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Chile y Perú: ¿tenemos alguna solución?

por 23 enero, 2012

Basta colocar la simple frase “relación Chile Perú” en cualquier buscador de internet, y los resultados son en su inmensa mayoría relacionados con conflictos, divergencias y acusaciones sobre determinadas acciones, o incluso, recordar algún hito positivo en la relación…algo a primera vista bastante complejo.
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Cuando se tocan tópicos relativos a la relación entre Chile y Perú, es muy usual escuchar o leer frases como “debemos superar el pasado y mirar hacia el futuro”, “dejemos los aspectos históricos que nos dividen y avancemos juntos hacia el futuro”, “tenemos más cosas en común que diferencias”, etc. Lo anterior, si bien se da mayoritariamente de voces chilenas, también se genera en buena parte de las elites peruanas. Pero dicho discurso, además de ser catalogado como de “diplomáticamente correcto”, es tendencioso y falso, no reconociendo las debilidades estructurales mismas de la relación, y sobre las cuales sería posible construir verdadera confianza mutua.

Pero además, existen dos temáticas entre chilenos y peruanos que, o bien se consideran irrelevantes, o simplemente se dejan pasar por su complejidad: establecer mecanismos para conocer la percepción mutua, y generar las condiciones para aumentar la exposición de los elementos e instancias positivas en la relación.

Con respecto al primer punto, resulta indispensable rememorar instancias de un pasado bélico, y comenzar a construir elementos en común sobre la evolución de la relación, los que si bien pueden ser diferentes, no significa que no puedan ser complementarios, dejando de lado posturas absolutistas. Es cierto, declarado por historiadores peruanos, que “el Perú se compró la Guerra del Salitre (como es conocida en aquel país)”, también es cierto que los chilenos cometieron los excesos que en toda confrontación bélica suceden. Ambas son posturas a la luz de los hechos, irrefutables. El problema comienza cuando este conflicto, que sucedió hace más de 100 años, sigue siendo el prisma sobre los cuales ambos países modelan la forma de relacionarse. ¿Cómo no va a ser posible superar aquello?

Basta colocar la simple frase “relación Chile Perú” en cualquier buscador de internet, y los resultados son en su inmensa mayoría relacionados con conflictos, divergencias y acusaciones sobre determinadas acciones, o incluso, recordar algún hito positivo en la relación…algo a primera vista bastante complejo.

Se plantean, de modo muy idealista, dos fórmulas en cuanto a mejorar la relación bilateral: que Chile debe tener con el Perú una relación similar a la que tiene con Argentina, y que se debe tomar como ejemplo lo sucedido entre Francia y Alemania post Segunda Guerra Mundial. Planteamientos totalmente errados y fuera de contexto. Los países no son iguales, y por ende, la forma de relacionarse entre ellos es única, aunque guarden algunas similitudes. Y con respecto a tomar el modelo franco-alemán, aquello, en lo teórico, estaría muy acertado, pero no se debe olvidar que su proceso de afianzamiento se comenzó a construir en los años siguientes de terminado el conflicto, y bajo el manto resolutivo e ideológico propio del contexto de la Guerra Fría. En el caso chileno-peruano, ha pasado demasiado tiempo desde la Guerra del Pacífico, y no existe el panorama que imbuía a los Estados europeos mencionados.

Ahora bien, los diversos gobiernos chilenos y peruanos han impulsado en su momento, mecanismos para mejorar cualitativamente la relación bilateral, reconociendo de plano la base negativa de la misma. Pero lastimosamente, si bien dichas iniciativas se encuentran dentro de la institucionalidad misma de la relación, sus efectos son mínimos en cuanto a trascendencia política, por no decir nulos. Por ejemplo, basta colocar la simple frase “relación Chile Perú” en cualquier buscador de internet, y los resultados son en su inmensa mayoría relacionados con conflictos, divergencias y acusaciones sobre determinadas acciones, o incluso, recordar algún hito positivo en la relación…algo a primera vista bastante complejo. Por ende, en la agenda bilateral es común minimizar los acercamientos y la construcción de una institucionalidad positiva, en favor de maximizar la negatividad de la misma.

Entonces, ¿tenemos solución al problema? Si, y sólo si, las sociedades, impulsadas por sus respectivas clases políticas, logran establecer mecanismos de verdadera confianza. La construcción de un proceso de confianza mutua parte de la base de la voluntad en superar los problemas y conocernos, tal cual como dijo en su momento el ex Presidente Alejandro Toledo, “mirándonos a los ojos, sin hipocresía”. Tener más y mejores índices de intercambio comercial, no es reflejo de tener una “mejor” relación entre ambos países, si aquello no se socializa adecuadamente, e incluso -como ha resultado entre Chile y Perú- puede resultar altamente negativo con una debida instrumentalización, generando un aumento en la desconfianza. Por lo tanto, se debe comenzar reconociendo las diferencias, buscando las similitudes, y estableciendo posturas realistas sobre “el otro”. Si no sucede lo anterior, seguiremos en el círculo vicioso que hemos estado por varias generaciones. El caso en La Haya es, entre otras cosas, un ejemplo de aquello.

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