vulnerables de nuestra economía: el empleo, el acceso al crédito, la construcción y las ventas.

El optimismo respecto a China de  la gran mayoría de  los consultados por La Segunda, los del sector bancario, y curiosamente también por el Ministro de Minería, no es compartido más allá del Club de Golf Los Leones. En otras partes del mundo ya no le creen mucho a China. El economista Nouriel Roubini, reconocido por ser uno de los más certeros en la crisis subprime, escribió en su blog hace pocos días que la caída de los precios inmobiliarios en el país asiático es una prueba en las fallas en su modelo de crecimiento y que está empezando una reacción en cadena que tendrá efectos en la inversión y los ingresos del gobierno. Esa reacción en cadena descrita por Roubini es una amenaza sobre los precios del cobre y sobre la estabilidad económica chilena.

El miércoles el Ministro Larraín anunció la inyección de 1.700 millones de dólares al Fondo de Estabilización Económica y Social, aquel que hizo famoso al Ministro Andrés Velasco y que le valió los aplausos de la opinión pública a la gestión económica de Bachelet.

Las casualidades nuevamente hacen pensar. El anuncio del Ministro Larraín, un antiguo crítico de las políticas de Hacienda, ocurren un día después de la visita de la Presidenta a La Moneda, donde a la salida, por vez primera desde que está en ONU, se refiere a la contingencia, hablando de la crisis y la necesidad de medidas para proteger a los sectores más vulnerables, yendo en la misma línea que Longueira y haciendo un guiño a su pelea ganada en la crisis subprime.

El cambio de giro del Ministro Larraín tiene una explicación. Hay que recordar que al inicio de la crisis hipotecaria en Estados Unidos el gobierno de Bachelet tenía dificultades serias. Transantiago le había hecho perder puntos importantes en las encuestas y su gabinete de nuevas caras navegaba sin rumbo político. Coincidentemente con la explosión de la burbuja inmobiliaria, empezó el repunte de la popularidad que la hizo terminar como la más popular de la historia. Hay muchos en el gobierno que apuestan que una crisis económica originada por un desplome de China podría ser la oportunidad que muestre que el Presidente, con su título de Harvard y sus conocidas habilidades financieras, haga la magia y Chile mantenga la productividad e incluso crezca mientras se desploma el precio del cobre. Al menos en esa parte podría superar el desempeño de la dupla Bachelet-Velasco y cumplir el anhelo de pasar a la historia por algo que no sea su baja popularidad y el Mapocho Navegable.

El problema es que el alza de la popularidad de Bachelet no se explica solamente por el manejo de la crisis, sino por otros asuntos que el gobierno anterior resolvió, entre ellos un nuevo gabinete, que incluyó un cambio radical en La Moneda, que incluía al ministro del Interior. Y en eso, el actual gobierno parece que no imitará al anterior.

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