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Lagos: pensando el modelo chileno

por 4 febrero, 2012

Queda pendiente el debate sobre la afirmación de que gobiernos de centro izquierda impulsaron políticas de centro derecha. Siguiendo la argumentación, ¿gobiernos de izquierda debieran centrarse en la redistribución más que en el crecimiento, o en un equilibrio entre ambos? Para lo primero se necesitan mayorías políticas que según el ex Presidente Lagos, la Concertación no tuvo.
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En una columna de hace unas semanas Carlos Huneeus y Cristóbal Huneeus plantearon una crítica a los argumentos del ex presidente Ricardo Lagos respecto a las causas de las movilizaciones estudiantiles y el momento político, económico y social que vivió Chile el año pasado.

La columna recién señalada y las sendas entrevistas realizadas al ex Presidente Lagos sobre las cuales se basa dicha columna son un punto de partida interesante para poder discutir algunas ideas. Resulta atractivo además hacer dialogar visiones que vienen desde trincheras opuestas: una desde la academia como la de Carlos y Cristóbal Huneeus, y la otra desde la política, como la del ex presidente Lagos. Ambas miradas que contribuyen a la reflexión sobre las opciones políticas del modelo chileno de los últimos 20 años y que hoy parece tensionarse como nunca antes desde su instalación en democracia.

Mirar el pasado reciente para discutir, y probablemente no acordar, las luces y sombras del modelo chileno, como cualquier análisis de la realidad, selecciona alguno elementos y deja de lado otros. En este caso, la mirada de los autores se centró, desde la perspectiva general, en la relación de los empresarios con la administración Lagos y como esto fue la expresión del privilegio del crecimiento como estrategia central del modelo chileno, por sobre otros aspectos como la distribución y la desigualdad. También se criticó la posición del ex presidente en uno de los aspectos claves del modelo, el sistema electoral, que determina como es representado el electorado y de última, quiénes son los elegidos para aprobar políticas públicas en el Congreso. Se valora la agencia pero menos la estructura y el contexto. Enfoque de análisis aplicable a las otras administraciones de la Concertación con el fin de comparar y conocer la variación entre un Presidente y otro.

Por otro lado, el ex Presidente Lagos centra su análisis en explicar por qué se privilegiaron ciertas políticas por sobre otras desde una perspectiva incrementalista del cambio social. Destaca la valoración del crecimiento económico como aspecto fundamental para generar mayor bienestar en la sociedad. Desde su perspectiva no hay oposición entre crecimiento y distribución, lo que falló, desde su perspectiva en el caso de Chile, es la mayoría política representativa para lo segundo. Como resulta obvio, su mirada y análisis es la de un actor político que explica opciones políticas y estratégicas, al fin de cuentas, su paso a la historia. Historia que por cierto, falta por desmenuzar. Causalidad y mecanismos de los procesos sociales es tarea de los cientistas sociales.

Ahora bien, la discusión ciudadana y de las elites académicas y políticas a partir de las movilizaciones estudiantiles, se ha centrado en las debilidades del modelo chileno respeto a criterios que hoy día vemos como especialmente relevantes a partir de éstas. Mayor democracia, igualdad, regulación de los mercados, son temas que si bien han estado presentes desde los noventa, explotan hoy en la agenda pública. El malestar con los beneficios del crecimiento repartidos de manera injusta  y la incapacidad de la elite política para canalizar ese malestar en decisiones y opciones de política pública orientadas al sentir ciudadano por una mayor igualdad, se expresan constantemente en las encuestas más recientes.  Malestar con los políticos y la política que, por cierto, no es exclusivo del caso chileno.

Las movilizaciones nos recuerdan que el modelo chileno, aquellas políticas que combinan, desde la perspectiva de las políticas públicas, cierto rol del mercado y el Estado y los equilibrios de poder establecidos a través de arreglos político institucionales, tiene luces y sombras. Las luces saltan a la vista, y desde una perspectiva comparada, sitúan a Chile como un país que destaca por políticas que se han traducido en un mayor bienestar general de la población. Chile está mejor ahora que hace 20 años. Las sombras son las que se discuten, y son necesarias de discutir, para poder generar nuevos acuerdos políticos que se traduzcan en políticas mayoritarias, aspecto que no ha permitido nuestro sistema electoral.  Esas sombras se centran en una de las principales debilidades históricas de los diferentes modelos aplicados en Chile, la desigualdad; en las consecuencias negativas de la aplicación del mercado a los diferentes ámbitos de la vida social sin tener un Estado que regule el abuso excesivo del lucro; y, en temas de la calidad de nuestra democracia, en términos de representación de los diversos intereses de la sociedad.

