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La abdicación de Piñera

por 6 febrero, 2012

Ojalá los partidos asuman el vacío de poder para avanzar, y que una mezcla de demócratas realicen los cambios (desde conservadores compasivos, social cristianos reformistas, socialistas democráticos y progresistas de diversa índole). Es de esperar que Escalona no se una a Jovino Novoa con el argumento que el semiparlamentarismo y el regionalismo destruirán “el Estado, el orden y la Nación”.
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Piñera debió celebrar el acuerdo RN-DC para realizar cambios sustanciales al régimen político. Precisemos que la propuesta RN-DC es más bien una “apertura” a lo que desde el progresismo se ha venido planteando desde hace dos décadas en diversos sectores disidentes de la centro izquierda. No es nuevo, lo nuevo es que por primera vez lo oficializan las direcciones de la DC y RN.

Hay que valorar la posibilidad de las reformas que oxigenen un sistema político y social agotado (mundo social, indígenas, regiones, minorías, ecologistas, tendrían más participación). No es menor lo que se sugiere, aunque desde el neo-portalianismo se le acuse de insuficiente, de mera pirotecnia, de oscuro origen conservador, y otras descalificaciones del país chaquetero que parece no querer ir a construir espacios de consensos sustantivos.

Ojalá los partidos asuman el vacío de poder para avanzar, y que una mezcla de demócratas realicen los cambios (desde conservadores compasivos, social cristianos reformistas, socialistas democráticos y progresistas de diversa índole). Es de esperar que Escalona no se una a Jovino Novoa con el argumento que el semiparlamentarismo y el regionalismo destruirán “el Estado, el orden y la Nación”.

No es sólo el cambio del binominal, es la posibilidad de innovar en América Latina contra su lacra de presidencialismo megalomaníaco que concentra el poder y “encarna la Nación” (de la derecha a la izquierda, con toda la gama de habladores largos). El sistema semipresidencial (creación de Mitterand en la centralista Francia) mantiene la figura presidencial con mandato claro, pero crea el primer ministro que requiere mayoría en el Congreso, obligando a los partidos a crear coaliciones programáticas y no de la mera amenaza y convivencia agresiva del binominal. Además, permitiría elegir presidentes regionales distintos al intendente delegado, dinamizando los territorios que bostezan.

Pero a Piñera lo atrapó la UDI como un abrazo del oso soviético, el apparatik de los coroneles, de los apegados a la constitución rígida, los guardianes de la ortodoxia, los de la homogeneidad y la idea de nación decimonónica. El brazo militarista del gremialismo, los que perseguían opositores desde las secretarías de los gremios o la juventud, parecen imponerse en el tate quieto.

Ceguera de Piñera, que quedará en la intranscendencia y será absorbido por el nuevo ciclo electoral con su 30% de popularidad, pudiendo ser un moderno Presidente José Joaquín Pérez (1861-71), que lideró un proceso profundo de reconciliación nacional, realizó reformas claves a la pétrea Constitución de 1833, y puso a la educación y la dispersión del poder ejecutivo en otros como centro (perdonó a los regionalistas Mattas y Gallos, integró al rancagüino José Victorino  Lastarria con su preocupación por la educación pública, a Vicuña Mackena, entre muchos liberales). Todo ello, tras los treinta años de los decenios (1831-1861) de los presidentes autoritarios del régimen portaliano (restricción a las libertades, fin de las asambleas provinciales, supresión de los municipios, apresamiento de los pipiolos-federalistas-liberales el 1831, 1840,1851 y 1859).

Los fantasmas de que la propuesta encierra un posible acuerdo político de más largo plazo son especulaciones sin valor, ya que en la práctica, con el sistema binominal, una eventual alianza DC-RN como “nuevo centro), les podría reportar éxitos electorales relevantes en muchos distritos, aislando a la UDI o ganándole a la dispersión de la izquierda. Por tanto, es una mirada corta, sugerir operaciones de más largo plazo. Si Gutemberg Martínez-Ignacio Walker y Francisco Chahuán-Carlos Larraín, construyeron un espacio de apertura política al escuchar el clamor de la calle y la crítica social (aunque no se reconozca), es hora de construir el acuerdo. Si Piñera abdica de lo mismo, como todo indica, ojalá los partidos asuman el vacío de poder para avanzar, y que una mezcla de demócratas realicen los cambios (desde conservadores compasivos, social cristianos reformistas, socialistas democráticos y progresistas de diversa índole). Es de esperar que Escalona no se una a Jovino Novoa con el argumento que el semiparlamentarismo y el regionalismo destruirán “el Estado, el orden y la Nación”.

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