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Nuevamente el dólar y los exportadores

por 7 febrero, 2012

Las políticas públicas deberían poner más atención en las empresas pequeñas y medianas, en los pequeños productores, en los prestadores de servicios, para así generar un desarrollo económico mas balanceado, descentralizado, y menos dependiente de la captura empresarial de las multinacionales que operan en el sector exportador.
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Ciertamente en estas últimas semanas el sesgo bajista de la divisa ha preocupado al sector exportador no cobre.

Dado el escenario de menor crecimiento relativo para el 2012 de la economía chilena (3,5%-4,0%), la reducción esperada en la tasa de instancia del Banco Central, y la leve mejoría de la economía norteamericana, hacen preveer a mediano plazo presiones más bien alzistas en el tipo de cambio, lo que favorecería al sector exportador en especial a las grandes empresas que operan en este sector.

Pero en la actual coyuntura las grandes empresas del sector exportador reclaman una intervención cambiaria como “si ésta fuera gratis”. A la ya consumada compra masiva de 12 mil millones de dólares en reservas por el Banco Central (recién finalizada), no es factible otra forma similar de intervención, porque aún la inflación está en un rango alto (sobre el 4% anual con una tendencia natural a la baja en los próximos meses). Además genera un déficit operacional porque los activos en dólares depositados rentan menos que los pasivos para operaciones de mercado abierto del Banco Central.

A las ya conocidas recomendaciones del Boston Consulting Group, del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad y de la Política de Clusters, para incrementar la productividad del sector exportador (y así no depender tanto de la variable cambiaria), se adiciona la interrogante de qué acontece al interior del tejido industrial exportador.

Las políticas públicas deberían poner más atención en las empresas pequeñas y medianas, en los pequeños productores, en los prestadores de servicios, para así generar un desarrollo económico mas balanceado, descentralizado, y menos dependiente de la captura empresarial de las multinacionales que operan en el sector exportador.

A los altos niveles de concentración en variados rubros con fuerte presencia internacional, en particular el agroindustrial (horto-frutícola), lácteo y otros sectores intensivos en recursos naturales, es lógico preguntarse cómo es la relación contractual entre estos grandes poderes compradores-contratadores y las PYMES Y MICRO-FIRMAS de estas regiones: desde la industria auxiliar que presta servicios y genera empleo indirecto, hasta los pequeños productores no asociados y que no pueden vender por su cuenta su producción en los mercado externos. Cabe preguntarse ¿cómo son las condiciones de plazo para los pagos, de asistencia técnica, de precios justos?

Estas desiguales condiciones afectan la capacidad de innovar y de mejorar procesos en las firmas más bien pequeñas, porque una proporción mayor del excedente económico es absorbida por estas grandes empresas.

Ciertamente, cualquier intervención cambiaria a futuro por el Banco Central debería ya incluir los efectos en el tejido industrial exportador. Este no es un juego al estilo “win-win” (donde todos ganan), porque los beneficios y costos de tal intervención cambiaria se reparten de manera  asimétrica en la sociedad. Así, habría que verificar si las grandes empresas traspasarán las ganancias cambiarias (si es que existiera intervención) a los eslabones más débiles de la cadena productiva. Sobre todo si tales intervenciones tienen un alto costo en aceleración de inflación en especial para los segmentos más vulnerables.

El mejoramiento (“upgrade”) de la industria exportadora no debería esperar en la variable cambiaria la solución a todos sus lamentos. En particular, en una economía pequeña y extremadamente abierta como la chilena, los grados de control sobre variables financieras claves, se diluyen (“son los costos del modelo”, sic).

Las políticas públicas deberían poner más  atención en las empresas pequeñas y medianas, en los pequeños productores, en los prestadores de servicios, para así generar un desarrollo económico mas balanceado, descentralizado, y menos dependiente de la captura empresarial de las multinacionales que operan en el sector exportador.

En la misma línea de “bajar la política pública” a las realidades locales y regionales, CORFO, declaró hace pocos días que no sólo están ya interesados en los emprendimientos estilo start-up, en la línea de lo que se hace en Silicon Valley. También manifiestan nuevas preferencias, que deberían haber sido establecidas más claramente al principio del gobierno.

“También hay un objetivo más ambicioso y que la entidad (CORFO) reconoce haber descuidado en el último tiempo: implementar programas que apoyen a aquellas pequeñas y medianas empresas (PYMES), cuyo foco en el corto y mediano plazo sea crecer y desarrollarse únicamente en el mercado doméstico, potenciando nichos que generen nuevos puestos de trabajo y otorguen dinamismo a la economía local”.

Por último, hay que dejar establecido que el financiamiento a este tipo de empresas existe hace bastantes años por de parte CORFO, y su presupuesto se ha ido incrementando a lo largo del tiempo. Pero el cambio de la política pública que debiera hacerse, es en el foco e intensidad con lo que la autoridad diagnostica un nuevo escenario base.

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