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Las caras ocultas del abuso

por 7 enero, 2012

Las cifras debieran recordarnos que la figura del adulto abusador está presente en el entorno de los niños y niñas en todo el espectro social, amparada en los lazos de confianza, en el ejercicio ilegítimo de su poder y en un contexto social que todavía cuestiona el pleno ejercicio de los derechos de la infancia, dejándola desprotegida.
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Hay mecanismos básicos de la sociedad cuyo propósito es tipificar y estructurar una suerte de tipología del bien y del mal, donde los representantes de uno y otro bando parecieran estar claramente definidos. Esto mismo sucede en el caso de los abusadores. Nos imaginamos que estos sujetos están fuera de nuestra órbita cotidiana, que son extraños a nuestro círculo íntimo y que cuando se presentan lo hacen con su peor cara.

Los resultados de la encuesta sobre Percepción de Abuso en Adolescentes de la Región Metropolitana, realizada por la Corporación Opción y Fundación Para la Confianza, desmitifican estas nociones y nos muestran que la experiencia del abuso podría estar mucho más cercana entre los jóvenes, y no sólo de los sectores de menores recursos como se suele pensar, sino también en los estratos más acomodados.

Las cifras debieran recordarnos que la figura del adulto abusador está presente en el entorno de los niños y niñas en todo el espectro social, amparada en los lazos de confianza, en el ejercicio ilegítimo de su poder y en un contexto social que todavía cuestiona el pleno ejercicio de los derechos de la infancia, dejándola desprotegida.

Un 19 por ciento de los jóvenes encuestados declaró que un adulto se le ha acercado demasiado, de manera que le “incomoda”, situación que es más frecuente en el segmento socioeconómico alto. Además el 15,6% de los adolescentes ha recibido golpes de parte de un familiar adulto, lo que también es más frecuente en los jóvenes de mayores recursos económicos. El estudio también arroja un dato alarmante: el 6,2% de los adolescentes ha sufrido un abuso de parte de un adulto. Lo más grave está en que el 8,4% de los entrevistados dice que no se siente protegido frente a la eventualidad de sufrir un abuso. Cerrando este oscuro cuadro hay que señalar que la sensación de desprotección es más fuerte en los adolescentes de sectores socioeconómicos bajos.

También queda evidenciado el deterioro del capital simbólico de algunas instituciones, en particular la iglesia, representada en la figura del sacerdote. En esta encuesta, los jóvenes consideran al sacerdote como una de las figuras que representa mayor riesgo en compañía de un niño o niña y es la última persona a la que acudirían para pedir protección. La desconfianza instalada en el ejercicio de su rol en buena parte es atribuible al impacto de casos públicos y emblemáticos de abuso sexual a niños por parte de miembros de la iglesia.

Sin embargo, las cifras debieran recordarnos que la figura del adulto abusador está presente en el entorno de los niños y niñas en todo el espectro social, amparada en los lazos de confianza, en el ejercicio ilegítimo de su poder y en un contexto social que todavía cuestiona el pleno ejercicio de los derechos de la infancia, dejándola desprotegida. Esta realidad Corporación Opción la conoce muy bien a través de sus programas de atención a miles de niños y niñas vulnerados en sus derechos, y es una de las principales razones por las cuales Opción ha venido promoviendo distintas políticas públicas a favor de la infancia, tales como la aplicación sistemática de la Convención de los Derechos del Niño, la creación de la figura del Defensor del Niño y un Sistema de Protección Integral de Derechos.

La experiencia internacional demuestra que la existencia de un Estado coordinado y organizado mediante mecanismos que garantizan los derechos de todos los niños, niñas y adolescentes, genera las condiciones para que las probabilidades de vulneración disminuyan y que los abusos tengan las sanciones que correspondan.

Tenemos que construir una sociedad que no deje espacio a ningún abusador, y lo que es más importante, donde los niños, niñas y adolescentes se sientan respetados en sus derechos y protegidos frente al abuso.

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