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Concertación: ¿Quién quiere ser Presidente?

por 30 enero, 2012

Concertación: ¿Quién quiere ser Presidente?
Aunque algunos dirigentes afirmen que “no hay un plan B” si se cae la operación Michelle, lo sensato es ponerse en todos los escenarios. No hay que olvidar que la candidatura de Eduardo Frei en la última presidencial surge a partir de la negligencia de la Concertación por generar liderazgos de recambio en la eterna espera de la decisión de Ricardo Lagos y José Miguel Insulza.
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Andrés Velasco se abre a competir en una primaria con la mismísima Bachelet. José Antonio Gómez sorprende anunciando que la suya podría ser una carrera hasta la primera vuelta. Ximena Rincón no le pide permiso a nadie y anota su nombre en la lista. Claudio Orrego asume de una buena vez que el suyo es proyecto presidencial. Tomás Jocelyn-Holt rompe con la DC y es proclamado candidato del remozado ChilePrimero. En cuestión de semanas el panorama se copa de aspirantes a La Moneda en la Concertación y alrededores. ¿Será casualidad?

Una primera lectura indica que el regreso de Bachelet se ve un poco más lejano que antes. El círculo íntimo de la ex mandataria ha dado señales explícitas de que prefieren verla en las ligas mayores del concierto internacional. Anticipan que el aire en Chile está cargado, la coalición opositora desgastada y la relección no asegurada. En ese contexto, se hace imperativo levantar alternativas que requieren de tiempo antes de hacerse realmente competitivas. Aunque algunos dirigentes afirmen que “no hay un plan B” si se cae la operación Michelle, lo sensato es ponerse en todos los escenarios. No hay que olvidar que la candidatura de Eduardo Frei en la última presidencial surge a partir de la negligencia de la Concertación por generar liderazgos de recambio en la eterna espera de la decisión de Ricardo Lagos y José Miguel Insulza.

Y vaya que se requiere arrojo para desafiar la red conservadora del establishment concertacionista y su apuesta cerrada por Bachelet. Si a Gómez le llegaron unos combitos de Escalona en el riñón por encarar a Frei en una primaria trucha, imagínese las represalias que sufrirán ahora quienes se atrevan a competir con la ex Presidenta.

Una segunda lectura sugiere que los precandidatos entienden que la demanda del Chile actual pasa por copar la oferta política en lugar de apostar todo en una carta de consenso. Mientras más opciones, mejor para el electorado: la liberal, la progresista, la socialcristiana. Esta tesis llevada a sus últimas consecuencias implica utilizar la primera vuelta presidencial como la verdadera gran primaria. En qué estado queden los afectos después de la lucha fratricida es otro cuento. Los precandidatos también entienden que la ciudadanía está cansada de arreglines a puertas cerradas y está dispuesta a premiar la valentía. Y vaya que se requiere arrojo para desafiar la red conservadora del establishment concertacionista y su apuesta cerrada por Bachelet. Si a Gómez le llegaron unos combitos de Escalona en el riñón por encarar a Frei en una primaria trucha, imagínese las represalias que sufrirán ahora quienes se atrevan a competir con la ex Presidenta.

Finalmente, hay espacio para una tercera lectura. El manual de Ciencia Política enseña que el mejor predictor del voto es la propia historia electoral. Es decir, las personas tienden a votar como lo han hecho siempre. Los cambios son marginales. En ese sentido, la primera votación tiende a fidelizar a una generación con un determinado color político. El primer amor nunca se olvida. Así la Democracia Cristiana se transformó en el partido más grande de Chile después de la introducción de la cédula única a finales de los cincuenta, consolidando parte importante del voto agrario que hasta entonces estaba capturado por el cohecho. Asímismo, el plebiscito de 1988 marcó el domicilio ideológico de los jóvenes de entonces en la centroizquierda que se organizó para derrotar a Pinochet. Ahora que acabamos de aprobar una ley que incorpora más de cuatro millones de ciudadanos al universo electoral la gran pregunta es quién será el beneficiario de aquella fracción que haga efectivo su derecho a voto. El tema debería preocupar en el mismo partido que anteriormente sacó provecho del cambio de padrón. No es misterio que los adherentes falangistas envejecen. Ser joven y democratacristiano es casi una curiosidad. Si dejan pasar la próxima presidencial sin dar la pelea respectiva corren el riesgo de quedarse al margen de las nuevas alineaciones, a la espera de un largo proceso de encorvamiento como aquel que experimentaron los radicales en la segunda mitad del siglo XX. Las candidaturas de Orrego y, hasta cierto punto, de Jocelyn-Holt buscan impedir este escenario.

Nuevas cartas tiene este naipe. La liquidez del panorama político no permite aventurar cuál de todas será el “As”. Lo que queda claro es que el inmovilismo no es una opción: la única manera de averiguar cuanta agua hay en la piscina es tirándose.

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