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sábado, 21 de abril de 2018 Actualizado a las 13:52

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Cristina y el Atlántico sur: “Nuestras islas… no militaricen el conflicto”

por 3 febrero, 2012

Cristina y el Atlántico sur: “Nuestras islas… no militaricen el conflicto”
Interesante resulta constatar que el régimen K ha ido más lejos y ampliado sus reclamos a las islas Georgia, Sandwich y Orkney (Orcadas). Todo, muy extraño. Ni siquiera los militares en 1982 se atrevieron a atacar éstas. Claro, como ahora el asunto es sólo verbal, se puede estirar el elástico mucho más. En todo caso, si las credenciales para su reclamo sobre las Falkland son débiles, para estos otros archipiélagos son aún más febles. En definitiva, ¿qué ocurrirá? Que las Falkland se van a transformar en un nuevo actor de los asuntos regionales.

¿Chiste de mal gusto, manipulación o falta de memoria histórica? No importa. El conflicto del Atlántico Sur escala y escala, pese a las obvias limitantes.

Veamos.

En primer lugar, no se necesita indagar mucho para saber quién (y cómo) inició hostilidades en 1982. Podría discutirse ahora si Londres o Buenos Aires exhiben argumentos más o menos colonialistas respecto a las islas y sus habitantes, pero decir que alguien está militarizando el conflicto, suena, a lo menos, algo desmemoriado. En segundo lugar, y quizás lo más decisivo, es que se trata de una controversia acotada a lo estrictamente verbal. El régimen K no tiene la menor opción militar por la sencilla razón que aplica desde hace años una política sostenida de desmantelamiento de sus FF.AA. y eso se refleja en que no están en condiciones de lanzar ni un paracaidista ni menos intentar un bloqueo naval de las islas; interesante sería especular qué haría K si tuviera esas capacidades. Como resultado, el conflicto se ha regionalizado y llevado a los pasillos diplomáticos de los países del Mercosur, afectados al parecer por las elevadas temperaturas en Buenos Aires en esta época del año. Todo, muy curioso.

Aunque, en realidad, nada debería sorprendernos. La postura argentina suena demasiado atractiva a oídos latinoamericanos, tanto de los quejumbrosos como de aquellos poco familiarizados con la historia, la geografía, y especialmente con la política regional, pero brillantes intelectuales (incluidos argentinos) han examinado la faceta histórica con conclusiones poco agradables para la administración K.

Podríamos hacer ficción y ponernos en el caso que Londres abandone de improviso e irresponsablemente las islas, que proceda a evacuar a sus actuales habitantes y que la Casa Rosada lance un vasto plan de poblamiento con argentinos. ¿Cuántos irían?, ¿de qué vivirían? Se necesitarían ingentes recursos para semejante proyecto, ¿de dónde pretende sacarlos el gobierno K? Y si los tuviera, ¿qué funcionario del entorno K estaría en condiciones de encabezarlo? Recordemos que los recursos fiscales andan algo escasos en la Argentina K. Una cosa sería segura de partida, el aeropuerto de Mont Pleasant no contaría con radar (si Argentina lo tuviera ya lo habría desplegado en Ezeiza).

En efecto, las mentadas islas jamás estuvieron bajo jurisdicción argentina por la obvia razón de que Argentina, en su forma actual, nació recién en 1861, después de la batalla de Pavón (cuando las provincias confederadas se rinden). Escudé nos dice “las Malvinas jamás volverán a ser argentinas, algo que parecen desconocer veteranos de guerra, un puñado de fanáticos y la clase política en pleno, porque nunca ha habido una política persistente hacia ellas”. Por su lado, Coconi es más precisa y señala que no hay datos fidedignos sobre su descubridor, que formaron parte del virreinato de La Plata (tras las bulas Inter Cateras y Dudum si Quidem de 1493), que luego de la Independencia fueron totalmente abandonadas y no tuvo autoridades hasta 1823 cuando el gobierno de Buenos Ayres dio permiso para colonizarlas (sin éxito), hasta que en 1833 los británicos tomaron posesión definitiva. La única presencia bonaerense (no argentina) se reducía al marino José María Pinedo, a bordo de la goleta Sarandí, quien al ver llegar a los británicos abandonó raudo el sector. Entonces, las credenciales históricas son, a lo menos, discutibles. Pero se podrían añadir muchas dudas más.

Por ejemplo, reclamar islas por la cercanía geográfica no calza en absoluto con las realidades del mundo. Si aceptamos tal predicamento, los franceses deberían haber devuelto hace tiempo a México la isla Clipperton (o Isla de la Pasión), ubicada cerca del Estado de Michoacán, con una riquísima fauna que encantó al mismísimo Jacques Cousteau, y reclamada como territorio mexicano por la Constitución de… 1824! (esta isla seguramente es conocida por los lectores de la colombiana Laura Restrepo). Los franceses también deberían devolver —y ya— las islas San Pedro y Miquelón (riquísimas en bacalao) y situadas a sólo 25 kms de territorio canadiense. Sin embargo, nadie sabe de alegatos canadienses mientras que los mexicanos reclamaron por última vez en 1897.

Luego, la solicitud argentina respecto a las Falkland es del todo inconsistente con su propia expansión territorial. Si lo fuera, K debería devolver las provincias de Formosa y Chaco a Paraguay, del que fueron desmembradas hace poco más de un siglo.

