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Viva la tercera revolución

por 19 enero, 2012

Se incuba una nueva forma de vivir, pensar y mirar la vida, encabezada por una generación que más allá de izquierda y derecha, se caracteriza por una mentalidad –dice el autor- lateral, transparente y abierta, que se aburrió de la autoridad arbitraria, corrupta y clientelista que desprecia la meritocracia.
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La energía y las comunicaciones condicionan la civilización, su organización, distribución del comercio, la industria, el ejercicio del poder político y las relaciones sociales.

Así lo plantea Jeremy Rifkin en su reciente libro “La Tercera Revolución Industrial”, en cuyo subtítulo agrega “cómo el poder lateral está transformando la energía y la economía del mundo”.

Efectivamente, estamos frente a la posibilidad de entrar en una Tercera Revolución Industrial que puede llevarnos a reorganizar la forma en que nos relacionamos. Cambios desde la globalización a la continentalización, y desde un funcionamiento empresarial centralizado y vertical hacia uno lateral y colaborativo, pueden dar paso a un “capitalismo distribuido” emergente que comienza a sacudir los cimientos de la economía de mercado convencional, pero que pone su énfasis en lo fundamental, el individuo y su libertad.

Se incuba una nueva forma de vivir, pensar y mirar la vida, encabezada por una generación que más allá de izquierda y derecha, se caracteriza por una mentalidad –dice el autor- lateral, transparente y abierta, que se aburrió de la autoridad arbitraria, corrupta y clientelista que desprecia la meritocracia.

Señala Rifkin que puede ser una era representada por una “democratización del espíritu empresarial”, en donde fruto de la naturaleza colaborativa de la nueva economía, se favorece la lateralidad como forma de desarrollo sostenible, en la cual han de participar vecindarios, regiones, países y continentes.

Básicamente, se trata de avanzar hacia una era poscarbónica, que como bien sostiene el libro, irá escribiendo un nuevo guión político que reestructurará la forma en que los ciudadanos ven y se plantean frente a la política.

Sólo pensar en que millones de personas generen energía en sus casas, fábricas, oficinas y las compartan de barrio en barrio, de región a región creando redes energéticas verdes sin fronteras, ayudadas por los avances de la tecnología y las comunicaciones, significaría un cambio de proporciones mayores.

Se incuba una nueva forma de vivir, pensar y mirar la vida, encabezada por una generación que más allá de izquierda y derecha, se caracteriza por una mentalidad –dice el autor- lateral, transparente y abierta, que se aburrió de la autoridad arbitraria, corrupta y clientelista que desprecia la meritocracia.

Una nueva era, en que más que competir y dejar en el camino al otro en una carrera darwiniana sin ética, como se empeñan en fomentar algunos, radicaría en la cooperación y búsqueda de autonomía. Cuidado, y léase bien, no estamos hablando de redistribución estatal ni de individualismo anarco capitalista. En esencia, es un cambio en el funcionamiento del denominado “capitalismo” -que hoy más bien es un monopolio empresarial- a una sociedad dónde lo central es la libertad de la persona y las relaciones con su entorno.

La revolución tecnológica y el desarrollo de las energías renovables nos debería orientar por ese camino. Me gusta, cuando Rifkin afirma que esta nueva revolución industrial debiera modificar nuestra conciencia acerca de la relación que tenemos entre los humanos, la responsabilidad entre nosotros y un sentido de “identidad de especie” que nos permita mejorar nuestra calidad de vida.

La revolución “mundial” que vemos a diario, nos hace replantear la mirada hacia el entorno y cómo nos relacionamos, el modo de asumirlo es lo que nos dará la clave para sobrevivir y prosperar como seres humanos, más allá de las pequeñeces nacionales que debieran superarse. El punto central será, si nos estamos preparando educacionalmente, para este camino, la respuesta es un evidente no. El cómo Rifkin sugiere hacerlo, lo dejaremos para la próxima columna.

Por ahora, asumamos con nuestro autor que el siglo XXI contemplará el desplazamiento desde la energía basada en los combustibles fósiles hacia millones de pequeños productores que generarán sus propias energías renovables en viviendas y lugares de trabajo, comercializando el excedente a través de redes infoenergéticas de dominio común. Una verdadera democratización de la energía, que ciertamente cambiará la forma de organizar la vida humana. Una transformación que, siguiendo lo que fueron las dos revoluciones industriales precedentes, será fruto de la convergencia entre las comunicaciones y sistemas energéticos novedosos… una verdadera tercera revolución mundial.

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