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Piñera en el gobierno, la UDI en el poder

por 1 febrero, 2012

De ahí que la UDI, más que inquietarse por la unidad de la “coalición por el cambio” o “Alianza por Chile”, su preocupación central pasa por ver amenazada su hegemonía, teniendo al binominal como uno de los principales dispositivos de poder que la sustentan.
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La llegada de Sebastián Piñera a la presidencia de la República, planteaba algunas interrogantes respecto a la relación y el papel que desempeñaría la UDI, específicamente por la influencia y poder que ésta detenta en cuanto hegemonía ideológica, valórica y defensa del orden heredado de la dictadura cívico-militar. Pero además, por el historial de tensiones con sus socios de RN y con el propio Sebastián Piñera. Como para recordar, a raíz del “Caso Spiniak”, el entonces Presidente de RN Sebastián Piñera comentaba “…las dificultades entre los dos partidos no son nuevas. Las tuvo Ricardo Rivadeneira, primer presidente de RN, con Pablo Longueira. También Jarpa, que tuvo que quebrar el partido y expulsar a Jaime Guzmán y a Longueira. Las tuvieron Allamand, Espina e incluso Cardemil, quien en su discurso final, habló de la “bestia negra del hegemonismo” de la UDI” (noviembre de 2003).

En esa misma línea, un par de años más tarde y en plena campaña presidencial del 2005, Sebastián Piñera como candidato de RN y en un intento por marcar diferencia con su contendor Joaquín Lavín expresaba “La centroderecha tiene dos almas: una más ligada a la UDI, al pasado y al autoritarismo. Otra más ligada a RN, al futuro, más democrática, progresista y pluralista” (junio de 2005). Y el año 2007 ante la pregunta ¿Siente la falta de afecto de la UDI?, Piñera respondía, “Sí, en algunos grupos pequeños. A veces es comprensible; la UDI se había acostumbrado a ser el partido más grande Chile, el partido hegemónico dentro de la Alianza, y hoy, vive en una Alianza con mucho mayor equilibrio, tanto en las fortalezas de sus partidos, como en la fortaleza de sus liderazgos”. Tal vez, ese diagnóstico lo llevó a señalar en aquella misma entrevista que si RN y la UDI deseaban constituirse en gobierno tenían “que dar un paso al frente en materia de unidad, de lealtad y de amistad al interior de la Alianza. Al que no lo quiera dar, yo lo invito a que de un paso al costado” (octubre de 2007).

De ahí que la UDI, más que inquietarse por la unidad de la “coalición por el cambio” o “Alianza por Chile”, su preocupación central pasa por ver amenazada su hegemonía, teniendo al binominal como uno de los principales dispositivos de poder que la sustentan.

Por otra parte, el peso orgánico del gremialismo constituye una variable no menor a la hora de “copar” el aparato del Estado a contar del 2010. En otras palabras, para nadie es un misterio que al momento de volver la derecha al gobierno, era la UDI quien contaba con un amplio personal, es decir, cuadros (militantes, simpatizantes y adherentes) destinados y dispuestos a desempeñarse en las diversas esferas de la administración pública. Lo anterior, gracias a un trabajo desplegado desde los años de la dictadura y que con el tiempo logró transformar al gremialismo en el partido más grande de Chile, con una cantidad significativa de representación parlamentaria y las concernientes redes de poder que le aseguraron una preponderancia y dominio en la esfera política del país.

Es precisamente aquel trabajo, su estructura monolítica, cohesión interna, el recambio generacional, su discurso en defensa del orden establecido, la institucionalización de las redes de poder en determinados espacios físicos y sociales, lo que hoy permiten a la UDI, específicamente a sus máximos dirigentes (Novoa, Coloma, Larraín, Kast) enfrentar y desafiar sin mayores problemas hasta el propio presidente de la República. Varios son los ejemplos desde el 2010 a la fecha en los cuales se puede constatar su predominio. Cómo no recordar la designación de Jacqueline Van Rysselberghe en la Intendencia del Bío-Bío y posteriormente la fuerte defensa que realizaron los hombres del gremialismo para que no fuera destituida de su cargo. Luego, la entrada de dos hombres históricos al gobierno en calidad de ministros, como el caso de Pablo Longueira y Andrés Chadwick. La oposición al proyecto de vida en común presentado por el gobierno y ahora último, sus críticas al tema de la reforma tributaria y cambio al sistema binominal.

Por ello, el problema de fondo de esta “vieja-nueva” tensión que experimentan RN y la UDI se relaciona con el tema del poder, pero no bajo la perspectiva de la centralidad que este puede tener en el aparato estatal (sin desconocer u omitir aquello), sino desde el punto de vista de las relaciones de poder y fuerza. En otras palabras, esta disputa de poder, debe ser entendida no como una cosa puntual, sino desde el punto de vista de las relaciones que ya existen, se van tejiendo, desean mantener y acrecentar. Por lo tanto, lo importante, no es detenerse en lo factual, en el hecho mismo, ya sean las conversaciones RN-DC o en la propuesta para cambiar el binominal, sino ir más allá, analizar lo que existe o se oculta tras de aquellos acontecimientos, en las declaraciones y emplazamientos de los personeros de la UDI, en aquellas relaciones invisibles, impalpables, que se esconden en las cosas materiales.

Lo experimentado en el oficialismo en las últimas semanas, es un buen ejemplo del poder y redes que detenta la UDI, reflejado entre otros aspectos en la ofensiva comunicacional tendiente a señalar que los “problemas reales” prioritarios para la gente y los cuales preocupan a la UDI son los temas sociales y no los políticos, o bien restarle merito al acuerdo de sus “socios” de gobierno con la Democracia Cristiana. Asimismo, en las fuertes y directas declaraciones contra la conducción política del gobierno, en una clara señal de crítica al Presidente, Sebastián Piñera y al Ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter. De la misma forma, colocar en tela de juicio la mentada “unidad” de la Alianza por Chile, que a estas alturas y después de dos años de gobierno, uno se pregunta si realmente aquello se puede denominar “alianza”, “coalición”, incluso por el “cambio”.

El punto es que después de varios días de declaraciones y acusaciones a través de los medios, de reuniones entre los partidos y con personeros de gobierno, finalmente el gremialismo una vez más logró imponer su posición, reafirmando o consolidando aquella hegemonía que en las citas anteriores señalaba (criticaba) el propio Sebastián Piñera; sin embargo, fue el propio mandatario quien terminó por sumarse al coro gremialista al comentar este fin de semana: “Hay prioridades más urgentes que cambiar el binominal”.

De ahí que la UDI, más que inquietarse por la unidad de la “coalición por el cambio” o “Alianza por Chile”, su preocupación central pasa por ver amenazada su hegemonía, teniendo al binominal como uno de los principales dispositivos de poder que la sustentan; es decir, una defensa acérrima de lo construido e instituido durante más de 30 años y que como grupo (gremialismo) han logrado generalizar a otros sectores sociales y que se trasunta, no tan solo en una dirección política, cultural sobre sus “aliados”, sino también en la distribución específica del poder, jerarquía e influencia en la sociedad.

Por ahora, una vez más el poder de la UDI se ha visto reflejado no tan sólo en la imposición de su postura al interior del gobierno sino en convertir aquel poder en la mejor defensa que permite justificar el orden establecido (heredado) como bueno.

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