Por último, parece del todo extraño que los argentinos no hayan desarrollado una denominación propia para tales islas, sea en español o en mapuche o tehuelche. ¿Será necesario recordar que la palabra Malvinas es una deformación de Malouines, como la bautizaron los franceses, porque éstos intentaron, más de una vez, instalarse allí? Lamentable, pero la historiografía no recuerda un solo explorador argentino que haya hecho “soberanía” en las islas. Del único que hay registro es el brevísimo y fallido intento de Jorge Pacheco en 1823. Por lo tanto, cabe una razonable duda acerca de qué ha motivado estos dos súbitos fervores nacionalistas, el militar de 1982 y el K de 2011.

Interesante resulta constatar que el régimen K ha ido más lejos y ampliado sus reclamos a las islas Georgia, Sandwich y Orkney (Orcadas). Todo, muy extraño. Ni siquiera los militares en 1982 se atrevieron a atacar éstas. Claro, como ahora el asunto es sólo verbal, se puede estirar el elástico mucho más. En todo caso, si las credenciales para su reclamo sobre las Falkland son débiles, para estos otros archipiélagos son aún más febles. En definitiva, ¿qué ocurrirá? Que las Falkland se van a transformar en un nuevo actor de los asuntos regionales.

En lo político, Gran Bretaña está apostando fuerte por América Latina. El canciller Hague visitó Brasil, anunció el fomento al comercio con ese país, México y Colombia (los con más habitantes de la región) y ordenó reabrir la embajada en El Salvador. El príncipe Harry visitará próximamente la Comunidad de países anglófonos del Caribe y pasará luego a Salvador de Bahía, en Brasil, a inaugurar un nuevo consulado británico. Anunció un Libro Blanco, que delineará la política hacia sus posesiones en ultramar y dio un mega-caramelo a Brasil: Londres apoyará su demanda de ingresar al Consejo de Seguridad de la ONU. Por su lado, Guillermo está llegando a Mont Pleasant.

Londres sabe las cartas que juega. El actual gobernador de las islas, Nigel Haywood viene de desempeñarse como cónsul en el puerto de Basora, Irak, que, como recordarán los agudos lectores, fue la ciudad a cargo de los británicos tras el derrocamiento de Saddam Hussein. No pareciera ser precisamente un hombre blando ante los desafíos. O sea, con recorte presupuestario, o sin recorte, la decisión política de Londres parece tomada. El envío del destructor HMS Dauntless, dotado de misiles teleguiados, es, en tal contexto, una señal.

En el intertanto se ha encontrado importantes yacimientos de petróleo en las aguas del archipiélago. Empresas británicas como Rockhopper o Borders&Southerns y estadounidenses como Noble, Hess (¿qué raro, no?) ya se han asociado. Es cosa de tiempo (breve) para que grandes tanqueros empiecen a surcar por costas sudamericanas llevando petróleo desde las islas. ¿Persistirá para entonces el bloqueo que ahora procura Argentina? Es raro que los tomadores de decisión de países del Cono Sur no se hayan percatado que BHP Billiton, con ingentes inversiones en esos países, también está explorando de forma intensiva las aguas en torno a estas islas.

Luego —adivine buen adivinador— ¿cómo resolverá el mercado la falencia de vuelos? Como solución momentánea ya se optó por acelerar el reacondicionamiento del aeropuerto en la isla Santa Helena (que tiene estrechos vínculos con las Falkland ya que 400 habitantes de esa isla trabajan allá como temporeros). Los espacios vacíos suelen ser llenados rápido y con imaginación.

Dado el tiempo transcurrido, parece lógico aceptar la validez de la autodeterminación (aunque sea parcialmente) por ser un principio demasiado válido en el  mundo de hoy. Y porque en la actualidad se suele escuchar mucho a las comunidades chicas. Puestas así las cosas, existen razonables dudas si algunos de los 4 mil kelpers estarán dispuestos a vivir bajo jurisdicción argentina. ¿Cambiar el five o´clock tea por un mate? El nivel de vida y márgenes de democracia, serían algunas de las consideraciones que estarían sobre la mesa de cada hogar kelper.

Aún más. Podríamos hacer ficción y ponernos en el caso que Londres abandone de improviso e irresponsablemente las islas, que proceda a evacuar a sus actuales habitantes y que la Casa Rosada lance un vasto plan de poblamiento con argentinos. ¿Cuántos irían?, ¿de qué vivirían? Dada la experiencia en otras latitudes, se necesitarían ingentes recursos para semejante proyecto, ¿de dónde pretende sacarlos el gobierno K? Y si los tuviera, ¿qué funcionario del entorno K estaría en condiciones de encabezarlo? Recordemos que los recursos fiscales andan algo escasos en la Argentina K. Una cosa sería segura de partida, el aeropuerto de Mont Pleasant no contaría con radar (si Argentina lo tuviera ya lo habría desplegado en Ezeiza). ¡Qué dura es la realidad!

Con este cuadro, parece a lo menos extraña la actitud tomada por los países del Mercosur. Mostrarse solidario con un fervor nacionalista peligrosamente cercano al que tuvieron Viola y Videla, es curioso. Un reclamo sin mayor base y, peor aún, fuera de lo que indica la correlación de fuerzas, sólo es indicativo de la gran capacidad prestidigitadora de los políticos argentinos. Interesante será aguardar los pretextos que irán desgranando los países del Mercosur para salir del embrollo.

¿Torpezas o simple hamartia?

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