Para poder analizar entonces un cierto modelo como el chileno se puede tomar una vía, como la que mencionan Carlos y Cristóbal Huneeus, que es considerar un factor o aspecto particular o varios factores, que en mi opinión, permiten tener una mirada más completa de fenómenos tan complejos como el gobernar. Existen factores estructurales, históricos y de agencia que explican los gobiernos y las decisiones de los gobernantes. Los autores se centran especialmente en el  último, es decir, la decisión presidencial.

En mi opinión para analizar estos temas es necesario considerar tres aspectos: la combinación de políticas económicas y sociales que caracteriza el modelo; las instituciones políticas y; todo aquel otro conjunto, que muchas veces es difícil de “medir” que se relaciona con las características sociales y culturales de una época, en este caso la transición.

En ese sentido, para pensar el modelo chileno (que implica considerar, en materia política, lo que se ha denominado ciclo) es necesario, en mi opinión, mirar los cuatro gobiernos de la Concertación. El gobierno de Patricio Aylwin no se entiende sin la dictadura militar (digo dictadura y no régimen militar), el del Presidente Eduardo Frei sin Aylwin y así sucesivamente. Los cuatro gobiernos de la Concertación hicieron una combinación de políticas económicas y sociales, con variaciones que quedan por analizar en detalle, entre políticas neoliberales (ocupando el concepto académico) y políticas sociales tendientes a garantizar el crecimiento económico y la inclusión social. La literatura sobre políticas sociales sugiere que la Concertación primero recuperó la oferta pública de servicios sociales (deteriorados durante la dictadura) e introdujo innovación en la introducción de programas orientadas a los sectores más pobres (Larrañaga, 2010).

El modelo chileno en democracia fue probado en el primer gobierno de la Concertación. Su éxito (en términos de gobernabilidad) generó los incentivos políticos para su mantención, a pesar de sus debilidades, que hoy se nos hacen tan evidentes. Podemos discutir el balance, cuan redistributivo fue, el modelo de gobernabilidad de la coalición, la debilidad de los partidos en un sistema en que son tan importantes, pero no omitir que se diseñaron políticas sociales que a los ojos de hoy nos parecen insuficientes. Como coalición de gobierno, y como proyecto político, la Concertación fue capaz de generar crecimiento, empleo, de reducir de la pobreza, incrementar la infraestructura y servicios estatales, de distribuir vía gasto social, de ampliar las libertades culturales, pero no de distribuir por la vía de los ingresos, y es esa una de las sombras que hoy la golpea y golpea la situación de vida de muchos chilenos.

Queda a los cientistas sociales e historiadores analizar los factores estructurales, de contexto y de agencia que explican la causalidad y los mecanismos que configuraron las opciones de política y los arreglos de poder que han configurado el Chile reciente y su variación desde el retorno a la democracia, y cómo éstos se tradujeron en políticas (policy outcomes).

Particularmente, en lo que toca al gobierno de Ricardo Lagos, eje central de la columna de estos autores, éste tuvo que sortear la crisis económica, manteniendo el empleo y crecimiento. Pero también implicó el diseño de otras políticas orientadas a mejorar la calidad de vida de las personas, como el AUGE, Chile Solidario, el Seguro de Desempleo, entre otros. Es cierto que hubo relaciones con los empresarios, como no si el modelo así lo sostiene, pero con los grandes y los medianos también (por ejemplo, el ex Presidente Lagos desarrolló políticas específicas para ir en apoyo del sector en el contexto de la crisis económica de principios del 2000), así como con otros actores de la sociedad. En cuanto a  las instituciones políticas, la administración Lagos propuso desde el comienzo la necesidad de una reforma profunda a la Constitución en un conjunto de temas en los que se incluyó el binominal. Aciertan los autores en que el ex Presidente Lagos planteó el voto voluntario, aspecto que ha reconocido como equivocado. Respecto a los otros ámbitos del modelo, la administración Lagos se preocupó de avanzar en los temas de la transición como las relaciones cívico- militares y los derechos humanos.

Queda pendiente el debate sobre la afirmación de que gobiernos de centro izquierda impulsaron políticas de centro derecha. Siguiendo la argumentación, ¿gobiernos de izquierda debieran centrarse en la redistribución más que en el crecimiento, o en un equilibrio entre ambos? Para lo primero se necesitan mayorías políticas que según el ex Presidente Lagos, la Concertación no tuvo. Analizar la experiencia comparada en América Latina puede ser una buena manera de traer luces al debate sobre las diferentes opciones entre crecimiento y redistribución y acerca de las mejores opciones para mejorar las condiciones de vida de las personas. Por su parte, a los políticos les resta, entre otras cosas, generar nuevos vínculos con la ciudadanía que les permita liderar nuevos proyectos políticos en que las demandas ciudadanas estén incorporadas y se consoliden mayorías políticas y representativas que permitan avanzar mas rápidamente en una mejor redistribución del bienestar.

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